En Costa Rica es poco sorpresiva la llegada de alguna marca hotelera global, en especial en los sitios turísticos de más movimiento como la costa guanacasteca.
Este tipo de negocios suelen ocurrir con inversiones nuevas, es decir la construcción de una infraestructura desde cero pero también por medio de la adquisición o convenios con propietarios de inmuebles existentes.
En febrero pasado se dio a conocer un negocio de este tipo: una cadena de hoteles anunció su llegada a Costa Rica con la compra de un inmueble en funcionamiento.
Las diferencias en este caso consisten en que la operación fue encabezada por una empresa peruana que solo tenía instalaciones en ese país suramericano y que ahora se involucraba a una sede en La Virgen de Sarapiquí, en Heredia.
Además, se trata de la primera operación internacional del grupo de hoteles Aranwa los cuales, aunque tienen cinco localidades en Perú y experiencia en el sector turístico, no habían aún salido de sus fronteras.
Junto con estas existen otras diferencias más sutiles en la transacción: la zona donde se encuentra el hotel aunque se puede denominar turística, no es de visitación masiva; y que los servicios que se ofrecen están más vinculados con disfrutar el entorno natural y no tanto con el lujo en las habitaciones, múltiples piscinas, un gimnasio altamente equipado o varios restaurantes dentro de un mismo complejo.
Pese a que los cambios ocurrieron a lo largo de varios meses, fue hasta febrero pasado que Aranwa hizo pública su llegada a Costa Rica con una inversión inicial que sumó el $1 millón.
¿Qué compró Aranwa?
El negocio fue por lo que antes era el Sarapiquí Rainforest Lodge, que está ubicado a unos kilómetros de Puerto Viejo, en la ruta 126 y al lado de la Reserva La Tirimbina. Justo donde podría ser su patio está el cauce del Río Sarapiquí, que es un destino frecuente para la práctica del rafting.
El lugar tiene un total de 40 habitaciones que están agrupadas dentro de cinco palenques que imitan las antiguas construcciones indígenas: circulares y con techo de paja en forma cónica.
El hotel carece de edificaciones en concreto que sobresalgan entre los árboles de la propiedad, por lo que el visitante no encontrará algo superior a los tres pisos.
Aranwa Sarapiquí, que es el nombre actual del hotel, tiene una pequeña calzada desde la entrada hasta la recepción, donde hay una rotonda. En ese edificio principal también se ubica el restaurante Encuentros, que ofrece dos ambientes.
Justo después se encuentra la piscina y una vista al bosque.
Las instalaciones adicionales son senderos por el jardín, un acceso al río y un sitio bajo techo con sillas, que se habilitó recientemente para la observación de aves; sin embargo, este tiene trampa: a los animales se les pone fruta para que se acerquen por alimento.
Lo anterior no elimina lo relajante que puede ser sentarse por varios minutos a observar y escuchar diferentes aves y por eso hay quienes se instalan con sus equipos fotográficos para aprovechar la cercanía de los especímenes.
Otro de los activos es el restaurante, aunque en él se empiezan a ver los cambios: con la llegada de Aranwa se aprovechó para transformar el sitio en uno que ofrezca platillos peruanos, junto algunos más tradicionales o hasta locales.
Para eso la empresa trajo consigo al chef Julio Torres, quien introdujo platos de su país y adaptó esa cocina con ingredientes de la localidad, aunque más por necesidad que por gusto: Aranwa reconoció que le ha costado conseguir el ají peruano.
Quizás el principal atractivo de este sitio y que el hotel seguirá promocionando, es el estar al lado del refugio de vida silvestre privado La Tirimbina: el recinto tiene comunicación interna y los turistas pueden acceder a él sin tener que ir a la vía pública.
La Tirimbina es un sitio de ecoturismo que ofrece tour de aves, caminatas diurnas, vespertinas, nocturnas y tour de chocolate, entre otras atracciones, a las que Aranwa suministra visitantes.
Detrás de la compra
Gonzalo Calderón, director ejecutivo (CEO) de la cadena Aranwa, detalló que la adquisición fue el resultado del proceso de internacionalización planteado por la empresa y al mismo tiempo una oportunidad de negocio al encontrar que los antiguos propietarios estaban interesados en vender. Ellos son Jean Pierre Knockaerd y Ana Yancy Araya.
Sus objetivos son el aprovechar mejor las estaciones y obtener ingresos constantes por la diversificación pues, según Calderón, en Perú hay dos periodos principales con el verano en la costa a inicios de cada año y otro de junio a agosto, en el que hay más actividad en la parte sur.
Dentro de la oportunidad también está el que se trataba de un destino y una empresa que promovía el turismo sostenible, además de que no había que generar el interés en el turista pues ya el trabajo de reputación estaba hecho, agregó Calderón.
Finalmente, el director reconoció que a la inversión inicial ya han agregado un 20% extra ($200.000) en otras obras. Por ejemplo, están en el proceso de instalar puertas automáticas en las entradas de los palenques de las habitaciones.
El ejecutivo también detalló que en el corto plazo les interesa mantener la calificación de ecolodge al hotel, seguir con inversiones de mejora de las instalaciones y promocionar el espacio entre posibles turistas peruanos, estadounidenses y europeos.
Precisamente la gerenta del hotel, Claudia Ortega, detalló que el perfil del turista que los visita es de personas adultas, europeos mayores de 50 años y muy interesados en observar la fauna.
Ortega, quien tiene 16 años de laborar en ese hotel, destacó que con la llegada de Aranwa se hicieron mejoras como la renovación completa de la cocina, la recepción y en las habitaciones. No obstante, las operaciones se mantuvieron sin interrupciones junto con el resto de los atractivos que ofrecen en alianza con proveedores externos, manteniendo el modelo seguido por años.
Por el enfoque del lugar, uno de los espacios que sería natural para este destino sería un spa, un centro de masajes o sauna. Así lo reconoció Ortega, pues explicó que parte de lo que desean promocionar es el turismo enfocado en la búsqueda de bienestar.
Sin embargo, la gerenta dijo que se encuentran en el proceso de mejorar lo que ya tienen y desarrollar el proyecto de un huerto para consumo propio del restaurante, el cual tiene 400 metros cuadrados para cultivos y 50 metros bajo techo, pues ese espacio que ahora lidera Torres está en la vía de consolidarse.
Para Aranwa tener cocina peruana es un atractivo prácticamente único en la zona pero también es un riesgo, especialmente para quienes tengan la expectativa de encontrar comida tradicional de Costa Rica.
Al respecto, tanto Ortega como Torres consideran que tienen que ofrecer un menú combinado o de fusión entre comida costarricense y peruana.