El estoicismo nos invita a releer a pensadores como Séneca, quien lograba comprender en profundidad las pasiones humanas. De su obra Sobre la Ira sintetizo ocho defectos y sus remedios.
1. Descontrol. Séneca considera que la ira es “pura agitación, violencia, deseo de agredir, de herir, de atormentar, de dañar al prójimo, incluso a expensas del bien propio”. Es una especie de locura pasajera porque, al igual que el demente, “el iracundo es incapaz de controlarse”. Para no sucumbir, debemos recordar lo que conviene, reconocer los afectos, no obsesionarnos con los resultados y escuchar buenos consejos.
2. Debilidad. La ira nos impide moderar nuestros arrebatos, como quienes “desprecian a los mentirosos, pero nunca dicen la verdad; otros calumnian al vecino, pero se ofenden cuando los calumnian”. Llevado al ámbito profesional y de los negocios, comienza por la humildad: reconocer que tenemos un lado oscuro en nuestras vidas y que también cometemos los mismos errores.
3. Juzgar. La ira le da cabida en el espíritu a la suspicacia y la conjetura, ya que los rumores “de pasillo” son fantasmas y se alimentan de nuestros miedos. El remedio aquí es la confianza, que se construye sobre la realidad y permite borrar las sospechas, con frecuencia infundadas por la imaginación: repréndete a ti mismo, pues así te acostumbrarás a no dar crédito a lo que no lo merece. Por eso, Séneca propone evitar murmurar: “¿Qué le da a nadie el derecho a juzgar a los demás?”.
4. Enfados. Para Séneca, dar un peso desproporcionado a situaciones que no lo ameritan es motivo de enfados. Aunque un retraso o un mal servicio al cliente puede encolerizarnos, objetivamente es irrelevante. Solo al enfermizo le molesta la brisa; solo al cegato lo deslumbran los colores; solo al holgazán le duele la espalda por el trabajo ajeno. El remedio a la ira es la ecuanimidad, que se consigue cultivando valores como el liderazgo compasivo, la generosidad y la justicia, y así vencer la indignación ante las nimiedades.
5. Motivos. Uno de los motivos que despiertan la ira son las cosas que sí pueden afectarnos. Por ejemplo, cosas como los libros que tiramos a la basura por tener la letra demasiado pequeña o demasiadas erratas, o la ropa que rompemos porque no nos sienta bien. No tiene caso descargar el furor contra objetos inanimados –el celular, la velocidad de la nube–, eso es propio de mentes perturbadas.
6. Presunción. Otra causa de la ira son las situaciones que sí pueden afectarnos. Tal es el caso de conductas reprochables, como presumir siempre de inocencia, sobre todo cuando nos reprenden o nos dan feedback: esa actitud es propia de la arrogancia y la obstinación. Piensa que unas veces la gente no pretende causarte mal sino devolvértelo, otras te lo causan en tu beneficio, otras lo hacen obligados y otras sin darse cuenta”. Es mejor ser amigos de la verdad que de la adulación.
7. Venganza. La venganza, por muy justa que nos parezca, es un acto de cobardía que empequeñece el espíritu. Pelear con un igual es un asunto incierto; con un superior, una locura, y con un inferior, una mezquindad. A veces, la mejor estrategia es fingir que nada malo ha sucedido. Es más útil mantener la cordura y expresar alegría, pues si notan que han logrado humillarte, tratarán de hacerlo de nuevo.
8. Impaciencia. Para el estoico los primeros impulsos de la ira son muy intensos, pero, si la haces esperar, lo más seguro es que se calme. Y no trates de deshacerte de ella de un tirón. Atácala por partes y la derrotarás. La solución por antonomasia contra los arrebatos de cólera es la demora que desinflama las pasiones y permite recobrar el buen juicio. Por ejemplo, no enviar un email mientras estemos enojados.

Aplicar estos consejos en la vida personal y profesional, así como en la esfera política, puede ayudar a gestionar mejor la ira. Es necesario conocernos mejor, abrazar pensamientos y emociones más positivas, ser bondadosos y practicar la empatía. ¡Cuántos deteriora la ira la salud de ejecutivos y políticos! Aunque es deseable una vida tranquila, que reine la calma no quiere decir que no haya peligro: es solo que está durmiendo. Acepta que siempre va a haber algo que te enoje.
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El autor es administrador y especialista en cultura organizacional.