La aplicación de la Mecánica Cuántica deriva del estudio de la materia en una concepción subatómica, es decir, desde su observancia más reducida posible y evidenciable, permitiendo precisar los comportamientos y relaciones que tienen las partículas para consigo mismas, el entorno, la masa y sus relaciones de energía. Este abordaje refiere estrictamente a una connotación de índole fenomenológica, con la cual se pretenden explicar los fenómenos que pudiesen dar respuestas a la materialidad del universo observable.
Ahora bien, aunque su objeto de estudio parece ser estrictamente técnico y físico, esto no implica que no pueda extrapolarse la Mecánica Cuántica a otras ramas del conocimiento tales como la conducta humana, la matemática, las finanzas, o bien la economía, permitiendo así la aplicación analógica y práctica de los preceptos cuánticos hacia eventos que, aunque no derivan de una relación de energía y fuerza, claramente son constituidos de micro fenómenos que, perfectamente pueden ser explicados a la luz de su abordaje desde una óptica cuántica.
En esta vía surgen las denominadas Finanzas Cuánticas, rama que busca la conjunción del método de análisis de los eventos financieros, pero con el uso de los algoritmos que devienen de la Mecánica Cuántica. En este punto surge un principio o axioma elemental de esta ciencia, conocido como el principio de incertidumbre, que señala que una partícula puede comportarse como función de onda, es decir, con múltiples sucesiones de hechos, o bien, puede ser observada y obligada a manifestarse como un corpúsculo, implicando que solamente puede saberse la velocidad, o bien, la posición de una partícula en el espacio—tiempo, especialmente porque al momento de presentarse un observador, la partícula queda sujeta al concepto de colapso de onda, generando así el punto específico de su observancia, y perdiéndose la posibilidad de cuantificación de su velocidad.
Al analizar el precepto anterior, puede determinarse que su eventual uso puede ser vinculado a variables materiales y observables en fenómenos económicos, pues en esencia, estos son derivados de la convergencia de eventos que son basados en la interacción de partículas informativas, generando así el concepto del dato cuántico financiero, que refiere a la información de carácter infinitesimal que no pueda ser observable bajo mediciones tradicionales, pero que es evidenciable e influenciable con algoritmos cuánticos. En esta línea, cabe señalar que su uso es dado para temas tales como los valores futuros, las tasas de interés, y claro está, el tipo de cambio, variable que puede definirse como una función de onda posible y eventual, así como un punto fijo evaluado y determinado, cumpliendo con el principio de función de onda y de incertidumbre.
Puede entonces determinarse que al analizar el tipo de cambio en una función de onda, este presenta valores alternos y variables en el espacio—tiempo, los cuales responden a densidades y velocidades de cambio, señalando que su comportamiento debe ser natural, y de no manipularse, su velocidad de permuta final debe ser similar al factor de su masa por la energía, conceptos que aunque parecen ser complejos, simplemente señalan que esta onda de posibles y eventuales tipos de cambio debería tener un orden lógico en su velocidad de cambio, no debiendo verse afectada por factores extraños que no forman parte de su funcionamiento.
Al analizar lo anterior se detalla que la función del tipo de cambio, al menos desde la perspectiva de onda cuántica, señala estar influenciada por las variables que interactúan con las partículas propias del quantum cambiario, esto desde una analogía aplicativa, pudiendo observar que la medición de un tipo de cambio específico en el espacio—tiempo solamente lo alteraría en su esencia, cambiando la sucesión natural que podría tener. Esto se manifiesta por medio de la entrada masiva de dólares a la economía, los cuales no pueden ser explicados por las autoridades, y que usualmente son detallados en las cuentas de otros, que dicho sea de paso, al alterar en demasía la masa del fenómeno, repercuten de forma directa en la incertidumbre cuántica y cambiaria.
Mayor masa y menos incertidumbre
Para ejemplificar lo anterior, es necesario hacer referencia a la fórmula del principio de incertidumbre el cual detalla los argumentos de la desviación de la posición y de la magnitud de onda, es decir, las desviaciones típicas, las cuales deben ser mayores a una constante de Planck (valor mínimo cuantificable) entre la masa del objeto. Al relacionar esta ecuación con el tipo de cambio, resulta de interés que una tasa cambiaria en una posición específica y su magnitud de cambio siempre tienden a contar con un factor de incertidumbre, lo que económicamente se traduciría como una imposibilidad de proyección. Tema bastante coherente con la realidad, sin embargo, esto tiene una relación directa a una división que señala que a mayor masa del objeto la incertidumbre es menor, siendo entonces improcedente afirmar que a mayor disponibilidad de moneda extranjera circulante, se tenga una dificultad alta de predicción, sino más bien, al tener una mayor magnitud de masa la certidumbre debe incrementarse, esto no sería congruente con el discurso oficial de las autoridades.

Usualmente las autoridades monetarias tratan de argumentar que la mayor cantidad de dólares, y por ende un tipo de cambio bajo se debe a un ingreso mayor por exportación, tema que no es congruente, puesto que, para que esto fuese cierto debería tenerse un crecimiento en la oferta exportable mucho mayor a la importación, generando una balanza comercial positiva, dinámica que no es observable en el país, de forma que la caída en el tipo de cambio no parece ser explicada por este elemento. Este punto parece encontrar explicación en otro principio cuántico, conocido como la alteración por observación, que señala que al participar un observador directamente, obliga a la partícula a colapsar en su función de onda, punto que parece ser aplicable al tipo de cambio, pues más que reflejar una realidad, parece ser influenciado directamente por diversos observadores, entendiendo que estos desde la Mecánica Cuántica no refieren solamente a personas, sino a objetos o fenómenos propiamente.
En este orden de ideas, un tipo de cambio bajo en un país que cuenta con ejes estratégicos como la exportación, las zonas francas y el turismo, no parece detallar una alternancia congruente con la incidencia de la materialidad estratégica, demostrando lo que parece ser una manipulación de su función de onda, misma que debiese manifestar sus posiciones específicas en respuesta a la masa monetaria y energía cambiaria, mas no a intervenciones arbitrarias de las autoridades, o incluso, a inacciones abusivas que desvíen la trayectoria del tipo de cambio. Puede analizarse así que el fenómeno cambiario con enfoque a la baja en el país, entre otras tantas explicaciones que puedan darse, tampoco parece encontrar lógica funcional en los preceptos cuánticos y su aplicación analógica, sino más bien, pareciera revelar que el exceso de moneda extranjera no es explicable y puede generar alteraciones que obligan a colapsar los puntos de la función de onda en posiciones que no revelan la realidad, implicando lo que parece ser una manipulación técnica no directa, o bien, desde una perspectiva cuántica, un evento de un observador secreto que incide abiertamente.
Claramente, lo planteado responde a una analogía de índole analítica y con sustento en algunas aproximaciones de los principios cuánticos, pero sin duda su abordaje da paso a plantearse diferentes interrogantes sobre la veracidad del tipo de cambio revelado a la sociedad, sobre su posible manipulación por fenómenos u observadores ajenos a la economía formal, o incluso a su posible alteración deliberada por partes interesadas.
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El autor es analista financiero, abogado, profesor universitario.