La adquisición de obras de arte, ya sea por pasatiempo, como inversión o para conformar una colección, presenta retos que requieren atención cuidadosa. En mercados pequeños como el de Costa Rica, estos desafíos se amplifican debido a la falta de estándares claros y de un mercado secundario consolidado. La combinación de factores como la valoración de las obras, la trazabilidad de su origen y los aspectos legales de las transacciones exige un enfoque meticuloso para garantizar un proceso seguro y eficiente.
Retos del mercado costarricense
En un país donde el mercado del arte aún no está desarrollado, la valoración de obras es un desafío. La ausencia de registros confiables hace que determinar el precio justo de una obra dependa, en gran medida, de criterios subjetivos. Esto genera discrepancias notables entre los precios fijados por galerías, artistas y compradores, y puede dar lugar a sobrevaloraciones o subvaluaciones. A pesar de que cada vez más piezas provenientes de colecciones “boomers” ingresan al mercado, la falta de transacciones frecuentes limita la capacidad de comparar precios y fortalecer un mercado secundario. A esto se suma la escasez de valuadores especializados, lo que incrementa la incertidumbre sobre el valor real de una obra.
Contratos: la base de una transacción segura. Un contrato bien elaborado es el cimiento para cualquier transacción de arte. Este documento debe incluir disposiciones claras sobre la autenticidad de la obra, las garantías ofrecidas por el vendedor y los mecanismos de resolución de disputas. Es recomendable detallar aspectos como la responsabilidad por daños durante el transporte o almacenamiento, así como incluir cláusulas que especifiquen qué ocurre si se descubre que la obra es falsa.
Impuestos. Si la venta de arte es habitual para el vendedor, como sería el caso de una galería de arte, estará sujeta al pago del impuesto sobre el valor agregado (IVA); si es ocasional, no está sujeta a ese impuesto. Dependiendo también de la actividad del vendedor, la compra podría ser considerada un gasto o una inversión capitalizable para efectos del impuesto sobre las utilidades. Si la venta genera una ganancia para el vendedor respecto de lo que tenía registrado ese arte (asumiendo que lo compró o incluso si el vendedor lo creó), la venta estaría sujeta al impuesto a las ganancias de capital. Si el vendedor es una persona física que no realiza actividad lucrativa sujeta al impuesto a las utilidades, y la venta del arte es ocasional, la ganancia de capital derivada de la venta del arte estará exenta del impuesto de ganancias de capital.
Autenticidad y trazabilidad: pilares esenciales. Uno de los mayores riesgos para los compradores de arte en mercados pequeños es la adquisición de piezas falsas o de origen dudoso. La trazabilidad o provenance, juega un papel crucial para garantizar que la obra no solo sea auténtica, sino que también tenga un historial claro de propiedad. La debida diligencia es indispensable en este aspecto. Esto puede incluir: (a) Solicitar respaldos de la autenticidad de la obra.
(b) Contratar a expertos que verifiquen la pieza utilizando métodos científicos o su contexto histórico.
(c) Investigar al vendedor y su reputación en el mercado y echar mano de bases de datos públicas de obras robadas, como de la que dispone Interpol. Si tras la compra se identifica una falsificación, las posibilidades de recuperación dependerán de lo estipulado en el contrato y la solvencia del vendedor. Por ello, asegurar garantías contractuales es esencial para mitigar riesgos.
Cuidados posteriores a la compra
Una vez adquirida la obra, es fundamental tomar medidas para protegerla adecuadamente. Algunas de las acciones clave incluyen: contratación de un seguro especializado para robo, daño o pérdida. Además, es importante realizar valoraciones periódicas para asegurarse de que el seguro refleje el valor actualizado de la obra. Almacenamiento, transporte, mantenimiento y restauración profesional: las obras de arte son sensibles a factores como la humedad, la luz y las condiciones de transporte. Contratar expertos en conservación garantiza su integridad. Si se planea trasladar la obra desde o hacia el extranjero, es necesario considerar permisos de exportación o importación, así como posibles aranceles.
Planificación para el futuro. Para los coleccionistas que desean preservar sus piezas como un legado familiar, es importante planificar su transmisión de manera eficiente. Esto puede incluir la redacción de testamentos, la creación de fideicomisos o incluso la donación a museos o instituciones. Una planificación anticipada no solo protege el patrimonio, sino que también reduce el riesgo de disputas entre herederos.

El arte como garantía de financiamiento. Un fenómeno en auge es el uso de obras de arte como garantía para obtener financiamiento. Este proceso requiere pruebas sólidas sobre la autenticidad, titularidad y valor de la pieza. Sin embargo, es importante considerar que en muchos casos esto implica entregar la posesión física de la obra, lo cual podría ser un inconveniente para algunos coleccionistas.
Exhibición y préstamos de arte. Para quienes desean compartir sus obras a través de exposiciones públicas, es necesario negociar acuerdos claros que contemplen aspectos como: (a) cobertura de seguro durante la exhibición; (b) responsabilidad en caso de daños o pérdida; (c) derechos de reproducción y derechos de autor.
Comprar arte es una experiencia que combina pasión, estética y estrategia legal. En mercados pequeños y en desarrollo, los desafíos pueden ser mayores, pero con un poco de sentido común y la asesoría adecuada, cada paso puede ejecutarse con seguridad. Desde garantizar la autenticidad de las piezas hasta planificar su conservación y transmisión generacional, tomar decisiones informadas es clave para proteger la inversión y asegurar que las obras puedan ser disfrutadas por generaciones futuras.
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El autor es abogado y socio director de la forma Ecija Legal Costa Rica.