En Costa Rica, ejercer el derecho al voto no es un simple trámite administrativo ni una costumbre heredada sin significado; es uno de los actos más poderosos que tiene la ciudadanía para sostener la democracia, proteger la estabilidad del país y decidir de forma consciente el rumbo de estos poco más de 52.000 kilómetros cuadrados que compartimos y llamamos hogar.
Nuestro país es una excepción histórica en la región. La abolición del ejército en 1948, la solidez de sus instituciones, la continuidad democrática y el respeto al resultado de las urnas no son casualidades. Son conquistas construidas con visión, sacrificio y participación ciudadana. Costa Rica aprendió temprano que el poder no se impone con las armas, sino que se legitima con el voto.
Los datos más recientes del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) confirman que para las elecciones nacionales del 1.º de febrero de 2026, el padrón electoral está compuesto por 3.731.788 personas habilitadas para votar, con un incremento de más del 4% respecto al proceso anterior. Este listado incluye a 1.881.567 mujeres y 1.850.221 hombres.
Un dato especialmente relevante es que el 44% del padrón electoral, equivalente a más de 1.650.000 personas corresponde a ciudadanos entre los 18 y 39 años, lo que demuestra la enorme presencia de las nuevas generaciones en la vida cívica del país.
El TSE, reconocido a nivel internacional por la transparencia y confiabilidad de sus procesos, garantiza que cada voto cuente. Sin embargo, ninguna institución puede sustituir el compromiso de una ciudadanía activa. Una democracia sin participación se debilita, pierde representatividad y queda expuesta a decisiones que no reflejan el interés colectivo.
Aquí emerge un desafío clave de nuestro tiempo: la apatía electoral. Pensar que “mi voto no importa” o que “otros decidirán” es, quizá sin quererlo, abrir la puerta a que unos pocos definan el futuro de todos. La historia demuestra que los retrocesos democráticos no siempre llegan de forma abrupta; muchas veces avanzan silenciosamente, alimentados por la indiferencia.
Por eso, hoy hago un llamado especial a las nuevas generaciones, a ustedes les corresponde asumir desde hoy el compromiso con el país que mañana liderarán. Costa Rica en pocos años estará en sus manos, y el voto es una de las herramientas más poderosas para fortalecer desde ahora los cimientos de la democracia. Votar es alzar la voz, involucrarse y dejar claro que están presentes, que les importa y que están dispuestos a cuidar y defender lo que hemos construido como nación.
Y como no referirme a las mujeres siendo yo una de ellas; hoy representamos el 50,4% del padrón electoral, somos mayoría, hoy podemos hacer la diferencia. Cada voto que emitamos es también un acto de gratitud hacia todas aquellas mujeres que antes que nosotras lucharon para que hoy tengamos voz, derechos y la posibilidad de decidir el rumbo del país. A ellas les debemos este privilegio democrático, y no podemos defraudarlas con la indiferencia o la ausencia. Salir a votar es honrar su legado, asumir nuestra responsabilidad y demostrar que entendemos la fuerza transformadora que tiene nuestra participación para proteger y construir la Costa Rica que todos nos merecemos.
Luchar por Costa Rica hoy no implica confrontación ni violencia: implica informarse, participar y votar con conciencia. Votar es un acto de responsabilidad intergeneracional. Es honrar a quienes construyeron este país y, al mismo tiempo, asumir el compromiso con quienes lo habitarán mañana. No se trata de apoyar una ideología específica, sino de defender el derecho a elegir, a exigir y a corregir el rumbo cuando sea necesario.
Costa Rica ha ganado mucho, pero nada de lo valioso se conserva sin cuidado. Cada elección es una oportunidad para reafirmar quiénes somos y qué país queremos seguir siendo. Renunciar al voto es renunciar a una parte de esa responsabilidad.
Defender nuestra democracia empieza con un gesto sencillo, pero profundo: participar; porque este país vale la pena, porque lo que hemos construido no se puede dar por sentado. Por favor salgamos a votar, no dejemos pasar esta oportunidad, defendamos con responsabilidad y orgullo lo que somos, lo que hemos logrado y lo que aún podemos construir. Ir a votar es decirle a Costa Rica, con hechos y no solo con palabras, que seguimos eligiendo el Pura Vida.
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La autora es contadora pública.