Por: Constantino Urcuyo.   10 octubre

Los sindicatos son importantes en su misión de defensa y promoción de los intereses de los trabajadores, contribuyendo a la justicia y cohesión social.

Su lucha por mejoras salariales y mejores condiciones de vida y de trabajo ayuda al mejoramiento de las sociedades, en ejercicio de una función educativa que crea en el trabajador conciencia de su dignidad.

Las huelgas son legítimas en las debidas condiciones y dentro de ciertos límites para lograr los derechos de sus afiliados.

La actividad sindical es política en el sentido amplio del término, preocupación por el bien común, por el interés general.

La inquietud sindical por las condiciones macroeconómicas, las imperfecciones del sistema de propiedad y la administración de los medios de producción es correcta.

No son partidos políticos

Empero, los sindicatos no son partidos políticos, no deben estar sujetos a las decisiones de estos, su incursión en el terreno electoral deslegitima lo justo y autónomo de sus luchas.

Recuérdese lo negativo del Pacto del Melico Salazar entre PAC-Patria Justa y FA.

Los acontecimiento recientes permiten afirmar principios frente a quienes desean docilidad sindical; pero también permite analizar errores de la dirigencia sindical al emprender una huelga fuera de límites, en perjuicio de los intereses individuales de los huelguistas, y en desprestigio del sindicalismo, por su asociación con bloqueos de vías y daño para los usuarios de los servicios públicos.

La Unidad Sindical terminó en desunión al separarse varias agrupaciones del movimiento, en medio de recriminaciones recíprocas, y sin lograr el gran objetivo de retirar el proyecto de Finanzas Públicas de la corriente legislativa. Los dirigentes sindicales enardecidos se dispararon a los pies y por hacer una gracia hicieron un sapo.