15 junio

Por orden del presidente Carlos Alvarado Quesada, se ha iniciado, y esperamos llegue a buen puerto, un proceso de planificación y transformación en la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope).

La orden del Mandatario es clara: revisar la estrategia de esta institución y empezar a encauzarla hacia el manejo y distribución de combustibles alternativos, hidrógeno —tal y como ha propuesto Franklin Chang— o gas natural y LPG, todos de mucho mayor ecoeficiencia y menor impacto ambiental que los refinados de petróleo.

Un reportaje de la periodista Laura Ávila Ramírez, publicado en la sección Economía y Política de esta edición y en nuestra página web (elfinancierocr.com), aporta más detalles y reacciones en torno a este tema.

Se trata, sin duda, de una buena noticia para Costa Rica y el planeta, y es consistente con el compromiso de descarbonizar la economía adquirido por el Gobernante en la pasada campaña electoral y en la tarima donde celebró su triunfo en las urnas electorales el domingo 1° de abril anterior.

Modernización energética

Esta iniciativa debería generar una reforma importante en un país que si bien se enorgullece de su vocación ambientalista, al mismo tiempo ha pospuesto durante años el inicio de esta tarea en la Refinadora. Esperamos que por fin haya llegado la hora de actuar y ver resultados concretos.

La nueva estrategia y —esperamos— reorganización interna de Recope, deben traducirse en pasos importantes hacia la modernización energética de Costa Rica y un mercado de combustibles alternativos más abierto.

"Esta es una oportunidad de oro para hacer de esta controversial institución un aliado estratégico en la movilidad diaria de las personas y de productos".

De esta manera nuestra matriz energética total podría dar un enorme salto hacia un futuro más limpio y sostenible, a la vez que permitiría que nuestra nación avance hacia una economía de alta ecoeficiencia y productividad.

La “nueva" Recope debe ser una organización de abastecimiento de combustibles y fuentes de energía cada vez más limpias y eficientes y —nunca más— una refinadora y distribuidora de derivados de petróleo.

Por lo tanto, y aunque se trata más de un asunto de forma que de fondo, el cambio debería incluir también el nombre de la institución; ello por cuanto el nombre actual ya no representaría el nuevo enfoque y, además, porque se le estaría enviando una señal esperanzadora a los costarricenses.

Firme y constante

Entendemos que el cambio será paulatino, pero esperamos que sea igualmente firme y constante, como corresponde a un país moderno y convencido de su visión y compromiso con la prosperidad de sus habitantes y la sostenibilidad de su ambiente.

Para nadie es un secreto que la Refinadora Costarricense de Petróleo es una de esas organizaciones públicas autónomas en que las prácticas abusivas de sus directores, jerarcas y funcionarios han llevado a sistemas de compensación y niveles de desempeño que dejan mucho que desear en términos de eficiencia interna e impacto en la productividad nacional. Confiamos en que la transformación no nos quede debiendo en esta materia.

Esta es una oportunidad de oro para hacer de esta controversial institución un aliado estratégico en la movilidad diaria de las personas y de productos. No obstante, no hace falta ser muy creativo para entender que este mercado pudo ser atendido por empresas privadas con igual o mayor eficiencia y seguridad.

Todo parece indicar que llegó la hora de refinar a Recope. Desde este periódico estaremos atentos al desarrollo de este proceso que no solo es una necesidad imperiosa, sino también un clamor nacional.