8 noviembre

El inicio del juicio político contra el presidente Donald Trump podría centrar la atención en el procedimiento legislativo y ocultar procesos políticos que subyacen tras este. La Camara de Representantes ha iniciado una ruta que podría acabar en una acusación, dada la mayoría demócrata; precisados los cargos, continuaría en el Senado, donde la mayoría republicana se opondría y los demócratas no alcanzarían los dos tercios de los votos necesarios para la destitución.

El secreto de las investigaciones ha restado espectacularidad a los hechos, pero a partir de ahora las sesiones serán públicas y televisadas, dándole visibilidad y teatralidad a las audiencias.

El fondo del conflicto gira en torno a si el Mandatario violó la seguridad nacional de Estados Unidos, chantajeando al gobierno de Ucrania con la amenaza de retener ayuda, aprobada por el Congreso, si este no iniciaba una investigación contra el hijo del precandidato Joe Biden. Lo anterior significaría involucrar a un gobierno extranjero en política interna, lo que configuraría causales de destitución.

El debate jurídico será amplio y ocupará la atención de los juristas, especialmente cuando el procedimiento sólo se ha activado en dos casos , contra Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1998).

Empero, lo más importante son los procesos políticos ocultos tanto internos como externos. La polarización intensa de la vida política doméstica en torno a las dos visiones político ideológicas de ambos partidos es un elemento muy importante, heredado de elecciones anteriores y presente en los comicios que se aproximan.

Las elecciones del 2016 no resolvieron estos antagonismos y más bien los agravaron por la diferencia entre la victoria de Trump en el Colegio Electoral y el gane de Hillary Clinton en el voto popular. Los demócratas quedaron con el sentimiento que su complicado sistema electoral, había facilitado la llegada al poder de una persona sin credenciales para gobernar.

El errático rumbo de la presidencia ha venido a confirmar esta convicción y el Partido Demócrata y los medios afines no han cejado en señalar sus errores, la campaña del 2016 continuó con la investigación sobre la trama rusa y el Informe Muller.

La continua salida de ministros y asesores de alto nivel acentúo aún más la percepción de la falta de capacidad, aunada a la confrontación con agencias federales, particularmente las de inteligencia, contradecidas reiteradamente por el ocupante de la Casa Blanca.

Affaire ucraniano

La díscola política exterior, oscilante entre amenazas y retrocesos (Corea, Irán, Venezuela, Siria), así como la guerra comercial con China potenciaron aún más esta percepción y han llevado a los opositores a tratar de revertir lo que perciben como un error histórico. El affaire ucraniano confirma la visión de un Presidente que no obedece las leyes y se guía por su impulsividad.

La cercanía de las elecciones del 2020 lanza más combustible a la hoguera y agudiza la confrontación. Las recientes victorias demócratas en elecciones estatales de Virginia y Kentucky sin duda envalentonará a los democrátas.

Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, inicialmente trató de detener la destitución, pero empujada por el ala radical de su partido y la necesidad de ganar en estados oscilantes, se vió obligada a iniciar el proceso.

El inicio de los procedimientos obedeció a la necesidad de apaciguar a sus bases y busca acusar a Trump para erosionar su apoyo electoral; sin embargo, este todavía conserva capital político en estados claves como Arizona, Florida, Michigan, Carolina del Norte, Pennsylvania, y Wisconsin.

Volver a ganar el control del Senado, derrotando a senadores republicanos moderados en Maine, Colorado, Arizona y Carolina del Norte es otro objetivo.

El procedimiento de destitución lleva sus riesgos. Si las pruebas contra Trump son insuficientes la opinión pública podría volcarse contra los demócratas; y en el Senado, dominado por los republicanos, no aparecerían disidencias para lograr los dos tercios para remover a Trump, años de lucha desperdiciados y derrota ante la opinión pública.

“En una época de crecientes confrontaciones entre las grandes potencias y con diversos puntos calientes en el mundo, la dedicación del Ejecutivo a la defensa interna podría jugar contra EE. UU., acelerándose la pérdida de su hegemonía y fortaleciéndose sus adversarios”.

Las encuestas recientes señalan que más de la mitad del país está de acuerdo con la remoción del Presidente, pero esta mayoría no es uniforme y los estados clave podrían pasar la factura a los demócratas en el 2020.

Por otra parte, las consecuencias sobre las políticas públicas internas podrían ser serias, ante un Congreso paralizado por la discusión del impeachment.

Desde la perspectiva de la política exterior, en una época de crecientes confrontaciones entre las grandes potencias y con diversos puntos calientes en el mundo (Siria, Mar del Sur de la China, Ucrania, Yemen, Venezuela), la dedicación del Ejecutivo a la defensa interna podría jugar contra EE. UU., acelerándose la pérdida de su hegemonía y fortaleciéndose sus adversarios.

Las convulsiones de la política interna norteamericana tendrán repercusiones significativas sobre la política internacional.