Por: Ricardo Salas.   29 junio, 2018
Usamos “populismo”, una palabra tibia y si se quiere ambigua, para describir la demagogia del odio, pero deberíamos usar el término que merecen los extremismos de este tiempo: FASCISMO.
Usamos “populismo”, una palabra tibia y si se quiere ambigua, para describir la demagogia del odio, pero deberíamos usar el término que merecen los extremismos de este tiempo: FASCISMO.

Desde que terminó la II Guerra Mundial escogimos, como sociedad, creer que los fantasmas del pasado jamás volverían, asumimos que el nazismo y el fascismo habían sido una pesadilla de la cual habíamos despertado. Nos convencimos que con la creación de la ONU y la difusión masiva del liberalismo y la doctrina de los Derechos Humanos, jamás volveríamos a experimentar cosas como un Holocausto.

Los acontecimientos políticos actuales en Europa, Estados Unidos y Occidente en general, hacen prever que "nuevos Hitler", "nuevos Mussolini" están entre nosotros y que no están solos. Con las actuaciones y los discursos de Trump, en Estados Unidos; Sehoffer, en Alemania; Salvani, en Italia; Kurz, en Austria; Orbán, en Hungría; Le Penn, en Francia, o de Wilders, en Holanda, cualquiera de las horribles pesadillas que ya vivimos, podrían repetirse.

Sobre este preocupante tema nos alerta Rob Riemen, filósofo, escritor y director del Think Thank holandés NEXUS en su libro: Para combatir esta era: Consideraciones urgentes sobre el fascismo y el humanismo (editado en español por Penguin Random House y el Grupo Editorial México en 2017), a partir del pensamiento e ideas de autores y pensadores como Nitzche, Camus, Mann, Fromann, Ortega y Gasset.

Riemen, recoge en este libro dos ensayos suyos. El primero, El eterno retorno del fascismo, un ensayo que envió personalmente, en noviembre del 2010, a todos los miembros del Parlamento, ministros y secretarios de Estado en Holanda. Fue su manera de reaccionar a las elecciones que ese año colocaron a la “extrema derecha” holandesa a un paso de la mayoría.

A propósito de “extrema derecha”, la tesis de Riemen es que para detener la ascensión del fascismo, en primer lugar hay que ser consciente del peligro real de su reaparición. Que usemos eufemismos como “extremistas de derechas” o “populistas” denota una profunda cobardía que nos impide nombrar al enemigo. Usamos “populismo”, una palabra tibia y si se quiere ambigua, para describir la demagogia del odio, pero deberíamos usar el término que merecen los extremismos de este tiempo: fascismo.

Este filósofo, a partir de Ortega y Gasset, no ahorra críticas a nuestro sistema político y, de manera particular, al sistema social que hemos asumido, afirmando: "la fuerza dominante de nuestra sociedad actual es la estupidez organizada".

"Los neo fascistas se basan en el resentimiento contra el 'enemigo': el emigrante, la banca, la empresa privada, el pobre, el rico, el blanco o el negro según la latitud u orientación ideológica del fascista de turno".

El sistema político actual nos está llevando a "democracias de masas desprovistas de espíritu democrático", con unos ciudadanos "hombres-masa" infantilizados y "atontados" con el acceso a información y entretenimiento a todas horas en las redes sociales y peligrosamente permitiendo que cualquiera pueda manipularnos con propaganda.

Los "hombres-masa", son mayoría y nos rodean desde la derecha y desde la izquierda, individuos, no importa su extracto o clase social, que carecen de iniciativa propia, que no aportan al progreso de la sociedad.

Para Ortega y Gasset, "el hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia, sin entrañas de pasado y por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas “internacionales… de aquí que esté siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa".

Va a la deriva

“El hombre-masa es el hombre cuya vida carece de proyectos y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades, sus poderes, sean enormes"; "hombre-masa" es todo aquel que no se valora a sí mismo —bien o mal— , sino que se siente "como todo el mundo" y, sin embargo, no se angustia, ni se siente mal al saberse y sentirse "idéntico a los demás".

Son, sin más, los perfectos seguidores de los neo fascistas que nos amenazan.

Los neo fascistas ya están entre nosotros y se caracterizan por un liderazgo carismático y por su poder para movilizar masas (hombres-masa) basándose en el resentimiento contra "el enemigo", siendo el enemigo el emigrante, la banca, la empresa privada, el pobre, el rico, el blanco o el negro según la latitud u orientación ideológica del fascista de turno. La islamofobia y la xenofobia, son caballos de Troya del fascismo actual.

En Europa el ambiente en muchos sentidos es un déjà vu de los años previos a la barbarie de la II Guerra Mundial; en el escenario mundial, haciendo falsas promesas de libertad y de grandeza, nos enfrentamos desde la derecha y desde la izquierda a nuevos fascistas, a nuevos enemigos de la libertad, a los que, usando palabras de la escritora italiana Natalia Ginzburg: "No podemos combatir si no los reconocemos como el lado estúpido, patético y frustrado de nosotros mismos".

Para combatir esta era es en realidad un libro pesimista —como los días que nos está tocando vivir— pero que hay que leer.

En sus páginas, Rob Riemen nos previene y alerta con claridad, a partir de su visión y posición europeísta, sobre la reversibilidad de los progresos democráticos que damos por sentados y sobre el peligro de un avivamiento fascista en toda la sociedad occidental.