Opinión

El hombre que supo decir “no”

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Le decían “Der Papierene”: “el hombre de papel”. Escurridizo, inasible, zigzagueante. Horadaba las más sólidas defensas. La posteridad lo llamó “el Mozart del fútbol”. Elocuente comparación: la esbeltez del trazo, la exquisitez, la filigrana, pero también la hondura de los sentimientos. ¡Es tan poca cosa, decir que era un gran futbolista! Aun agotando nuestras metáforas para dar una idea de su virtuosismo, no le haremos justicia. Porque era mucho más que un atleta: un ser humano íntegro -esto es, entero, cabal, de una sola pieza-. Un hombre “para todas las estaciones”, esos que no cambian de color -como ciertos bichos altamente adaptativos, pero en modo alguno admirables- con las variaciones climatológicas. Para él, palabra y acción fueron gemelas. La coherencia ideológica-existencial: vivió como pensó, y pensó como vivió: ¡hermosa, rara cualidad!








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