Durante 2024 y 2025 el turismo global ha experimentado un cambio profundo. La conversación ya no gira en torno a cuántos turistas llegan, sino a qué tipo de turistas llegan, cuánto valor generan y qué impacto dejan en los destinos. Las tendencias internacionales apuntan con claridad a que, hacia 2026, el turismo estará dominado por experiencias más personales, más conscientes y más exigentes en términos de calidad.
En ese contexto, Costa Rica se encuentra ante una oportunidad estratégica excepcional. No se trata de reinventarse, sino de profundizar y ordenar un modelo que el país ya ha venido construyendo, muchas veces de forma intuitiva, pero que hoy exige decisiones más claras y una visión de largo plazo.
El peso real del turismo en la economía costarricense
El turismo no es un sector marginal dentro de la economía nacional. Representa aproximadamente un 8 % del PIB de forma directa y entre un 12 % y un 13 % si se consideran los efectos indirectos e inducidos. Es una de las principales fuentes de divisas del país y un motor clave de empleo y desarrollo regional.
En 2024, Costa Rica recibió alrededor de 2,6 millones de turistas internacionales y generó más de USD 5.400 millones en ingresos turísticos. En 2025 se mantendrá parecido, con un crecimiento en llegadas moderado y con mayor estacionalidad, y con un gasto promedio por visitante que se ha mantenido elevado. Este dato es fundamental: confirma que Costa Rica ya opera, en la práctica, bajo un modelo de alto valor por turista.
Lejos de ser una debilidad, esta realidad constituye una ventaja estructural que debe ser protegida y profundizada.
Menos volumen, más valor
Costa Rica no puede —ni debe— competir con destinos de turismo masivo. No tiene la escala urbana, ni la infraestructura, ni la vocación para hacerlo. Pero sí tiene algo mucho más escaso: autenticidad, naturaleza real, estabilidad y una reputación internacional
asociada a derechos humanos, sostenibilidad y calidad de vida.
El debate estratégico no debería centrarse en atraer más turistas, sino en aumentar el impacto económico, social y territorial de cada visitante. Apostar por turismo de alto poder adquisitivo no es una postura elitista; es una decisión racional desde el punto de vista económico, ambiental y social.
Una de las razones más importantes por las que hoy viajan las personas de alto poder adquisitivo es la gastronomía. Ya no se trata solo de “comer bien”, sino de vivir experiencias culinarias sanas, orgánicas y naturales, con identidad, narrativa y conexión con el territorio.
Costa Rica tiene una base extraordinaria para capitalizar esta tendencia: biodiversidad aplicada a ingredientes únicos, una generación de chefs cada vez más sofisticada y una coherencia natural entre gastronomía, sostenibilidad y salud. Sin embargo, aún falta consolidar una narrativa país que posicione la gastronomía como un pilar explícito de la experiencia turística.
Aquí resulta útil observar, con distancia crítica, lo que ha hecho España. Su experiencia demuestra que una gastronomía bien articulada eleva el gasto promedio, atrae turismo de mayor calidad y contribuye a reducir la estacionalidad. Costa Rica puede aprender de esa lógica sin perder su escala ni su autenticidad, apostando por experiencias farm-to-table, rutas gastronómicas regionales y una identidad culinaria clara.
Menos folclor, más contenido
El viajero sofisticado no busca experiencias superficiales. Busca contexto, significado y acceso. Costa Rica no compite en monumentalidad histórica con Europa, pero sí cuenta con una cultura viva y diferenciada: comunidades rurales, indígenas y afrocaribeñas; la historia del café y el cacao; y un relato ambiental único en el mundo. Prácticamente, no hay un solo visitante a Costa Rica que no quede maravillado con el concepto del pura vida, del trato cálido y amable de los costarricenses y de la buena energía de la gente del país. Esto es parte esencial en la atracción de turistas, y un gran diferenciador con muchos otros competidores.
La oportunidad está en curar la experiencia cultural: grupos pequeños, narrativas bien construidas, contenido intelectual y beneficios económicos directos para las comunidades anfitrionas. Menos turismo de vitrina y más turismo con profundidad.
Incluso países percibidos como “nuevos” en términos culturales, como Emiratos Árabes Unidos, han demostrado que la cultura puede construirse y comunicarse con éxito cuando existe una visión estratégica clara. Costa Rica puede hacerlo desde la autenticidad, no desde la espectacularidad artificial.
Otra de las grandes motivaciones actuales del turismo de alto poder adquisitivo es el bienestar. El llamado wellness travel ha dejado de ser un complemento para convertirse en una razón central del viaje.
Aquí Costa Rica tiene una ventaja difícil de replicar: naturaleza real, clima favorable, biodiversidad y un estilo de vida asociado al equilibrio y la salud. Si el país logra estructurar productos con estándares claros, curaduría profesional y visión de largo plazo, puede consolidarse como un hub regional de turismo de bienestar, con estancias más largas y mayor gasto diario.
Turismo corporativo
Más allá del turismo vacacional, Costa Rica tiene una oportunidad estratégica en el turismo de reuniones, conferencias, retiros corporativos y viajes de incentivos. Este segmento genera alto gasto por visitante, estancias fuera de temporada alta y un impacto reputacional significativo.
El país lleva años bien posicionado en turismo de incentivos, gracias a su entorno natural, su infraestructura hotelera y su capacidad para combinar trabajo, bienestar y experiencias
memorables. En un mundo donde las empresas buscan reuniones con propósito, integración de equipos y bienestar ejecutivo, Costa Rica puede reforzar su rol como destino de retiros estratégicos y conferencias internacionales de tamaño medio, diferenciándose de destinos impersonales y masivos.
Cuando un sector representa alrededor del 13 % del PIB de forma directa e indirecta, no puede gestionarse con una lógica de corto plazo. Las principales motivaciones del turismo de alto poder adquisitivo —gastronomía, cultura, bienestar y experiencias corporativas de calidad— coinciden de manera natural con los atributos de Costa Rica.
El reto no es atraer más turistas. Es elevar el valor de cada visita, articular una oferta coherente y aprender de otros países sin imitarlos. Si Costa Rica toma decisiones estratégicas hoy, hacia 2026 puede consolidarse no solo como un gran destino, sino como un referente global de turismo de alto valor, sostenible y con propósito.
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El autor es abogado.