En Costa Rica, el solidarismo forma parte del entorno empresarial desde hace casi ocho décadas. Sin embargo, todavía existe una oportunidad que poco se explora: comprender la relación entre empresa y asociación solidarista no solo desde la administración de beneficios, sino desde la perspectiva de gobernanza, liderazgo y creación de valor.
Para algunos ejecutivos que llegan al país desde otros mercados, el modelo puede resultar difícil de interpretar, ya que no es un sindicato, no es una extensión de la empresa y tampoco es un programa de beneficios. Las asociaciones solidaristas son organizaciones autónomas lideradas por trabajadores, con patrimonio, con órganos de gobierno y responsabilidades propias que mantienen una relación particular con la empresa. Por eso, considero que el solidarismo merece entrar en una conversación que todavía no tiene espacio suficiente en las organizaciones: la conversación de la alta dirección.
Después de años como ejecutiva en empresas multinacionales y de casi una década como representante patronal en asociaciones solidaristas, he observado la relación desde el ángulo de la empresa y una de las grandes conclusiones de esa experiencia es que el valor del modelo no depende únicamente de los beneficios que genera a los asociados, depende mucho de la calidad de las decisiones, de la fortaleza de su gobierno y de la madurez con la que la empresa y asociación comprenden cómo se complementan sus roles por el bien común.
La autonomía de una asociación solidarista es uno de los elementos que hace particular al modelo. La asociación no pertenece a la empresa y sus órganos de gobierno deben responder ante sus asociados, por lo que la empresa no debería pretender dirigir esta particular estructura que surge en el contexto de la relación laboral y que mantiene una relación institucional particular con la empresa.

Lo clave es entender que reconocer la autonomía no significa mantenerse al margen. Aquí existe una distinción importante para la alta dirección: gobernar la relación no significa gobernar a la asociación. En muchas organizaciones, la relación con la asociación termina concentrada en recursos humanos y es comprensible porque ese suele ser el equipo de mayor contacto con los colaboradores y conoce de cerca la dinámica de la empresa. Pero cuando el tema involucra patrimonio, liderazgo y reputación, reducirlo a un asunto solo de recursos humanos puede hacer que la alta dirección pierda perspectiva.
No se trata de que un CEO deba conocer toda la operación diaria de una asociación, sino que comprenda qué representa esa organización en el ecosistema de la empresa. Esto adquiere especial relevancia en las multinacionales para un Country Manager que llega a Costa Rica y puede tener amplia experiencia dirigiendo personas, negocios y operaciones, pero sin conocimiento de un modelo equivalente. Este desconocimiento lo puede llevar a interpretar que la asociación es una unidad de la empresa e interferir; y si la considera completamente ajena puede desaprovechar una relación que forma parte de la realidad de sus colaboradores. Para lograr ese equilibrio se debe comprender el modelo desde la alta dirección.
Cuando se habla de gobernanza, usualmente se habla de estructuras, reglamentos, controles y rendición de cuentas, pero la gobernanza también tiene que ver con algo con más sencillo: la calidad de las decisiones. Quién decide, con qué información, con qué criterios, cómo se identifican los riesgos, cómo se protegen los intereses de los asociados y sobre todo cómo se toman decisiones pensando más allá del presente.
Una asociación solidarista administra patrimonio y representa los intereses de los asociados. Eso exige liderazgos capaces de asumir responsabilidades, preguntar, analizar escenarios y pensar en sostenibilidad. La confianza es indispensable, pero por sí sola no es suficiente como sistema de gobierno. Desde esta perspectiva, el solidarismo puede presentar una oportunidad de gobernanza para ambas organizaciones y para la empresa significa comprender mejor una estructura que forma parte de su entorno y establecer una relación institucional sólida.
Para la asociación, significa fortalecer los órganos de su gobierno, profesionalizar sus capacidades y preparar el camino para el liderazgo que tomará decisiones más complejas.
La empresa no necesita controlar la asociación y la asociación no necesita aislarse para demostrar su autonomía, lo que se necesita es claridad sobre sus roles y madurez para relacionarse. Construir una relación sólida que no significa ausencia de diferencias, significa capacidad para manejarlas y superarlas sin que se sienta que existe una disputa de poder.
El solidarismo costarricense ha construido una trayectoria valiosa. El desafío hoy no debería ser conservar lo que existe, sino preguntarnos cómo elevar la calidad de las decisiones que determinarán su futuro. Lo anterior significa fortalecer la gobernanza, preparar nuevos liderazgos, llevar conversaciones de impacto a la alta dirección y comprender que autonomía y colaboración no son conceptos aislados.
Un reto para las empresas es conocer el modelo no para intervenir ni para dirigirlo, sino para relacionarse con él de manera estratégica.
Después de casi una década, participando desde la representación patronal, una de las lecciones que más valoro es que empresa y asociación pueden tener puntos de vista diferentes y aun así construir juntas, comprendiendo cada parte su responsabilidad, respetando la autonomía de la otra y teniendo la capacidad de conversar sobre el futuro.
Desde esa visión, existe una oportunidad que todavía no hemos aprovechado suficientemente: dejar de mirar el solidarismo como un mecanismo exclusivo de beneficios para los colaboradores y reconocer también sus dimensiones de gobernanza, liderazgo y relación empresarial.
Finalmente, cuando hablamos de gobernanza no solo hablamos de cómo se administra una organización, hablamos de cómo se toman decisiones que definirán su futuro y esa conversación también corresponde a quienes lideran las empresas.
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La autora es especialista en Recursos Humanos y Finanzas y autora de Visión Solidarista.