Por: Constantino Urcuyo.   21 enero

La dictadura de Ortega no es el único problema de Centroamérica. La región se estremece de nuevo ante múltiples desafíos.

Una nueva caravana de migrantes hacia Estados Unidos, elecciones en El Salvador, régimen hondureño con legitimidad dudosa, Costa Rica frente a flujos migratorios y crisis fiscal, Panamá con elecciones en mayo y Guatemala con el presidente enfrentado a las Naciones Unidas.

Asimismo, un expresidente salvadoreño en la cárcel y otro en fuga, un expresidente guatemalteco guarda prisión y el fenómeno se repite en Panamá.

Los espasmos políticos sacuden a la región y nos hacen recordar viejos conflictos. La agitación se articula con la presencia de otros actores. El secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, visita Panamá y advierte sobre los peligros de la relación con China, a la vez que llama a consultas a sus embajadores en ese país, El Salvador y República Dominicana.

Política exterior

Estados Unidos adopta sanciones contra Nicaragua y sus dirigentes, y algunos amenazan con excluir, a algunos países del TLC. Washington amenaza también con suspender la ayuda a los países que no limiten las migraciones, ayuda que en su mayor parte está destinada a combatir el narcotráfico, dañando su propia política antidrogas.

El nuevo gobierno mexicano vuelve por los fueros de una política no intervencionista y ofrece sus servicios como mediador en las crisis regionales, tanto políticas como migratorias.

Rusia no abandona a sus aliados venezolanos y nicaragüenses. Bombarderos Tupolev, en gesto simbólico, han visitado recientemente Venezuela; la cercanía entre Putin y Maduro se profundiza.

Causas endógenas se articulan con cambios en el sistema internacional, nuestra política exterior debe elaborarse con visión amplia, más allá de Nicaragua y del necesario discurso de los derechos humanos.