Por: Víctor Umaña.   13 agosto
cadenas de valor, cadenas globales de valor, encadenamientos, gerenciaef
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La inversión extranjera ha tejido una historia de éxito en Costa Rica. En el siglo XIX las industrias del café y el banano florecieron de la mano de inversionistas que aprovecharon y potenciaron los factores de producción que ofrecía el país. De la mano de la inversión, se promovieron las exportaciones, se construyó infraestructura, se transfirió tecnología y se adaptaron técnicas gerenciales que marcaron la diferencia.

Dos siglos después, la historia de éxito continúa. Las inversiones públicas en progreso social, educación y salud se convirtieron en los factores diferenciadores que atraen una nueva generación de negocios especializados en servicios, turismo y manufactura de bienes sofisticados, como los dispositivos médicos.

Luego de la crisis de la deuda, visionarios como Richard Beck y otros distinguidos costarricenses entendieron que el camino de la recuperación incluía necesariamente la incorporación del país a la economía mundial y la necesidad de atraer capital extranjero para el establecimiento de industrias que produjeran para el mercado mundial. El país diseñó un sistema de comercio exterior e inversión extranjera innovador, que, con el paso del tiempo, se ha fortalecido y consolidado como uno de los mejores del mundo.

Hoy se vive una crisis sin precedentes. El descalabro de la economía tiene un alcance global. Los shocks sin embargo, vienen sobre todo del lado de la demanda, y golpean de manera desproporcionada a algunas industrias. Para colmo de males, todos los problemas de competitividad antes de la pandemia siguen ahí. ¿Cuál será el resultado de la crisis?

En el caso particular del turismo, la suspensión de los viajes internacionales y las medidas de confinamiento llevaron al establecimiento de la temporada “cero”, cero turistas. Dado los encadenamientos de la industria turística, las repercusiones económicas son gravísimas. Recordemos que antes de la pandemia, el turismo aportaba un 5% del PIB, 100.000 empleos directos y casi $4.000 millones en divisas.

Fortalezas

Afortunadamente, otros sectores tienen los elementos para emerger en ganadores. Las disrupciones en la cadena de valor producto de la COVID 19 promueven un replanteamiento de la fragmentación de las cadenas globales de valor de muchas de estas industrias. Esto significa decisiones de relocalización de las filiales de multinacionales para “acortar” las cadenas globales de valor, minimizar riesgos y reducir costos asociados a la pandemia. La ubicación geográfica del país y su liderazgo en el sector de dispositivos médicos apunta a una combinación ganadora.

Volando bajo el radar, el sector agroalimentario costarricense ha mostrado una gran resiliencia. Contra todo pronóstico, de acuerdo con los datos de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), las exportaciones en la primera mitad del año crecieron con respeto al año anterior.

Los resultados son impresionantes si uno toma en cuenta, no solo la pandemia, sino, además, las dificultades y obstáculos que enfrenta el sector: altos costos de producción, ausencia de insumos de última generación, problemas de logística y escasez de mano de obra que se traducen en baja rentabilidad.

Con base en estos tres ejemplos, Costa Rica debe preparara una estrategia que anticipe y mitigue los efectos negativos de la pandemia y, por otro lado, explote las oportunidades que se generen con la reconfiguración de las cadenas globales de valor.

En turismo, los esfuerzos van en la dirección correcta. El país lentamente ha levantado las restricciones de viajes internacionales, restaura la confianza del viajero y estimula la demanda por medio de protocolos de salud, apps de información para los visitantes y campañas de promoción del turismo nacional.

Aún así, estamos a tiempo para dar un paso adelante y repensar el sector, para emerger de la pandemia como una industria líder no solo en naturaleza, aventura y sostenibilidad, sino también en seguridad y protección de la salud. Afortunadamente, más de dos décadas de colaboración entre el sector público y privado, y el liderazgo actual en el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), crean una plataforma óptima para que el turismo logre sus objetivos.

En dispositivos médicos, Costa Rica se ha consolidado como uno de los centros de inversión más importantes del mundo. Las operaciones de manufactura continuaron operando con normalidad y se ha logrado responder con efectividad a las disrupciones temporales. Más aún, se invitó a las empresas multinacionales a unirse a las empresas locales, la academia y el sector público para producir equipos médicos para la emergencia COVID-19 bajo una iniciativa encabezada por el Ministerio de Salud.

La iniciativa Diseño Colaborativo de Costa Rica tiene como objetivo aprovechar la transferencia de conocimiento y tecnología de las multinacionales con base en su experiencia en la producción de dispositivos médicos. El siguiente paso debe ser la generación de una estrategia explícita liderada por el Ministerio de Comercio Exterior (Comex) para aprovechar la tendencia de las multinacionales para acortar las cadenas globales de valor, disminuir la dispersión geográfica de sus actividades, reducir la distancia con sus clientes y por otro lado la diversificación de las redes de proveedores.

Para el sector agroalimentario la estrategia para atraer inversión no ha existido. Desapareció hace muchos años desde que Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde) lo hizo con éxito hace 30 años. Nadie tomó el relevo. La resiliencia de la agricultura que se manifiesta de forma sobresaliente en este momento clama por un apoyo recíproco que despeje los cuellos de botella que impiden su competitividad plena.

La combinación de factores de producción de las zonas rurales es muy diferente a la del Gran Área Metropolitana y por eso se necesita una estrategia diferenciada. El éxito del sector, en contra de todos los pronósticos, augura resultados mucho mejores si se contara con el apoyo, las herramientas necesarias y los instrumentos para atraer capital, tecnología y nuevas actividades.

Así, al igual que la crisis de la deuda fue el catalizador de la inserción de Costa Rica en la economía internacional, la respuesta a la pandemia puede incidir positivamente sobre las perspectivas de desarrollo de las zonas rurales. Se necesita entonces que desde Comex y Procomer en conjunto con el sector privado, se trace esta estrategia para aprovechar las oportunidades que vienen.

Economista.