Por: Roberto Artavia.   9 febrero

Como diría mi amigo Roberto Sasso, es difícil imaginarnos la plataforma piloto de la cuarta revolución industrial si no hemos terminado de armar la plataforma para la tercera… Necesitamos conectividad de banda muy ancha en cada casa, empresa, escuela e institución del país antes de soñar con ser líderes entre las naciones emergentes en desplegar el potencial de la cuarta revolución industrial.

Al oír las explicaciones de don Rodolfo Méndez de por qué la ley para regular Uber se estructuró de esa manera, queda claro que vamos a proteger las estructuras remanentes de tiempos de la segunda revolución industrial antes de acoger la cuarta revolución. Al mismo tiempo que el Presidente anunciaba y negociaba para que seleccionaran a Costa Rica para los pilotos de la cuarta revolución, en Costa Rica se presentaba a la Asamblea Legislativa una ley que demostraba que no estamos listos.

El juicio laboral que ha tenido que interponer la líder del gobierno digital de los últimos 15 años para que Racsa no la “esconda en un esquina”, porque cometió el pecado de hablar con el Presidente sin conocimiento de su jefe, demuestra que nuestras prioridades están perdidas en instituciones clave para la cuarta revolución, aun sin mencionar lo ridículo de toda la situación.

La cuarta revolución industrial se desarrolla sobre una plataforma energética moderna y competitiva, que es más o menos todo lo contrario de lo que ofrece nuestro sistema hoy. ¿Se abrirá la generación y comercialización de energía a la competencia para que, como en telefonía, veamos a todos los actores dar un salto competitivo impresionante?

El capital humano que requiere el país debe venir de un sistema educativo moderno, que desarrolle en niños y jóvenes las capacidades, destrezas y enfoques para convertir el país en esa plataforma maravillosa donde las grandes disrupciones tecnológicas del futuro se convierten en oportunidades y no en amenazas.

Hay tanto por hacer…