Costa Rica cuenta con una de las infraestructuras de pagos más avanzadas de la región, con la oportunidad de llevarla al siguiente nivel de crecimiento económico. Adoptamos los pagos en tiempo real desde temprano. Normalizamos las transferencias móviles antes que muchos de nuestros vecinos. Construimos un sistema que millones de personas usan todos los días sin pensarlo dos veces.
Hoy, un número creciente de instituciones financieras y proveedores de servicios están conectados a Sinpe, y las transferencias digitales representan una proporción cada vez mayor de la forma en que las personas mueven su dinero. Solo Sinpe Móvil supera los 4,5 millones de suscripciones activas en un país de cinco millones de habitantes. El uso del efectivo continúa disminuyendo mientras los consumidores adoptan herramientas digitales y hasta la empresa más pequeña puede recibir transferencias inmediatas. Contamos con una base muy sólida.

Sin embargo, detrás de este éxito existe una carencia fundamental: construimos un sistema potente para transferir dinero, pero no hemos completado la transición hacia una verdadera infraestructura de pagos empresariales.
Sinpe Móvil es excelente para mover dinero del punto A al punto B. Es estable, confiable y está ampliamente adoptado. Eso no es un logro menor. Pero el comercio moderno exige algo más que la simple transferencia de fondos. Requiere automatización, integración, verificación e interoperabilidad.
En otras palabras, requiere evolucionar más allá de transferencias básicas hacia una infraestructura diseñada para el comercio actual.
Pensemos en una pequeña clínica dental que, por las razones que sean, no tiene un datáfono pero que recibe decenas de pagos por Sinpe Móvil cada semana. Cada transacción debe verificarse manualmente. Una recepcionista revisa el teléfono, confirma números de referencia, actualiza hojas de cálculo y concilia estados de cuenta al final del día. No existe un comprobante automático integrado al sistema contable, ni un mecanismo de confirmación incorporado equivalente al de un datáfono, ni un procedimiento estructurado para resolver disputas si un cliente afirma haber pagado.
La infraestructura existe para la transferencia, pero no realmente para completar el ciclo de pago.
Un verdadero riel de pagos confirma la transacción de forma inmediata, de modo que el comercio sabe al instante que los fondos están asegurados o que fueron recibidos. La conciliación se automatiza, la liquidación se vuelve predecible y la empresa puede avanzar sin tener que invertir tiempo verificando lo que ya debería ser una certeza.
Otro reto del Sinpe Móvil es su usabilidad limitada como medio de pago. Un usuario, incluso digitalmente hábil, puede tardar unos 45 segundos en completar un pago. Para personas con menor afinidad tecnológica, puede resultar intimidante o poco accesible. Para los comercios, esa duración puede significar filas molestas, más la congoja de la verificación manual que añade más tiempo. En entornos con múltiples cajas y gran afluencia de clientes, esto simplemente no es aceptable.
Muchos comercios aceptan SINPE Móvil porque sus clientes lo exigen, o dependen de éste por necesidad, no necesariamente por eficiencia. El resultado es un sistema digital que funciona, pero que genera fricciones para los usuarios e impone cargas administrativas ocultas a los comercios.
Hemos normalizado estas fricciones, cuando otros países del todo no. Pero estas se acumulan, consumen y desenfocan recursos, además de reducir la productividad. Para muchas empresas este impacto no es menor.
La infraestructura de pagos es la plomería de la economía. Cuando los pagos fluyen con eficiencia, el flujo de caja se acelera. Las empresas pagan antes a sus proveedores, los trabajadores reciben su salario con mayor rapidez y el consumo local aumenta. El dinero circula, y la resiliencia económica depende de esa circulación.
Costa Rica enfrenta hoy una decisión estratégica. Podemos seguir como estamos, o podemos evolucionar.
Las empresas necesitan acceso a APIs, conciliación automatizada y herramientas de verificación de identidad que funcionen de forma fluida dentro de sus procesos operativos, de modo que la confirmación sea automática y no dependa de verificaciones manuales. Esto se trata de garantizar que las empresas costarricenses puedan operar con confianza incluso cuando cambian las condiciones, ya sea por riesgos de fraude, ajustes regulatorios o choques económicos externos. Un riel de pagos doméstico es infraestructura crítica y esa infraestructura debe modernizarse para funcionar bajo cualquier tipo de presión.
Costa Rica ya cuenta con una ventaja poco común. Son verdaderamente pocos los países que disponen de una red de pagos en tiempo real tan integrada en la vida cotidiana. Empezamos temprano. Generamos confianza. Logramos adopción.
Pero otros mercados han avanzado con decisión en los últimos años. Países de América Latina han modernizado sus sistemas, construido ecosistemas fintech a su alrededor y acelerado la innovación. El entorno competitivo está cambiando con rapidez.
Durante años, Costa Rica lideró en pagos en tiempo real. Hoy corremos el riesgo de volvernos promedio. La responsabilidad no recae en un solo actor. Tenemos que modernizar los marcos normativos que hoy nos aplican, diseñados hace décadas; tenemos que aprender a colaborar en lugar de aferrarnos a posiciones heredadas; tenemos que construir e innovar con responsabilidad y transparencia. Pero sobre todo, tenemos que entender y prestar mayor atención a las necesidades de nuestros comercios y consumidores.
Lo alentador es que existe un consenso creciente sobre la necesidad de transformación. El debate ya no es si el cambio es necesario, sino cómo ejecutarlo sin fragmentar el ecosistema. Cada vez somos más conscientes de que tenemos que actuar ante la acelerada transformación de los sistemas financieros.
La base existe. La adopción está demostrada. La confianza pública es sólida.
Lo que falta es el paso final: alinear nuestra infraestructura con la forma en que el comercio ya funciona y hacia dónde se dirige. Los pagos pueden parecer invisibles. Pero determinan qué tan eficientemente se mueve el capital, qué tan fácilmente escalan las empresas y qué tan resiliente es una economía frente a la presión.
Costa Rica no necesita reinventar su sistema de pagos pero sí necesitamos evolucionarlo.
Si actuamos con decisión, Sinpe seguirá siendo una ventaja estratégica. Si dudamos, se convertirá en prueba de que el liderazgo temprano significa poco sin una modernización continua.
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El autor es director Legal y de Cumplimiento de Olanzo y presidente de la Asociación Fintech de Costa Rica.