Por: Carlos Raúl Gutiérrez.   30 agosto

El 13 y 14 de agosto tuvo lugar en San José el primer Foro Internacional de Hidrógeno en Costa Rica, organizado por Estrategia Siglo XXI.

En esa cita, el ministro de Ambiente, Carlos Manuel Rodríguez Echandi, recordó a los presentes los logros obtenidos por Costa Rica en el siglo pasado, en materia de recuperación de la cobertura boscosa y de la descarbonización de nuestra red eléctrica.

Luego, el presidente de la República, Carlos Alvarado Quesada, aportó una reflexión certera en el sentido de que es solo a través del conocimiento y desarrollo de la ciencia que la humanidad ha sido capaz de lograr un mejor nivel de vida para la mayoría de los habitantes del planeta.

Las palabras del Mandatario establecieron la tónica para las subsiguientes exposiciones a cargo de los principales jugadores de la industria energética en el ámbito, como Shell; los productores de motores de combustión, Cummis y Toyota entre otros, así como dos gigantes de gases industriales: Praxair y Air Liquide. Todos estos actores nos instruyeron durante los dos días del encuentro.

Sus exposiciones versaron sobre las experiencias de regulación del transporte publico 100% libre de emisiones de carbono desde Hawái hasta Alemania, pasando por la tecnología producida por la compañía Ballard, capaz de hacer volar los drones, tanto comerciales como militares, gracias a celdas de combustible. Aprendimos también sobre los costos reales de las hidrolineras comerciales disponibles en el mercado para transporte público y privado.

Al margen de las presentaciones que formaron parte del foro, y que nos ilustraron con una rica cantidad de datos sobre la operación de flotas y los costos de inversión y operación, vale la pena recordar brevemente cómo el desarrollo científico nos ha conducido al momento crítico en el que nos encontramos hoy día.

La historia comenzó a finales del siglo XIX, cuando el ingeniero alemán Rudolf Diesel, el mejor alumno del profesor Carl von Linde en el Instituto Politécnico de Múnich, decidió independizarse de la empresa de refrigeración industrial que su maestro tenía en París, Francia.

Linde le cerró entonces el camino a Diesel al prohibirle usar las patentes que ambos desarrollaron en el campo de los gases para la refrigeración industrial.

Diesel, basado en su profundo conocimiento de la termodinámica y el principio mecánico de Carnot, le dio una estocada de muerte al motor de vapor del siglo XIX cuando —en 1893— presentó al mundo, junto con Karl Benz, su invención conjunta de un vehículo propulsado por un motor de combustión.

Rey de los combustibles

Este invento revolucionó la movilidad para el resto del siglo XX.

Ese fue el principio de la utilización de combustibles fósiles en la industria y el transporte, que atenta hoy sobre la salud humana y la Tierra.

Después de haber sido el rey de los combustibles fósiles por más de 100 años el rey en el mercado de los combustibles fósiles, el diesel sigue siendo —debido a su precio— el punto de referencia erróneo para evaluar la factibilidad económica de movilizarnos sin emisiones de gases de efecto invernadero.

En efecto, nuestra perversa adicción al motor de combustión es lo que no nos deja ver la factibilidad de descarbonizar totalmente nuestra red de transporte.

En este sentido, no podemos seguir pensando que tenemos tiempo de sobra para hacer pruebas de laboratorio y emprender proyectos tendientes a dejar de oler el perfume del diesel, así como admirar sus oscuras partículas en nuestras calles y congestionamientos viales.

Los problemas de salud que genera el diesel en los pulmones ha llevado a ciudades como Londres, París, Hamburgo y Stuttgart, cuna automovilística alemana, a prohibirlo.

De regreso a la historia, es Carl von Linde, y no Rudolf Diesel, quien nos abre en el siglo XXI una senda tecnológica sostenible para el transporte electrificado a gran escala. Diversos sistemas de movilidad eléctrica basados en hidrógeno ya se comercializan y son utilizados en todo el mundo.

En nuestro país solo falta voluntad política para establecer el nivel adecuado de impuestos al carbono de los combustibles fósiles e impulsar así una mayor conciencia sobre la necesidad de descarbonizar el futuro de nuestros hijos y este vehículo espacial que llamamos Tierra.