Por: Juan Carlos Rojas.   6 abril, 2018

​Victoria categórica para Carlos Alvarado luego de una de las campañas más controversiales, agresivas y polarizadas de nuestra historia.

Esperanza, regocijo, alivio, así como desconfianza, son algunos de los sentimientos más comunes que definen a los ticos luego del resultado.

En apariencia un mandato robusto, eso sí, cargado con un lastre de imagen de su partido.

"Confío en que Carlos Alvarado será un líder dinámico que sabrá escuchar y que genuinamente se mantendrá firme en respetar y respaldar esa alianza que lo ayudó a llegar al poder".

El reto para Carlos es que hay varias “fuerzas” y vertientes ideológicas que lo presionarán en direcciones opuestas.

Si analizamos los 1.3 millones de votos al PAC, vemos que no hay una línea unificada: por un lado están los inamovibles del partido —estos son los 470.000 que le dieron su voto en la primera ronda, o sea, tan sólo un 35% del total a su favor—.

El resto, 800.000 personas, son un crisol de ideologías y motivaciones, incluidos los del PUSC que ven a Rodolfo Piza jugando un papel clave, y de otros partidos, a muchos de los cuales los motivó el miedo ya sea a la mezcla de la religión en la política o a un retroceso en derechos humanos.

Ilusionarnos y apoyar

Y esto sin tomar en cuenta que, de los 850.000 votantes del PRN (una cifra nada despreciable viendo que es un número similar a los votos con que Laura Chinchilla fue electa y un número de votos mayor a los que ha recibido cualquier presidente antes de Laura), una mayoría fue un voto “anti-PAC”, por temor ideológico y por los episodios de corrupción e inoperancia del gobierno actual.

Esto significa que más que un cheque en blanco, existe un mandato claro sólo en unos pocos temas.

Si no hay resultados rápidos y contundentes, se le puede complicar el panorama, como le pasó a su antecesor. Pero a su favor tiene un gran arsenal de capital político. Si es hábil, lo cual no dudo, aprovechará este capital en los primeros 100 días para tomar decisiones difíciles e impostergables que a su vez le darán la credibilidad necesaria para navegar por resto de su gobierno.

Sí, es momento de ilusionarnos y de apoyar. Confío en que Carlos será un líder dinámico que sabrá escuchar y que genuinamente se mantendrá firme en respetar y respaldar esa alianza que lo ayudó a llegar al poder. Esta es una oportunidad de oro, diría histórica, que nos puede impulsar hacia el bicentenario que soñamos.