Las reuniones ministeriales de organismos internacionales rara vez capturan la atención del público. Sin embargo, detrás de esos encuentros suelen definirse las tendencias que marcarán el rumbo de la economía global durante los próximos años.
La Reunión del Consejo Ministerial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE MCM 2026), celebrada a principios de junio de este año, dejó una enseñanza particularmente interesante. En medio de un contexto internacional caracterizado por crecientes tensiones geopolíticas, disputas comerciales, conflictos armados y una creciente fragmentación de las relaciones internacionales, la capacidad de los organismos multilaterales para generar consensos se ha visto significativamente reducida.
La OCDE no ha sido inmune a esta realidad. De hecho, la Reunión Ministerial de 2026 fue una de las más complejas de los últimos años en términos de negociación política y construcción de acuerdos. En ese contexto, resulta particularmente significativo que el único instrumento normativo sustantivo adoptado por consenso haya sido la Recomendación del Consejo sobre Tecnologías Cuánticas.
El hecho no es casual. Las tecnologías cuánticas representan una de las fronteras científicas y económicas más prometedoras del siglo XXI. Aunque para muchos todavía parecen pertenecer al ámbito de la ciencia ficción, sus aplicaciones comienzan a materializarse en sectores tan diversos como la medicina, la agricultura, la logística, las telecomunicaciones, la energía, la defensa y la inteligencia artificial.
La computación cuántica promete resolver en minutos problemas que hoy requerirían años de procesamiento para las computadoras más avanzadas. Los sensores cuánticos podrían revolucionar el diagnóstico médico, la exploración de recursos naturales y el monitoreo ambiental. Las comunicaciones cuánticas tienen el potencial de transformar por completo los estándares de seguridad digital.
En otras palabras, estamos ante una tecnología con capacidad de generar transformaciones comparables a las que en su momento produjeron Internet, los teléfonos inteligentes o la inteligencia artificial.
Precisamente por ello, la OCDE decidió actuar ahora. La Recomendación reconoce que los beneficios potenciales de estas tecnologías son enormes, pero también advierte que su desarrollo plantea desafíos importantes en materia de seguridad, gobernanza, acceso al conocimiento, formación de talento y cooperación internacional. El mensaje central es sencillo: los países que quieran beneficiarse de la revolución cuántica deben comenzar a prepararse desde hoy.

¿Y qué significa esto para Costa Rica?
Mucho más de lo que podría parecer a primera vista. Existe una tendencia natural a pensar que las tecnologías de frontera son asuntos reservados para grandes potencias con presupuestos multimillonarios. Sin embargo, la experiencia internacional demuestra que los países pequeños pueden desempeñar un papel relevante cuando identifican oportunamente las tendencias tecnológicas emergentes y desarrollan capacidades especializadas en nichos concretos.
Costa Rica ya ha recorrido ese camino anteriormente. Lo hizo cuando apostó por la educación como motor de desarrollo. Lo hizo cuando construyó una reputación internacional en materia de sostenibilidad ambiental. Lo hizo cuando logró insertarse exitosamente en cadenas globales de valor vinculadas a dispositivos médicos y servicios empresariales sofisticados. Más recientemente, el país ha comenzado a posicionarse en sectores estratégicos como los semiconductores.
Las tecnologías cuánticas podrían representar una nueva oportunidad. No se trata de competir con Estados Unidos, China o la Unión Europea en la construcción de gigantescos centros de investigación. Se trata de identificar aquellas áreas donde Costa Rica puede generar valor, desarrollar talento especializado y participar en ecosistemas internacionales de innovación.
Nuestro país posee activos importantes para hacerlo. Cuenta con universidades de calidad, una tradición de estabilidad institucional, una economía abierta, experiencia en atracción de inversión extranjera y una creciente inserción en industrias intensivas en conocimiento. Sobre esa base podría impulsarse una agenda nacional orientada a fortalecer la formación en física, matemáticas, ingeniería y ciencias de la computación; promover la investigación aplicada; facilitar alianzas internacionales; y atraer empresas vinculadas a tecnologías emergentes.
La discusión también tiene una dimensión estratégica más amplia. En un mundo cada vez más definido por la competencia tecnológica, la capacidad de los países para comprender, adoptar y desarrollar nuevas tecnologías será un factor determinante de competitividad. Quienes participen activamente en estos procesos tendrán mayores posibilidades de capturar inversiones, generar empleos de calidad y aumentar su productividad. Quienes permanezcan al margen correrán el riesgo de convertirse únicamente en consumidores de tecnologías desarrolladas por otros.
Por eso resulta tan relevante que la OCDE haya colocado este tema en el centro de su agenda. Paradójicamente, en un momento en que las tensiones geopolíticas dificultan la construcción de acuerdos internacionales en numerosos ámbitos, las tecnologías cuánticas se han convertido en uno de los pocos espacios donde todavía existe una visión compartida sobre la necesidad de cooperar, establecer principios comunes y preparar a nuestras sociedades para los cambios que vienen.
Costa Rica haría bien en prestar atención. Las grandes transformaciones tecnológicas rara vez anuncian con claridad el momento exacto en que dejan de ser una promesa para convertirse en una realidad económica. Cuando eso ocurre, quienes se prepararon con anticipación suelen encontrarse en una posición privilegiada. Los demás descubren que la oportunidad ya pasó.
La revolución cuántica aún está comenzando. Precisamente por eso este es el momento adecuado para que Costa Rica decida cómo quiere participar en ella. Porque en materia de innovación y competitividad, llegar temprano suele ser una ventaja. Llegar tarde casi nunca lo es.
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El autor fue Embajador Representante Permanente de Costa Rica ante la OCDE del 2022 al 2026 y actualmente es socio de ECIJA Costa Rica, dirigiendo la práctica de TMT y Política Pública.