Opinión

No solo por dinero fracasan las startups

Los emprendedores deben poner atención a múltiples factores y no solo al abastecimiento de recursos económicos

Toda mi carrera ha estado dedicada al emprendedurismo, el crecimiento exponencial y la internacionalización de las compañías. En ese camino, he visto de cerca y vivido en carne propia el fracaso de muchas ideas de negocios, startups prometedoras, como comúnmente las llamamos.

Y en rigor de verdad sucede de esa manera, la mayoría de las empresas emergentes no tienen éxito: más de dos tercios de ellas nunca ofrecen un retorno positivo a los inversores, confirman los datos de Harvard Business Review.

Guiado por las principales razones que la bibliografía apunta como causales del fracaso de las startups hice una encuesta en mi muro de Linkedin. La causa más votada fue un mal modelo de negocio (36%) seguida de cerca por la desconexión del producto con el mercado (30%). Los últimos puestos equipos inadecuados (19%) y falta de fondos (15%).

Según la “autopsia” de 110 strap realizada por CB Insights, la falta de acceso al capital es una de las principales razones (38%), aunque seguida muy de cerca por la inadecuación con el mercado o la falta de necesidad del producto o servicio que se ha diseñado. Competencia, equipos de trabajo “pobres”, modelos de negocios con problemas para la escalabilidad, regulaciones, “pricing issues”, siguen la lista de factores.

En esta línea, según el libro de ¿Por qué las startups fallan?, de Tom Eisenmann uno de los más conocidos profesores de emprendimiento de la Harvard Business School, profundiza en estos aspectos cualitativos que ponen en cuestión el acceso al capital como la principal razón, desglosado otros factores menos visibilizados.

El libro se basa en muestras de entrevistas cualitativas a fundadores a 2.822 startups de la base de datos de Pitchbook que habían recibido entre $0,5 millones y $3 millones de fondos de capital riesgo de enero de 2015 a abril de 2018. Es decir, había dinero.

“Una buena idea no puede llevarse a cabo con un mal equipo”, destaca el autor como factor de persona. Y este aspecto se destaca tanto en el análisis de CB Insights, como en el libro de Eisenman. Las ideas y las oportunidades de mercados son ciertas, pero no hay capacidad humana instalada para materializarlas

Otro aspecto señalado por este autor son los “inicios falsos”, es decir, pensar que somos una startup pero en realidad no lo somos ni formal ni operativamente: “Los empresarios deben llevar a cabo un análisis competitivo, que incluya pruebas de los usuarios de las soluciones existentes, para comprender los puntos fuertes y las deficiencias de los productos rivales”, afirma el experto.

La “trampa de la velocidad”, que suponen crecer demasiado rápido, saturar un pequeño nicho mercado, queda demostrada en su análisis con una probabilidad de fracaso del 6% de las que utilizaron un presupuesto adecuado en marketing y del 23% para aquellas que gastaron demasiado.

Pero el autor de ¿Por qué las startups fallan? profundiza más, y desenmascara el discurso clásico del emprendedor, que muchas veces nos lleva a lugares comunes poco favorables para el éxito de una empresa: como la persistencia desmedida que se convierte en terquedad, la pasión exagerada que puede traducirse exceso de confianza, enfocarse demasiado en el crecimiento que nos lleva rápidamente a la explotación y lanzar un producto prematuramente, por ejemplo, y el excesos de frugalidad (comportamiento austero), que impacta en la configuración de los equipos de trabajo adecuados como veíamos en los datos de las “autopsias” de CB Insights.

A estos puntos grises, le añadiría el propósito, muchas veces los emprendedores inician su proyecto enfocados en lo que hacen bien, pero no en para qué lo hacen. Están convencidos de tu producto o servicio, pero su motivación casi siempre es externa: expandir su idea y ser reconocidos, generar más ingresos. Tener claro el por qué siempre abrirá el espacio para los cómo

Por otra parte, el equilibrio entre el trabajo y la vida personal no es algo que los fundadores de startups gocen, por lo que el riesgo de agotamiento es alto. El agotamiento se dio como motivo de falla el 5% de las veces, según datos CB Insights, y el mismo Eisenmann confirman este dato de manera cualitativa en sus entrevistas, descubriendo que “la opinión predominante de los fundadores de startups en Silicon Valley es una ilusión de que para tener éxito, para construir una empresa de alto crecimiento, es necesario agotarse”. Nada más equivocado.

Reconocidos emprendedores e inversores como David Skok, coinciden en esta línea de factores que pesan en el fracaso: con un modelo de negocio capaz de escalar y dificultad de configurar los equipos adecuados, quién además dice algo muy cierto: A contrata jugadores A y los jugadores B solo pueden contratar jugadores C (porque los jugadores B no quieren trabajar para otros jugadores B). Por lo tanto, el resto de la empresa terminará siendo débil.

Como podemos ver, el fracaso no es solo una cuestión de dinero, equipos de trabajo, capacidad y planeación para el crecimiento, percepciones de lo que emprender significa en el ecosistema empresarial también entran en juego.

Rafael Tamames es fundador de Findasense