Por: Lizette Brenes.   28 octubre, 2017

Recientemente se publicó el ranking de competitividad del Foro Económico Mundial (2017). Costa Rica mejoró su posición, pues pasó a ser la número 47 de 137 economías; la mejor posición que ha alcanzado en esta década.

Por otro lado, en el ranking global de innovación (Cornell, Insead, WIPO, 2017) el país está en el lugar 53 de 127 economías. En ambas mediciones, con metodologías diferentes, Costa Rica ocupa el segundo lugar de Latinoamérica. Si se profundiza en el análisis del desempeño del país, se puede concluir que la innovación es su fortaleza más débil y su debilidad más fuerte.

Una economía pequeña y abierta, en la que coexisten el crecimiento económico y la desigualdad, requiere una estrategia aguda y de largo plazo. Una estrategia apoyada en sus fortalezas y su potencial. El país no podría competir por volumen o costo bajo, el camino estratégico parece ser el valor agregado, innovación y la sofisticación de negocios,

La Comunidad Europea ha impulsado con éxito la especialización inteligente. Se trata de una estrategia que se apoya en la innovación y promueve que los territorios se enfoquen en sus fortalezas y su proyección internacional.

La especialización inteligente favorece la articulación de los actores: gobierno, academia, empresa y sociedad civil; el desarrollo de emprendimientos innovadores; el crecimiento de empleo de calidad y la transferencia de conocimiento local.

Costa Rica puede aspirar a constituirse en un polo de innovación regional; todo comienza por aprovechar características como: capacidades humanas, sistemas de salud y de educación, biodiversidad, ubicación y demás fortalezas.

El arte, el diseño y la creación, la agricultura climáticamente inteligente con especies de alto valor nutricional, la gastronomía sofisticada y sostenible, bioinformática, biotecnología, la innovación en educación y promoción de la salud, turismo innovador y software … estas son áreas en las que el país podría apoyar su estrategia de especialización inteligente, con innovación disruptiva, incremental y social.

Es posible apuntar, en el mediano plazo, a convertirse en un polo de innovación regional y favorecer el desarrollo en armonía, que supere la desigualdad actual.

Las regiones reconocidas por la Comunidad Europea (2017) como polos de innovación son: Estocolmo, Copenhague, el sureste del Reino Unido, Praga, Bratislava y el País Vasco.

En esta época de transición hacia la nueva economía, Costa Rica debe encontrar inspiración en el espejo del pasado y valor en la ventana del futuro para soñar con una mejor sociedad para todas las personas.

Lizette Brenes es vicerrectora de Investigación de la UNED.