Por: Juan Carlos Rojas.  23 febrero

​Estimados Carlos y Fabricio: El país está al borde del abismo económico y sabemos que hay que pasar el IVA, la regla fiscal y controlar el gasto.

Pero no menos importante es acelerar el crecimiento económico. Esto último se podrá potenciar únicamente cuando el Gobierno comprenda que uno de sus roles fundamentales es ser un facilitador en los procesos de generación de valor.

Y es que hace un tiempo empezamos a confundir el rumbo.

Soy testigo de un triste ejemplo que personifica las peligrosas contradicciones que ahogan al sector productivo.

"Carlos y Fabricio: muchas empresas no aguantarán este agobio… y algunas multinacionales simplemente levarán ancla. Con esto, la crisis se agudizará… y la pobreza aumentará".

Hace poco Tributación cerró las operaciones de Saprissa como sanción por el pago tardío de impuestos de 1998 que habían quedado 100% saldados (con multas e intereses) desde hace ocho años.

​Pasaron por encima de una resolución de la Sala IV que obliga, previo a actuar, a un análisis individualizado con un debido proceso.

Pero más allá de si se podía o no cerrar, resulta crucial preguntar si se debía o no actuar así, tomando en cuenta los mejores intereses del Estado y sus ciudadanos.

Claramente no se pretendía cobrar más impuestos (ya estaban pagos desde el 2010), y más bien se logró todo lo contrario: los impuestos por cobrar a ese contribuyente bajaron al imputar la pérdida de ingresos durante el periodo de cierre.

Impunidad

Inquieta, además, que los escasos recursos del ente recaudador se enfoquen en sancionar a una empresa totalmente al día, mientras que reina la impunidad con los ilegales que operan a vista y paciencia de todos a una cuadra del estadio.

Este no es un caso aislado. ¿Cómo se debería interpretar este mensaje, justo cuando el país está urgido en promover crecimiento y un clima propicio de inversión?

Carlos y Fabricio: muchas empresas no aguantarán este agobio… y algunas multinacionales simplemente levarán ancla. Estamos en una coyuntura histórica en donde urge eliminar las contradicciones que atan el pleno potencial de Costa Rica.

Hoy más que nunca estamos sedientes de un liderazgo conciliador que pueda discernir entre lo que se puede hacer… y lo que se debe hacer. A partir de ahí encontraremos la verdadera solución a nuestros problemas.