Por: Constantino Urcuyo.   17 abril, 2018

​La llamada de atención del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) a las iglesias católicas y evangélicas por su intromisión en las elecciones constituyó uno de los aspectos positivos del pasado proceso electoral.

La separación de las esferas políticas y religiosas constituye uno de los progresos más importantes de la Civilización Occidental.

"El manifiesto de las iglesias incitó a la ciudadanía a votar invocando valores cristianos".

El edicto de Nantes (1598) y la Revolución Francesa vencieron la noción de confesionalidad de los estados y abrieron los caminos de la laicidad, permitiendo el desarrollo de la democracia y del pluralismo.

Atrás quedaron las guerras de religión en occidente y las sociedades han podido organizar la convivencia a partir del respeto a la libertad de conciencia y de las diferencias.

Verdad y verdades

El hecho religioso parte de la existencia de una Verdad, mientras que la democracia organiza la vida en común en torno al respeto a las verdades particulares, lo que implica convivir con otras cosmovisiones.

Las normas constitucionales y legales que regulan la relación entre las esferas religiosa y política deben ser interpretadas en contexto, la interpretación literalista es insuficiente.

El constituyente y el legislador buscaban limitar la intromisión de los grupos de poder religiosos en la decisión de voto, evitar que la invocación de verdades absolutas incidiera en el ánimo de los ciudadanos.

El manifiesto de las iglesias incitó a la ciudadanía a votar invocando valores cristianos. Es claro que los religiosos pueden manifestarse sobre los asuntos públicos, es el ejercicio su libertad de expresión.

Lo que resulta inaceptable, y ese es el espíritu de las normas, es acudir a lo religioso, en un contexto electoral, con la posible influencia que esto podría tener en el ánimo de electores enfrentados entre su fe y la reflexión racional y libre.

Buen trabajo del TSE.