El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha muy importante para recordar las importantes luchas sociales que la mujer ha hecho a lo largo de la historia. Y es que precisamente existen una serie de eventos que hace que esta fecha sea una de las más importantes en el calendario.
En marzo del año de 1909, un total de 129 mujeres murieron calcinadas, en la fábrica Cotton Textile Factory, todo indica que el incendio fue provocado; lo anterior sucedió en una huelga en reclamo por el aumento de salarios, reducción de la jornada laboral y fin del trabajo infantil. Al parecer el hecho se dió el 8 de marzo de ese año.
Este acontecimiento hoy es el recuerdo de mujeres valientes que se animaron a alzar su voz, pero sobre todo su corazón y su dignidad ante eventos injustos que estaban sucediendo. Mujeres unidas, que creyeron en sí mismas, con una razón y un propósito común, un anhelo y una visión que las unía y las llevó a luchar, incluso entregando su propia vida, pero marcando también la historia para las mujeres que venían, abriendo paso, visibilizando la importancia de la mujer en la sociedad, su capacidad, valor, dignidad y el derecho a tener condiciones justas. Fueron mujeres que vivieron y lucharon desde la sororidad.
La sororidad es una palabra que deriva del latín soror (“hermana”) y según la Real Academia Española, es la relación de solidaridad, amistad o afecto entre mujeres, con especial énfasis en la lucha por su empoderamiento.
Por eso, el 8 de marzo no se celebra, se conmemora, se recuerdan hechos históricos dolorosos, pero que han marcado un antes y un después para la mujer y para la sociedad, nos recuerda también la fuerza que hay en la unión de las mujeres cuando creen unas en otras.
Para la mujer y la sociedad esto es un hito histórico, que da fuerza e inspiración en las nuevas y grandes luchas sociales, que afronta no solo la mujer, sino también la sociedad en general, por ejemplo:
- El reconocimiento del valor del trabajo doméstico, la crianza de los hijos y también la combinación de estos elementos con el desempeño profesional. Aún se escuchan frases como por ejemplo, “ella no trabaja”, al referirse a una mujer que trabaja en su hogar, dedicándose a tareas propiamente de la familia. Esto es totalmente erróneo, pues una de las labores más importantes es precisamente el trabajo en el hogar, el cual debe ser reconocido y valorado.
- La posibilidad de tener mayor acceso a puestos gerenciales y sin diferencias salariales. En muchas ocasiones se niega la oportunidad a las mujeres de tener puestos de liderazgo, se ha llegado a considerar una amenaza por la posibilidad de un embarazo y que por ello deba ausentarse posteriormente debido a su licencia de maternidad.
- Reconocimiento en carreras y áreas de informática, ingeniería tecnología y ciencias. Las anteriores son carreras que se consideraban más para los hombres, limitando la posibilidad de que las mujeres brillaran con sus talentos en dichas áreas. Hoy en día se ha abierto camino a las mujeres que se profesionalizan en estas áreas, pero todavía queda mucho camino que recorrer en la visibilización del aporte y valor que cada mujer puede ofrecer en estas disciplinas.
Y, ¿qué es lo que marca la diferencia ante estos retos actuales? Primero, que la mujer sea reconocida en todo su valor y dignidad, con sus dones, talentos y cualidades. Que se valore, cuidándose y amándose a sí misma y, al mismo tiempo, considere la importancia de las mujeres que tiene a su alrededor y que forman parte de su vida; brindando apoyo e inspiración a aquellas mujeres que por una u otra razón no creen en sí mismas, en sus capacidades, habilidades y talentos.
En el trabajo, por ejemplo, tener palabras positivas y afirmativas para sus compañeras, frases como “qué bien hacés tu trabajo”, “sos una profesional brillante en tu área”, “me gustaría aprender de vos”. Apoyarse, complementarse y caminar juntas profesionalmente hablando, para lograr metas y objetivos, evitando las críticas negativas que destruyen la confianza y la autoestima personal y profesional.
También, alegrarse cuando alguna compañera de trabajo logra un ascenso, un reconocimiento o destaca en su área. Se puede brindar una felicitación y palabras de aliento, ya que vivimos la sororidad cuando sabemos que el logro de una mujer, de alguna manera, es el logro de todas. La oportunidad que vive una mujer, es la puerta que se abre a muchas otras más.
Todo esto es sororidad: un concepto que nos contagia de optimismo, recordándonos que las mujeres tenemos una gran fuerza cuando trabajamos juntas y nos unimos por ser cada día mejores, obteniendo mayores y mejores oportunidades y caminando juntas frente a los desafíos de la cotidianidad.
Se ha demostrado que la sororidad marca la historia de la humanidad y de las nuevas generaciones, pues cuando las mujeres se unen, logran brillar de una forma inimaginable como una constelación, donde cada estrella tiene su brillo propio, pero juntas hacen una bellísima obra de arte.
La sororidad no solo se aplica en el trabajo, sino también en la vida personal, con las mujeres de la familia, las amigas, con las vecinas, con las mujeres que vemos en la calle. La sororidad se vive al tener palabras positivas y cálidas, saludar, agradecer, felicitar. Ayudándonos mutuamente en nuestras necesidades y realidades. Impulsándonos, inspirándonos. La sororidad construye puentes donde antes no los había, es el vehículo para la unión y para el crecimiento, incluso a pesar de las diferencias intergeneracionales.
Hoy, en este mes de marzo, recordamos y conmemoramos aquellos acontecimientos dolorosos, pero que marcaron el rumbo de la historia. Como mujeres y como sociedad, atesoramos en nuestra memoria estos hechos, que nos recuerdan que unidas somos más fuertes, que unidas podemos lograr transformar la sociedad en una más justa, amorosa, desarrollada, equilibrada y plena.
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La autora es psicóloga, coach y consultora.