Por: Roberto Artavia.   8 abril

Escribo esto, desde el asilamiento que comparto con mi esposa, el 6 de abril y se publicará el 8 en el sitio web de EF, y el 18 en la edición en papel, así que, a la velocidad que se mueve nuestro mundo estos días, mucho habrá ocurrido…

Pero nada cambiará que en estos tiempos de miedo por seres queridos, de incertidumbre por nuestro futuro; en que nuestra nación y el mundo regresarán a un período anterior en términos de escala económica y progreso social. Lo recordaré como uno de los períodos más importantes, definitivos, y -creánlo o no-, más lindos de mi vida.

Desde hace años he tenido la suerte de trabajar en organizaciones donde “capital social” no es un concepto financiero, sino la suma de talentos, voluntades y acciones de equipos humanos que comparten, en todo o en parte, una visión de futuro y la misión de impulsar, desde múltiples posiciones en la sociedad, un futuro más próspero, justo, sostenible y solidario para el conjunto de la sociedad.

“Muchas gracias”

En medio de la zozobra y la tristeza de perder vidas humanas; en medio de muy arduas jornadas de colaboración a distancia con compatriotas y amigos en otras naciones de la región, y pese a ver disminuida nuestra capacidad económica y sentir cómo aumentan el desempleo y la pobreza, he encontrado alegría y muchísima motivación en ver que casi todos nos podemos unir para enfrentar una pandemia que, terrible como ha sido, nos ha dado una causa común a las grandes mayorías.

No han faltado unos pocos que han tratado de llevar agua a sus molinos políticos, ideológicos o simplemente egoístas, pero la gran mayoría nos hemos unido para tratar de superar al enemigo común.

Ojalá la lección perdure, y la vivamos muchas veces más, ante todos los retos que como nación nos toque enfrentar en el camino hacia el progreso social, la prosperidad económica y la sostenibilidad ambiental.

Muchas gracias a quienes han estado al frente de la lucha contra la pandemia. Mi respeto y reconocimiento a todos ellos.