En marzo de 1970 Costa Rica vivió un hito gastronómico, con la llegada de un negocio que más de cinco décadas después mueve millones de colones diariamente, genera empleos y encadenamientos productivos en decenas de cantones del país y además se ha convertido en un termómetro para medir si cierta zona tiene potencial de desarrollo inmobiliario: el de las franquicias de comida rápida.
