El auge de los péptidos, impulsado por influencers y comunidades de “biohacking”, ha abierto un mercado creciente en Costa Rica que se mueve entre promesas de rendimiento físico y vacíos regulatorios.
El auge de los péptidos, impulsado por influencers y comunidades de “biohacking”, ha abierto un mercado creciente en Costa Rica que se mueve entre promesas de rendimiento físico y vacíos regulatorios.
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