Por: Carlos Gallegos.   5 febrero

La palabra abundancia proviene del latín abundantia y se refiere a una gran cantidad de algo. El término se usa como sinónimo de prosperidad, riqueza o bienestar. Nuestro mundo actual es un mundo en el que administramos la escasez. La escasez es la carencia o la insuficiencia de algo. Todo nuestro sistema económico actual, al menos en Occidente, está basado en la escasez. Las cosas son valiosas y caras si son escasas, por ejemplo, el oro o las perlas.

Aprendimos en la universidad que el precio de las cosas está en función de la intersección entre las curvas de oferta y demanda. Si un bien es escaso su precio va a tender a ser relativamente alto, pero si el precio sube habrá cada vez más productores dispuestos a producirlo para tratar de obtener un precio más alto. Si yo me sacara la lotería pensaría en comprar perlas u oro o una obra de arte, todas piezas valiosas por su escasez… pero tal vez no compraría lagos o grandes reservas de agua (al menos no todavía). En nuestro país el agua es abundante y por eso la valoramos poco, pero en el desierto pagaría una pequeña fortuna por la ultima botella de agua, pues por escasa es sumamente valiosa.

En la economía digital y en la globalización actual un nuevo concepto de abundancia puede variar lo que de otra forma concebíamos como principios económicos estables. Si mi marco de referencia y consecuentemente mi lente o prisma para el mundo pasa de la escasez a la abundancia, extrañas cosas empiezan a suceder.

Normalmente sería muy difícil para un individuo o corporación hacerse con un número muy grande de bienes como vehículos o casas, la razón principal es que en nuestro marco de referencia hay escasez y, por lo tanto, debo administrarla y comprar cientos de miles de carros o de casas no pareciera tener mucho sentido comercial. Pero ¿y si cambiamos de paradigma y ahora pienso que muchas cosas son abundantes y, por lo tanto, más baratas de obtener (aunque sea parcial y figurativamente)? ¿Qué pasa si pienso que los vehículos en el mundo son para efectos prácticos infinitos y que podría hacer un uso limitado de ellos (o de su movilidad) y qué pasa si pienso igual de las casas o de las habitaciones en esas casas?

De pronto, mi mundo cambia y mi percepción de lo económicamente valioso y escaso también cambia.

Súmele ahora una época en que la globalización, la demografía y la tecnología han creado el coctel perfecto para romper paradigmas tan arraigados como la curva tradicional de oferta y demanda. El resultado es modelos de negocios como Uber o Airbnb, las compañías con más carros y casas a su disposición que pasaron de un esquema de administración de escasez a uno de administrar la abundancia.