Por: Carlos Gallegos.   11 mayo

Dios tanto en la persona del Padre como del Hijo suele cambiar el nombre de las personas para darle un nuevo significado o sentido de su nuevo destino o misión. Lo hizo con Jacob a quien llamó Israel y con Abram-Abraham, con Saulo-Pablo y con Sarai-Sara. En el Nuevo Testamento Jesús lo hace con Jonás a quien le dice tu será llamado Cefas (Pedro). Hasta aquí como Dios manda.

Nuestras autoridades políticas también han experimentado con el cambio de nombres. El Instituto de Tierras y Colonización (ITCO) trabajó en titulación de proyectos y asentamientos principalmente producto de invasiones precaristas. Luego fue llamado Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) buscando ser un factor de desarrollo con un sesgo agrario que pareciera superado cuando nuevas autoridades lo rebautizaron Instituto de Desarrollo Rural (Inder) que procura un desarrollo más integral a nivel regional.

La evaluación de una institución pública deben hacerla los ciudadanos. Según la encuesta realizada por la Contraloría de Servicios del Inder en Paso Canoas en enero 2018 los resultados son: 1) Falta de interés y amabilidad por parte del funcionario que lo atendió y 2) Lentitud con trámites presentados.

El triple bautizo no logró mejorar la percepción de los ciudadanos. Creo no equivocarme al pensar que esos mismos resultados obtendrían la inmensa mayoría de las 333 instituciones públicas en Costa Rica (en realidad a principios de año eran 330 pero me he permitido usar 333 como una premonición al número 666 y llamarla ‘media bestia’ siguiendo con la referencia bíblica).

¡A Recope ahora le quieren cambiar de nombre a Ecoena ... bendita solución! Por otro lado, nos dice la prensa que el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) no tiene una estrategia formal escrita. Una corporación estatal de 22.000 empleados y más de $2.000 millones en ingresos ... no tiene norte ... está a la deriva. ¿Será hora de rebautizarlo? ¿O mejor lo transformamos? Y si lo vamos a reinventar que sea una verdadera transformación digital buscando transparencia, rendición de cuentas, eficiencia y sentido de propósito.

Hemos perdido el norte como nación. El valioso y necesario ejercicio del servicio público lo hemos convertido en una mueca grotesca de ineficiencia y abusos. Digo hemos porque es responsabilidad de nosotros los ciudadanos y contribuyentes haber permitido tal sin sentido.

El Estado necesita una transformación completa, no de nombre sino de dirección y sentido estratégico y de verdadero servicio a los ciudadanos.

Dios nos agarre confesados!