Por: Carlos Gallegos.   14 febrero

Empezamos este 2021 en teoría con las pilas recargadas y nuestros objetivos renovados. Y digo en teoría porque no todas las personas tuvieron la capacidad física o financiera para irse de vacaciones algunos días. Otras tampoco tuvieron la tranquilidad mental o la oportunidad de superar duelos o pérdidas sensibles y dejar atrás, en el mejor de los casos, un año complicado.

En una videoconferencia que tuve en los primeros días del año, al presentador se le dañó la presentación digital que había preparado y no tuvo más remedio que hacerla a capella … contando una historia (su experiencia y sus vivencias) sin más ayuda que la de su voz y sus gestos. Al final de la charla el presentador se disculpó de nuevo por el fallo de la tecnología y uno de los asistentes dijo: “Aprecio que lo haya hecho sin tecnología pues últimamente he sufrido de fatiga con Zoom”.

¿Es posible experimentar fatiga digital? ¿Es razonable creer que toda esta tecnología al alcance de nuestras manos y sentidos en una forma ubicua y permanente puede agotarnos y desgastarnos en lugar de aliviar nuestras cargas y reducir el estrés de nuestras labores y trabajos?

Creo que sí, pienso que la sobreexposición a las pantallas digitales nos agota al punto de abrumarnos. Por otro lado, pienso que las historias sobre todo contadas por un buen “contador de cuentos” siempre nos van a cautivar como lo hacían desde que éramos niños y desde tiempos inmemoriales.  La fascinación por las buenas historias está enclavada en nuestro ADN. Nos han ayudado a sobrevivir y aprender desde que fuimos nómadas y recolectores. Aprendimos a temer y luego a cazar las bestias y aprendimos a recolectar y más tarde a sembrar alimentos contándonos historias de unos a otros por generaciones y por eso las valoramos tanto. Fue la tradición oral la que nos convirtió en lo que somos.

¿Puede el mundo digital competir contra esa fascinación por las historias, puede destruirla, o más bien puede aumentarla y fortalecerla? ¿Será la tecnología capaz de llevarnos a nuevas experiencias y vivencias en una aceleración y profundización de nuestros sentidos? Creo que, con la combinación de realidad virtual, realidad aumentada y los avances en Inteligencia Artificial seremos capaces de llevar nuestro delirio sensorial a nuevos niveles.  Sin embargo, creo que nada reemplazará el poder de una historia bien contada, aunque al igual que nuestros primitivos debamos descansar ante la fatiga.