Por: Carlos Gallegos.   16 marzo, 2018

La respuesta a esta pregunta básica era esencial en la formulación de la estrategia de las compañías no hace mucho.

Michael Porter definió hace décadas un modelo para analizar la rivalidad en la “industria” a partir de cinco fuerzas, entre las que se encontraban los proveedores, los compradores, los sustitutos, etc.

En buena teoría los sustitutos o el mayor golpe vendría de compañías en la misma industria y entre más rivalidad en una industria dada, mayor competitividad y menores márgenes se obtendrían en la misma. Ford competía contra Chrysler o BMW y PanAmerican o Eastern Airlines competían contra Lacsa o American Airlines.

Todo eso cambió con la digitalización y la globalización. Hoy los sustitutos y los nuevos competidores salen “de otros lados “y no de la misma industria... y eso los hace feroces y muchas veces mortales.

Pregúntele a BlockBuster de dónde vino Netflix y si la tenían en el mapa de competidores. O pregúntenle a Marriott si consideran a Airbnb un competidor

La convergencia de las industrias ha cambiado el terreno de juego radicalmente y lo ha deformado... para bien de los consumidores y para mal de las empresas con poca innovación.

¿El auto autónomo en el que compiten todas las automotrices más Google, más Apple, más Tesla, más... es de pronto la industria automotriz? ¿Transporte? ¿Tecnología? ¿Y las implicaciones en seguros (como el esperado descenso del números de accidentes y monto de las primas) o la industria de bienes raíces con un automóvil que pasa de ser utilizado solo un 5% del tiempo y 95% en parqueos y pasa a estar utilizado 90 % del tiempo y con menos necesidad de parqueos?

¿Usted, en qué industria compite?

Hoy los sustitutos y los nuevos competidores salen “de otros lados “y no de la misma industria... y eso los hace feroces y muchas veces mortales.
29/11/2017. Tibás, Estudio GN Medios. Carlos José Gallegos Echeverría, columnista de El Financiero, columna Conectados. Fotos Melissa Fernández Silva
29/11/2017. Tibás, Estudio GN Medios. Carlos José Gallegos Echeverría, columnista de El Financiero, columna Conectados. Fotos Melissa Fernández Silva