Por: Keilor Rojas Jiménez.   5 enero

Ese podría ser un buen propósito para el nuevo año. Evitar la procrastinación, es decir, postergar el cumplimiento de un deber, sustituyéndolo por actividades más placenteras pero irrelevantes.

La búsqueda de excusas para reemplazar la actividad que necesita atención al final termina en frustraciones y bajo rendimiento. Para vencer este problema, a continuación algunas recomendaciones.

Si le cuesta enfocarse, use la técnica denominada pomodoro. Es decir, trate de concentrarse en realizar la tarea durante solamente 25 minutos. Luego haga una pausa y relájese.

No se deje intimidar si la tarea es muy grande. Divídala en componentes más pequeños. Enfóquese en resolver solamente uno de los componentes, luego otro. Poco a poco se llega largo.

Busque espacios que le permitan evitar distracciones. Desconéctese de Internet por un rato. Deje el celular donde no lo pueda alcanzar fácilmente.

Elabore la lista de tareas pendientes desde el día anterior, para que su subconsciente las revise durante la noche. Especifique también a qué hora va a parar y cúmplalo. Incluya suficiente tiempo para esparcimiento sano. Otórguese recompensas por los pequeños logros.

Aprenda a decir que no. Eso le evitaría asumir compromisos que luego son difíciles de cumplir o que simplemente no se hacen con gusto y por eso se postergan.

Sea flexible. Algunas veces las cosas no funcionan como uno quisiera. No se juzgue con excesiva severidad.

Tómese el tiempo para reflexionar sobre las causas por las cuales está procrastinando ¿Se puede hacer algo al respecto?

Si luego de intentarlo, la procrastinación continúa y la frustración es permanente, quizá sea hora de considerar ayuda profesional.

Por último, tal vez lo que se requiere es un cambio de ambiente. Anímese. Siempre es posible empezar de nuevo.