Dice un reconocido tango que 20 años no son nada. En el turismo costarricense, en cambio, dos décadas han sido suficientes para transformar de forma relevante la manera en que el visitante internacional conoce el país.
A primera vista, el retrato parece similar. Costa Rica continúa atrayendo principalmente a viajeros interesados en la naturaleza, las playas, el descanso, la aventura y los viajes en familia. Estados Unidos sigue siendo el principal mercado emisor, mientras Canadá y Europa mantienen un peso relevante en la llegada de visitantes.
Sin embargo, detrás de esas similitudes que siguen presentes hay cambios importantes: el turista se queda menos tiempo, organiza mejor su viaje, puede concentrarse en una o dos regiones y gasta más por estadía.
El visitante de mediados de la década de 2000 tendía a permanecer cerca de dos semanas y a recorrer una mayor cantidad de destinos. El de 2025 continúa buscando paisajes, bienestar y actividades al aire libre, pero también exige conectividad digital, opciones de hospedaje diversas, servicios personalizados y experiencias que justifiquen el valor de sus vacaciones.
El cambio no significa que el país haya abandonado su propuesta tradicional. Playa, naturaleza y descanso siguen siendo los principales motivos de viaje. Lo que ha cambiado es la manera en que las personas eligen dónde dormir, cuánto tiempo quedarse, cuántas zonas visitar y en qué actividades invertir su presupuesto.
Como ocurre con cualquier actividad económica, la evolución del turismo no ha seguido una trayectoria inalterada ni ha estado siempre libre de dificultades. En las últimas dos décadas, el sector ha pasado por varias etapas que vale la pena recordar: la crisis financiera global de 2008‑2009, periodo en el cual el desembolso económico de los visitantes decayó de forma notoria y exigió un prolongado lapso para su estabilización; y la emergencia sanitaria global por el Covid‑19 en 2020, coyuntura donde el cierre temporal de las fronteras propició una sensible contracción en el flujo de visitantes extranjeros.
Además, en el 2019 entró a regir de manera gradual la aplicación del Impuesto al Valor Agregado a los servicios turísticos y que fue subiendo paulatinamente hasta alcanzar la tarifa plena del 13%.
Menos noches, pero más gasto
Los datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT) muestran una reducción gradual de la estadía promedio de los turistas que ingresan al país por vía aérea. En 2006, la estadía media rondaba las 12 noches y, en 2015, se ubicaba alrededor de 11,3.
En otras palabras, el visitante típico de hace una o dos décadas pasaba prácticamente dos semanas en el país.
La estadía promedio llegó a su pico en 2021 y 2022, con estadías de 13,6 y 13,5 días. Para 2025, en cambio, la estadía promedio cayó a poco más de 10 noches, el nivel más bajo de la serie reciente. El turista actual dispone de menos tiempo o decide concentrar el viaje, aún cuando mantiene interés por realizar múltiples actividades durante su permanencia.
La tendencia no fue completamente lineal. Después de la pandemia, el turismo internacional registró una recuperación marcada y, durante parte de ese periodo, se observaron estadías algo más largas. Sin embargo, el indicador ha vuelto a descender y se acerca a los niveles previos a la emergencia sanitaria.
La menor permanencia no ha significado necesariamente un menor impacto económico por persona. Por el contrario, el gasto medio por estadía aumentó en los últimos años, según las series oficiales del ICT. En 2006, año base desde el cual se cuenta con información disponible, el gasto medio por visitante era de $1.256,7. En 2015 alcanzó aproximadamente $1.396 y, para 2025, se ubicó en $1.848.
Son cifras nominales en dólares, por lo que no bastan por sí solas para determinar cuánto del aumento corresponde a mayor consumo real y cuánto a incrementos de precios. Aun así, reflejan un cambio claro: el visitante actual deja más dólares por viaje, pese a permanecer menos noches en el país.
A esta situación se debe agregar un factor importante que es el tipo de cambio y su efecto cuando esos dólares turísticos se transforman en colones, usualmente para pagar salarios o insumos locales.
Si se toma el tipo de cambio de referencia para la venta de ¢455 por dólar (según el BCCR al 30 de julio de 2026) únicamente para expresar los montos en colones comparables, los $1.256 de 2006 equivaldrían hoy a cerca de ¢572.000.
Ahora bien, para tener un parámetro más claro es clave conocer cuantos colones representaron esos ingresos en el año en que se generaron: por ejemplo, el tipo de cambio al 30 de diciembre de 2006 fue de ¢520 por dólar y así los gastos promedio de los turistas fueron de unos ¢653.120.
En el caso vemos como pese a que el gasto de los viajeros era menor, producía más colones solamente por el efecto que ocasiona el valor del dólar en Costa Rica.
Para diciembre de 2015, el valor del dólar cerró en ¢545, por lo que el desembolso promedio por estadía ese año fue de casi ¢761.000. No obstante, los $1.396 de ese entonces serían hoy unos ¢635.000.
Finalmente, al cierre de 2025, el valor de la moneda estadounidense fue de ¢501, por lo tanto el gasto por turista rondó los ¢926.000. Entonces esos $1.848 del año pasado, al convertirlos en colones el 30 de julio de este año pasarían a ser cerca de ¢840.000.
Por el comportamiento de esos números sería posible decir que se produce un tipo de paradoja. Si bien el turista de hace años gastaba menos en promedio, producía más colones solo porque el dólar estaba a un precio mayor si lo comparamos con números actuales.
Hoy, con una tendencia muy clara a la baja del dólar en los últimos meses, aunque los viajantes gasten una cifra mayor en dólares, cuando esos recursos se convierten resultan menores con respecto a cuando se generaron.
En los tres ejemplos (2006, 2015 y 2025) cuando se comparan los colones generados por el turismo con el tipo de cambio del 2026, resulta un monto menor respecto al valor del dólar de ese año. Es correcto que los turistas gastan más, pero con la apreciación del colón esas divisas pierden potencia, no solo en el presente, sino si se comparan con resultados de hace décadas.
Los cambios no son solo numéricos o contables. Ahora el turista también encuentra una oferta más amplia y sofisticada: más opciones de hospedaje, tours especializados, servicios de bienestar, experiencias gastronómicas y actividades complementarias. Hace dos décadas, en una zona turística un visitante podía realizar un tour al día; hoy puede elegir entre dos o más actividades, según su presupuesto, intereses y tiempo disponible.
“Hemos visto que el turista nacional se ha hecho más conocedor, con más expertise y por ende requiere de unos nuevos servicios y mejor calidad de productos. Eso nos ha hecho a la vez pensar que las empresas de turismo tenemos que ir mejorando cada día y superando el servicio para que el mercado nacional, que es el más próximo y el más accesible, podamos tener mayor cantidad de gente posible dentro del país sin tener que salir a a buscar nuevos mercados”, destacó Erick Asch, propietario del hotel Divisamar en Quepos.
También ha cambiado el alojamiento. En 2005 era excepcional encontrar habitaciones con tarifas cercanas a $1.000 por noche. Actualmente existen establecimientos de esa categoría en distintas zonas del país, en particular en la península de Papagayo, donde se ha consolidado una oferta dirigida a viajeros de alto poder adquisitivo.
De paquetes largos a viajes más elegidos
Hace 20 años, el visitante internacional era más proclive a comprar un paquete relativamente estructurado: varios días de hospedaje, traslados, tours y recorridos por distintas regiones. La información disponible era menor, el peso de las agencias de viaje era mayor y la planificación dependía menos de plataformas digitales, reseñas, mapas en tiempo real y redes sociales.
Hoy el viajero puede diseñar su propio itinerario desde antes de salir de su país. Compara hoteles, alquileres vacacionales, actividades, restaurantes y rutas por medio de aplicaciones. Puede reservar una excursión con poco tiempo de anticipación, cambiar su recorrido durante el viaje o escoger una experiencia específica a partir de recomendaciones de otros visitantes.
Esa mayor capacidad de decisión ha contribuido a una segmentación más clara de la demanda. Hay turistas que mantienen el modelo de recorrer varias zonas del país durante 10 o 12 noches; otros prefieren instalarse en un solo destino, descansar y hacer excursiones de corta distancia. También hay visitantes que combinan naturaleza y aventura con bienestar, gastronomía, compras o experiencias de alto nivel.
El visitante sigue llegando a Costa Rica por su biodiversidad, sus playas, sus volcanes y su reputación como destino de naturaleza, pero la expectativa de confort también aumentó. El viajero actual espera carreteras de calidad razonable, reservas ágiles, servicios confiables, buena gastronomía, opciones de pago digitales y acceso estable a internet, incluso cuando su principal motivación sea desconectarse de la rutina.
“La conectividad digital también se ha convertido en un servicio esencial. El turista actual espera contar con internet estable y de buena velocidad, incluso cuando su principal motivación es descansar o disfrutar de la naturaleza. Existen visitantes que prolongan sus estadías o combinan sus vacaciones con responsabilidades laborales, tendencia que fue impulsada por el teletrabajo y por la legislación para nómadas digitales”, señaló Arnoldo Beeche, presidente de la Cámara de Hoteles.
Aunque los espacios de coworking no son aún un servicio predominante en todos los hoteles, la posibilidad de trabajar con comodidad puede influir en la decisión de viaje, sobre todo entre quienes combinan vacaciones con actividades laborales. Esa tendencia era prácticamente inexistente hace dos décadas.
La transformación también se observa en el tipo de visitante que repite. De acuerdo con Alberto López, gerente general del ICT, alrededor de 40% de los viajeros vuelve al país y, en promedio, lo hace siete veces. El dato refleja la capacidad de Costa Rica para atraer a un mismo visitante en distintas etapas de su vida: primero como pareja, luego con hijos, o más adelante en busca de descanso, bienestar o experiencias distintas.

“Cobra especial relevancia que la estadía no solo es muy alta, sino que también lo es el porcentaje de revisita, pues un 40% de los visitantes repite, y lo hacen en promedio siete veces, dejando muy clara la capacidad del destino por ofrecer nuevos productos, por reinventarse o por innovarse”, indicó López.
Dos formas de recorrer el país
El aeropuerto por el que ingresa el visitante también ayuda a entender cómo ha cambiado el perfil turístico. Desde la perspectiva de empresarios del sector, existen diferencias entre quienes aterrizan en el Aeropuerto Internacional Juan Santamaría, en Alajuela, y quienes llegan al Aeropuerto Internacional Daniel Oduber Quirós, en Liberia.
Ambos grupos comparten el interés por la naturaleza, la playa y la aventura, pero suelen recorrer el país de manera diferente. El visitante que ingresa por San José tiende a explorar más regiones: puede combinar el Valle Central con La Fortuna, Monteverde, el Caribe, el Pacífico Central, Manuel Antonio, el sur o Guanacaste. Su viaje es más itinerante y distribuye el gasto entre una mayor cantidad de comunidades y servicios turísticos.
En Guanacaste, en cambio, se ha fortalecido un producto más concentrado. El turista que entra por Liberia puede pasar una semana o poco más en un hotel o resort, visitar playas y realizar actividades en zonas cercanas, sin necesidad de recorrer una gran parte del territorio nacional. Esto no implica necesariamente un gasto menor. Una estancia en un hotel de lujo, con gastronomía, tours, transporte privado y servicios especializados, puede costar tanto como un recorrido de dos semanas por cinco o seis regiones.
En los últimos años, la llegada de cadenas internacionales y hoteles de alto nivel ha contribuido a atraer a un visitante de mayor poder adquisitivo, que concentra su consumo en la provincia y busca comodidad, exclusividad y experiencias cercanas al lugar de hospedaje.
“El mercadeo del país y su claro posicionamiento está enfocado en promocionar distintas regiones y lo conveniente de aprovechar el viaje para visitar tantas zonas como sea posible. La diferenciación de las experiencias que se viven en cada región sigue haciendo de Costa Rica un destino muy completo con una propuesta de alto valor para el visitante”, comentó Rolando Campos, miembro de la junta directiva de Canatur.
La coexistencia de ambos modelos —el viaje itinerante y el viaje concentrado en una zona— es una de las características del turista actual. El país puede captar tanto al visitante que quiere ver volcanes, bosques y playas en un mismo itinerario como al que busca descansar en un solo punto, con estándares elevados de hospedaje y servicios.
Nuevas opciones para dormir
Otro cambio relevante es la transformación de la oferta de hospedaje. La hotelería tradicional mantiene un papel central, pero en los últimos cinco años ha crecido la utilización de apartamentos, villas, casas y otras alternativas gestionadas mediante plataformas digitales de estadía.
El ICT registra 664 empresas de hospedaje con declaratoria turística en operación y 36 en proyecto, con alrededor de 27.000 habitaciones disponibles. Sin embargo, la institución no dispone de datos suficientes para estimar con precisión cómo se ha redistribuido el mercado entre la hotelería tradicional y el alquiler vacacional.
Para el visitante, esa diversidad amplía las posibilidades. Una familia puede preferir una casa con cocina y varios cuartos; una pareja puede buscar un hotel boutique; un viajero de alto gasto puede optar por un resort; y quien combina vacaciones con trabajo puede inclinarse por un apartamento con buena conectividad.
Desde la óptica de los hoteles, el crecimiento de los alquileres residenciales plantea una discusión sobre las condiciones de competencia. El sector sostiene que hoteles y hospedajes de plataforma no siempre están sujetos a las mismas obligaciones regulatorias, tributarias y operativas. Para el turista, no obstante, el resultado inmediato es una mayor variedad de precios, ubicaciones y formatos de viaje.
La multiplicación de alternativas también modifica la manera en que se reparte el gasto. El visitante puede contratar por separado alojamiento, transporte, alimentación y tours, en lugar de adquirir un paquete único. Eso ofrece más libertad, pero puede hacer más difícil medir con precisión cuánto invierte en cada rubro y qué proporción de ese gasto llega a empresas locales.
Para Gabriela Martínez, gerenta del hotel Mar Rey ubicado en el centro de Tamarindo, es posible que los turistas ahora gasten más que en el pasado, pero cree que este podría ser un reflejo del aumento en el costo de la vida de Costa Rica. Otro de los grandes cambios señalados por Martínez es la incorporación al mercado de las aplicaciones de hospedaje o alquileres vacacionales (Airbnb).
Este fenómeno vino a reacomodar el negocio y a engrosar una oferta que antes estaba dominada por los hoteles. Es posible que lleguen más visitantes al país e incluso a Guanacaste por medio del aeropuerto de Liberia. No obstante, hoy ese número más alto se diluye en un universo más amplio de oferta, explicó Martínez, quien tiene 15 años de estar ligada al sector. “El año pasado me enteré de la incorporación de más de 3.000 unidades de hospedaje cerca de Tamarindo ligadas a las aplicaciones” detalló.
Más conectividad, mayores exigencias
Estados Unidos continúa siendo el motor histórico del turismo hacia Costa Rica y representa más de 60% de los viajeros que ingresan por vía aérea. Canadá y Europa han sido relevantes no solo por el número de visitantes, sino por su contribución a una demanda más distribuida a lo largo del año.
A partir de 2016 aumentó la conectividad desde Europa, con vuelos directos desde países como España, Reino Unido, Alemania, Suiza, Francia y Países Bajos. También se consolidó la conexión con siete ciudades canadienses operadas por las principales aerolíneas de ese país. La mayor disponibilidad de rutas ha permitido que Costa Rica sea más accesible para mercados que antes dependían de conexiones más largas o complejas.
Esa conectividad coincide con un viajero más informado, más exigente y con capacidad de comparar el destino con otras alternativas de la región. El desafío consiste en que el mayor precio de las vacaciones sea coherente con la experiencia recibida.
El sector turístico advierte que la apreciación del colón, la percepción de inseguridad y las deficiencias de infraestructura pueden afectar la competitividad. Las empresas que cobran en dólares reciben menos colones por sus ventas, mientras enfrentan costos locales que se mantienen o aumentan. Al mismo tiempo, el visitante espera una red vial funcional, aeropuertos con capacidad suficiente y condiciones de seguridad acordes con el precio que paga.
Costa Rica ha logrado posicionarse como un destino que puede captar mayor gasto por visitante, pero el reto no es solo atraer a un turista de alto poder adquisitivo: es ofrecerle una experiencia que corresponda con sus expectativas y que le dé razones para volver.
“En los últimos veinte años el turismo nacional se ha vuelto, en primer lugar, más exigente. Busca no solo precio accesible, sino también comodidad y buen servicio, y no le da miedo exigirlo cuando no llega a su standard. Por otro lado, también tenemos hoy un turista nacional mucho más consciente, entiende de conservación y de responsabilidad ambiental, y está más dispuesto a cumplir con las reglas sobre manejo de flora y fauna silvestre, manejo de desechos en áreas protegidas, apoyo a productores y trabajadores locales, etc”, destacó Maricruz Pereira, de la empresa Unique Adventures.
Veinte años sí son algo en el turismo costarricense. El visitante de mediados de la década de 2000 venía principalmente a descansar y a conocer playas, selvas y volcanes mediante viajes largos y recorridos extensos. El de 2015 comenzó a escoger con mayor precisión y a combinar naturaleza con servicios de bienestar. El de 2025 continúa buscando la esencia natural del país, pero permanece menos noches, puede recorrer menos destinos y concentra más gasto en hospedaje, gastronomía, tours especializados y experiencias premium.
