Por: Ligia Olvera 19 agosto, 2012

Hace un par de semanas me escribió un cliente desde Asia; lo que estaba viviendo allí, era un sueño imposible para él hace tres años y compartía su felicidad y satisfacción conmigo que le he acompañado a lo largo del camino. A mi hija esta semana se le otorgó el máximo reconocimiento académico en el colegio y lo logró simultáneamente al enfrentar un reto personal grande. Esta semana atendí a un cliente corporativo el cual, ante todo pronóstico (contexto, fusión, crecimiento sostenido, etc.) logra sobrepasar las metas que se esperaban.

El premio de mi hija me conmovió hasta las lágrimas; mi cliente me hizo sentir feliz por él y el potencial que le veo (también por mi trabajo que se refleja creo en su capacidad de soñar y lograr trabajar para “vivir” los sueños); el cliente corporativo, es un ejemplo positivo de integración, trabajo en equipo, confianza, valores claros y creatividad. Es un ejemplo, que demuestra, que pese a los tiempos difíciles, como dicen los fanáticos del foot en el estadio “si se puede.

Cuando he viajado a Europa y visitado museos y tomado conciencia del valor monetario de lo que tengo enfrente, el impacto y la influencia de algunas obras en el acervo cultural humano, reflexiono sobre cómo fue posible que personas como Vincent Van Gogh cuyos cuadros son tan cotizados hoy (y que me gustan tanto), vivieran de alguna forma marginados, sin tener el reconocimiento que merecía su trabajo en vida.

A veces, cuando tenemos muy “cerca” a alguien nos cuesta percibir su valor, lo damos por sentado, nos sentimos tan cómodos en su presencia que no la valoramos.

Le invito a que revise el inventario de personas claves en su vida y determine qué tan bien está valorándolas. ¿Se sienten apreciadas por usted? ¿Se sienten bien tratadas? ¿Usted es agradecido con ellas, considerado(a)?

Cuando la persona deja de estar, existir, o simplemente se nos va (de la empresa, de la casa, de la familia o de nuestra vida) es entonces cuando nos damos cuenta de su valor. Pero muchas veces, ya entonces es demasiado tarde para recuperarla. Hoy lo invito a reflexionar en el tema para que no le pase (otra vez). No siempre se puede reparar la historia.

Otro tema muy relevante relacionado que me ronda en la cabeza esta semana a raíz de mis clientes y mi hija, es el tema de ser coherente apreciando a otros, iniciando por apreciarnos a nosotros mismos. La mayoría venimos al mundo, como gente promedio, común y corriente con la opción de potenciar nuestra vida común en una vida extraordinaria.

¿Cómo se vive una vida extraordinaria partiendo de ser un ser común?

Yo creo que trabajando fundamentalmente en dos dimensiones: la autenticidad y la resiliencia.

Ser auténtico se oye fácil pero reside en conocerse a uno mismo y en poner nuestros mejores talentos (para eso hay que reconocerlos) en uso y servicio de los demás. Ser resiliente es la capacidad para enfrentar la adversidad. La vida es dura para todos, pero los resilientes logran resistir y reinventarse o re-enfocar el análisis de situaciones que parecen muy difíciles.

Una persona que es auténtica en general, sufre los embates, pero tiene mayor capacidad para ser resistente ante los mismos. Así se amarran ambas dimensiones.

Los dejo con un video Vidas Extraordinarias vividas por Gente Común, ayudará a inspirarse y a que me capten mejor la idea. Buena semana…