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La adopción de la tecnología en el sector público debe centrarse en el ciudadano

La transformación de los gobiernos forma parte fundamental de un mundo cada vez más digital y global.

La sola adopción de tecnología no basta para detonar el verdadero potencial del gobierno; el poder de la data con analítica avanzada e inteligencia artificial permite a los gobiernos generar nuevos servicios, así como diseñar políticas públicas basadas en información real. Las alianzas público-privadas han demostrado ser potentes motores de cambio en la región y contribuir a cerrar las brechas de inequidad.

La acelerada digitalización durante el COVID impulsó transformaciones, pero hay aún un gran potencial. Sobre esto conversa Pedro Uribe, quien es el director regional para el sector público de América Latina y el Caribe de Microsoft.

¿Cuáles son los principales hallazgos que deja la pandemia para los gobiernos en relación con la tecnología?

Lo que aprendimos los gobiernos y las empresas es que, para lo que viene de aquí en adelante, se requiere la disponibilidad para adaptarse. El Covid fue una crisis global, estamos en plena recuperación económica, pero luego vendrán el cambio climático y seguramente otras crisis más. La lección que nos dejó esta etapa tan retadora es que los gobiernos deben dotarse de herramientas que les permitan ser flexibles, adaptarse y ser resilientes.

Sin embargo, la transformación digital va más allá de la adopción de herramientas. Hubo mucho “maquillaje digital” donde algunas organizaciones, movidas por la necesidad, adoptaron tecnología para trabajar remotamente, un fin sin duda importante pero insuficiente para detonar una verdadera transformación. Muchas organizaciones no adaptaron realmente su forma de operar, no tenían lista la regulación, ni una política pública, o reglamentaciones que los habilitaran para sacarle todo el provecho a la digitalización, o, lo más importante: una mentalidad digital… Una cosa es adaptar tecnología, otra cosa es transformar y rediseñar la forma en que se conciben, operan y miden los servicios a los ciudadanos.

Estamos entendiendo el verdadero valor de los datos, hoy los gobiernos saben dónde estamos, cómo vivimos, si pagamos impuestos, muchos de ellos ya cuentan con información bastante completa, pero aún hay una gran oportunidad de usarla para generar nuevos y mejores servicios, o ser más predictivos. El poder de la data con analítica avanzada e inteligencia artificial permite a los gobiernos generar nuevos servicios, diseñar políticas públicas basadas en información real.

Por supuesto, hay temas sobre los cuales debemos prestar especial atención: vimos vulnerabilidades en ciberseguridad, pues los ciberataques se multiplicaron en todo el mundo con el aumento de la digitalización y no podemos dejar puertas abiertas. Por ejemplo, cuando automatizamos infraestructura crítica, como la red eléctrica o la red de acueductos o la red de distribución de combustible, tener planes de protección de infraestructura crítica es de la mayor relevancia. También vimos cómo, con la pandemia, se empezaron a usar cada vez más nuevas tecnologías, como el reconocimiento facial. La pregunta es qué tan responsables vamos a ser con esas tecnologías, con la privacidad y la data. Esos son debates que debemos dar para poder poner a las personas, a los ciudadanos, como la prioridad.

Dentro de esta dinámica, ¿cuáles fueron las tendencias que sirvieron mejor para que los países pudieran seguir adelante?

Las organizaciones que permitieron que el mundo siguiera operando cuando todo se detuvo son aquellas que tenían la computación en la nube o que ajustaron sus regulaciones para adoptarla. En el contexto de la crisis de salud, el Internet de las cosas ha ayudado mucho para saber si estamos en ambientes seguros o no, si hemos estado en cercanía a personas que han dado positivo en un test de COVID. La inteligencia artificial ayudó a desarrollar más rápidamente las vacunas. Las herramientas predictivas permitieron calcular mejor la dotación de los hospitales y los sistemas de vacunación. Los gemelos digitales -que hacen una réplica de una ciudad del mundo real en el mundo digital-, permiten hacer simulaciones, como con el manejo de flujo de tráfico, o el desplazamiento de personas y, en Europa, permiten hacer simulaciones para prevenir catástrofes, cuando viene una inundación, por ejemplo.

Esto ya no es del futuro. Los gobiernos deben estar movidos por datos y algoritmos; si tienen una política pública adecuada, con los datos ayudan a ver hacia dónde moverse, medir impacto, con data dura y -lo más importante- siempre poniendo al ciudadano en el centro.

¿Cómo es que Microsoft consigue establecer estas alianzas público-privadas?

Otra de las grandes lecciones de esta crisis de salud pública es el poder de las alianzas: traer al gobierno, al sector privado y a la sociedad civil a trabajar juntos es una forma potente de enfrentar los grandes desafíos de la sociedad y de asegurarnos de empoderar a todas las personas, sin dejar a nadie atrás. Si bien somos una empresa comercial, también celebramos acuerdos que no tienen ánimo de lucro y que son del interés común, como ciberseguridad, conectividad de áreas remotas, sostenibilidad, entrenamiento en habilidades digitales.

En conectividad, por ejemplo, a través de los espacios en blanco de televisión (aquellos espacios del espectro electromagnético que no están en unos por los canales de televisión) llevamos internet de alta velocidad a las áreas más remotas de Latinoamérica y complementamos esa conexión a la red con programas de educación de telesalud e impulso a proyectos productivos. Lo hemos hecho, por ejemplo, en Colombia, en Guatemala, en Chile o Ecuador, llevando internet a lugares donde sólo se llega en mula. Hemos podido empoderar y conectar a los cafeteros locales de Colombia con los agrónomos en Italia, de la Fundación Lavazza, para producir café de exportación de altísima calidad y totalmente ecológico. Allí mismo conectamos el centro de salud para habilitar la telemedicina y conectamos las escuelas de la región para impulsar la educación.

Todo esto ocurre porque estamos convencidos de que todos debemos participar en la solución de nuestros grandes desafíos sociales. No podemos ser competitivos, transformarnos como sociedad, ni asegurar el bienestar de nuestra región si no contribuimos a cerrar las brechas de la inequidad.

En otras áreas tenemos una iniciativa que se llama “IA por la tierra” con el foco en la sostenibilidad. A través de este programa asesoramos y financiamos programas para la producción sostenible, la conservación de la biodiversidad y para la lucha contra el cambio climático. También ponemos la Inteligencia Artificial al servicio del bien común con nuestros programas de “IA para el bien”. Evaluamos proyectos para darles recursos en áreas como el uso de IA para los derechos humanos, protección del legado cultural o la discapacidad. Fruto de este programa hemos apoyado la creación de un bastón con IA para personas con discapacidad visual para que recorran la ciudad guiados por la inteligencia artificial, o una aplicación que “narra” el mundo exterior a quienes no pueden ver y deben ir a un mercado, un restaurante o tomar un autobus. Todas estas son alianzas que tenemos en el sector privado. En otros casos lo hacemos con la academia y la sociedad civil, con los gobiernos.

¿Cómo se puede cerrar esta brecha desde la parte educativa?

Microsoft ha unido fuerzas con casi todos los ministerios de educación de Latinoamérica para que la tecnología llegue al aula de clase, y también para transformar los métodos pedagógicos, capacitando a los maestros para que puedan ellos mismos ser más innovadores, poniendo a su disposición software de última generación para que construyan y creen nuevos métodos de aprendizaje para el Siglo XXI. Un reciente estudio del Diálogo Interamericano demostró que en nuestra región los principales obstáculos que enfrentó la educación durante la crisis fueron, como ya lo sabíamos, la conectividad, pero también, y en casi igual proporción, la falta de habilidades digitales de los maestros para usar las herramientas de manera eficaz y creativa y construir nuevas propuestas pedagógicas. Nos hemos ocupado de conectar escuelas, como comentamos anteriormente, y también de capacitar maestros. En Costa Rica y en Panamá este programa ha sido muy potente y aún continúa. En El Salvador, por ejemplo, más de un millón de estudiantes recibirán equipos de última generación dotados con nuestro software para asegurar que tengan el acceso a las mejores metodologías y contenidos educativos.

También hemos puesto a disposición del público y de numerosas entidades públicas en la región de manera gratuita nuestras plataformas de formación, como Microsoft Learn o Linkedin Learning, donde las personas pueden aprender y desarrollar habilidades digitales que les permitan tener más oportunidades en un mundo que requiere cada vez más talento digital y que, al mismo tiempo, está luchando contra el desempleo.

Más allá de los programas individuales, en Microsoft creemos en un concepto de educación centrada en el alumno, así como en capacitación de nuevos modelos educativos para el sector privado y el sector público. Así es como se transforma a un país.

¿Cuál es el proceso usual que conlleva el establecimiento de estos acuerdos?

Hemos firmado memorandos de entendimiento con los gobiernos para colaborar allí donde éstos consideran que Microsoft puede agregar más valor. No buscamos forzar nuestra tecnología, sino más bien de capacitar, compartir las experiencias y buenas prácticas que tenemos para ponerlas a disposición de los gobiernos.

Cada gerente de país de Microsoft tiene la responsabilidad de desarrollar un plan de nube y de inteligencia artificial que impulse las oportunidades de transformación y competitividad en el país. Es un ejercicio en el cual entendemos las posibilidades, evaluamos qué podemos poner sobre la mesa y sobre eso desarrollamos un plan específicamente diseñado para la realidad del país, con una idea transversal de generar bienestar y desarrollo económico y humano.

¿Cuál proyecto de éxito puede citar en esta línea?

El impacto que hemos tenido con los proyectos de colectividad de Espacios en Blanco de Televisión se ve en toda la región: Colombia, Chile, Centroamérica, Ecuador, Jamaica. Son proyectos de gran impacto en los que cerramos brechas, por ejemplo en la educación, conectando a escuelas remotas.

Hace unas semanas celebramos un acuerdo con MINCIIT para entrenar y capacitar a los servidores públicos y las entidades del Estado en ciberseguridad para crear un espacio digital más seguro en Costa Rica. Un par de meses antes iniciamos un programa de capacitación con el INA para desarrollar habilidades 4.0 para los jóvenes costarricenses. Durante la pandemia, prácticamente a todos los gobiernos de la región les dimos acceso gratuito a Teams para que pudieran seguir operando de forma remota.

¿Con todos estos avances, se podría hablar de que los gobiernos ya están listos para seguir avanzando o están en un proceso de entendimiento?

La pandemia nos tomó por sorpresa a todos, y aunque había organizaciones más avanzadas en su proceso de transformación que otras, todos seguimos aprendiendo, entendiendo y reaccionando. Los gobiernos han tenido un proceso veloz de aprendizaje; no todos estaban tan preparados. Hay algunos que, a pasos forzados lo aprendieron y encontraron grandes oportunidades de prestar mejores servicios, hacer mejores políticas públicas, optimizar sus procesos y acercarse a los ciudadanos. Muchos gobiernos ya están enfocados en la visión de nube primero y ya están aplicando proyectos transformadores como identidad digital, o portal único, para realizar todos los trámites en un solo sitio. La región está avanzando. Con alianzas con el Banco Interamericano de Desarrollo y Microsoft pusimos un sistema en código abierto para digitalizar trámites de gobierno en varios países, para que puedan transformarse y se digitalicen.

Hay otros temas que son fundamentales, con los cuales trabajamos de manera muy determinada con los gobiernos y los organismos multilaterales, como el uso responsable de la inteligencia artificial, la ética en la implementación de herramientas como el reconocimiento facial, o la implementación de políticas de datos abiertos que son una gran fortaleza para los gobiernos, de la academia y del sector privado.