La exministra de Cultura francesa, Roselyne Bachelot, que ocupó el cargo entre julio de 2020 y mayo 2022, ajusta cuentas con el sector y con sus propios colegas políticos en un libro de memorias sulfuroso recién publicado.
"Esnobismo arrogante", "fortalezas clientelistas" y unos creadores malagradecidos que solo hacían que pedir: Bachelot reparte calificativos en ese libro, "682 jours" (Plon), que repasa el dramático periodo que vivió la cultura francesa durante el covid-19.
La ministra critica a los artistas "más ricachones", que se quejaron excesivamente, a su juicio, a pesar de las ayudas masivas al sector.
Por ejemplo, "el resentimiento" de la cantante Clara Luciani, que había ironizado sobre las supuestas "vacaciones" de Roselyne Bachelot en agosto de 2020, o las "declaraciones desconsideradas" del cantante y compositor Benjamin Biolay.
"¡Me ha dejado a pan y agua!" le dijo Biolay públicamente.
"Su tostada estaba bien untada, de ambos lados", replica en su libro de memorias la exministra.
"A lo largo de esta crisis me quedé anonadada ante el doble lenguaje de este mundillo. Cuando pasabas a saludar a los artistas en sus camerinos, todo eran agradecimientos. En cambio, en la televisión y en la radio desplegaban todo su rencor y su victimización", asegura.
Los ataques más duros son contra el cine francés, tras la gala anual de premios César en 2021.
"Uno podría esperar del mundo del cine, atiborrado de dinero público, si no algo de agradecimiento (¡si no es mucho pedir!) como mínimo un saludo breve y cortés a la representante del Estado", critica.
"La famosa 'excepción cultural' permite efectivamente a muchas películas francesas 'no hallar su público', como se dice púdicamente, o más explícitamente, ser un fiasco", reflexiona.
"El sistema permite por otra parte a los actores principales cobrar unos sueldos astronómicos, tres o cuatro veces superiores a los de los actores del cine independiente estadounidense", asegura.
"Las subvenciones directas, avances sobre taquillas, exoneraciones fiscales (...) han creado una economía asistida que no solamente no se preocupa del gusto de los espectadores, sino que declara su desprecio por las películas taquilleras", lanza Bachelot, con una larga carrera ministerial a sus espaldas.
La "excepción cultural" francesa, es decir las ayudas a todos los sectores (audiovisual, patrimonio, etc) y su defensa frente al dominio anglosajón es una de las peculiaridades políticas del país, elogiada y criticada por igual más allá de sus fronteras.
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