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Ni la lluvia suspende el eterno aD10s a Maradona

"Aquí descansa D10S", anuncia una enorme pintada frente al cementerio privado de Bella Vista, en las afueras de Buenos Aires, donde están enterrados los restos del legendario Diego Maradona. Allí, fanáticos del exfutbolista desafían la lluvia para homenajearlo al cumplirse este jueves un año de su muerte.

"Diego era el dios del fútbol y a todos los que le gusta el fútbol sabemos lo que perdimos. El Diego era nuestro, del pueblo. Nos dio alegrías y tristezas cuando estuvo mal y sufrimos. Diego era así", dice a la AFP Jorge, un hincha de Independiente que vive a 10 cuadras de la necrópolis.

El hincha exhibe un cartel con enorme foto de Maradona alzando la copa del mundo en México-1986 y un mensaje: "D10S, Gracias eternas".

El cementerio privado no permite el acceso al público. Solo familiares. Por la mañana, estuvo en la tumba Verónica Ojeda, la madre de Diego Fernando, el menor de los hijos de Maradona.

Más tarde pasaron Lalo y Elsa, dos de sus hermanos. Estuvieron sentados en el césped, cerca de la lápida, adonde se veían muchas flores. Se retiraron sin hablar con la prensa.

En un mural firmado por el artista plástico Damián Ferro y titulado "Sembró alegría en el pueblo", están retratados los hitos de la vida del 10.

Jonatan Luna tiene puesta una camiseta de Gimnasia y Esgrima La Plata, el último equipo que dirigió Maradona antes de morir el 25 de noviembre de 2020. Coleccionista de camisetas, Jonatan muestra una casaca original de la selección argentina autografiada por el '10'.

"Hoy es un día triste, pero tratamos de recordarlo de la mejor manera para que no sea un día gris como hoy", dice Luna. "Diego era todo. Un día lo amabas, el otro día lo odiabas, otro día lo querías ver ahí y otro no lo querías ver", sostiene.

A unos 55 km del cementerio, en el barrio de Villa Fiorito, la cuna del '10', la emoción también está a flor de piel.

En ese barrio pobre al sur de Buenos Aires, vivió su infancia y juventud hasta que pudo cumplir su sueño de comprarles una casa a sus padres, Doña Tota y Don Chitoro, en un barrio acomodado.

El rostro de Maradona también esta pintado en el frente de su casa de infancia, ahora ocupada por un vecino que la cuida de los curiosos y declarada semanas atrás como "lugar histórico nacional".

"Gracias por haber jugado al fútbol", reza una placa. En la reja que protege la casa hay banderas argentinas. "Nos diste el cielo", se lee en un papel olvidado en la tierra.

En un momento, un hombre baja de una camioneta. Se acerca a la reja, apoya su cabeza, llora. Es José María Fernández, un fanático de 45 años que tiene puesta una camiseta con la cara del 10. Vive en la capital. Es la primera vez que se acerca a la humilde casa de Villa Fiorito.

Fernández evoca el partido en que Argentina derrotó a Inglaterra (2-1) en el Mundial de México, aquel de la mítica 'mano de Dios' y el del mejor gol de la historia de los mundiales: "Fue una venganza del pueblo por la guerra de Malvinas (de 1982). Maradona fue la voz del pueblo argentino. Vamos a extrañarlo y amarlo toda la vida", dice emocionado a la AFP.

A la vuelta se asoma una anciana. Con sus 89 años, Santa Obes recuerda a Diego pequeño que jugaba todo el día a la pelota. Y a toda la familia también. "Eran todos muy buenos", sostiene.

"Era una maravilla jugando. En el Mundial cuando agarraba la pelota, era seguro (un gol). Difícil que vaya a salir otro jugador como Maradona, ojalá", dice.

El campo de juego de tierra alguna vez albergó las jugadas del Diego niño. En las puertas de "El potrero de D10S", como reza en la entrada, un mural retrata a Maradona pasando una pelota al astro Lionel Messi, su heredero. Al costado se lee: "Nos deja pero no se va porque el Diego es eterno".

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