Por: Laura Ávila.   22 julio, 2019
El Huawei Mate10 Pro registra el comportamiento de la persona y, con base en eso, crea modelos predictivos de uso.
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Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, que meses atrás tuvieron un punto crítico con la estocada que Google le dio a Huawei, producen un panorama más adverso para la ralentizada producción nacional.

En enero, el Banco Central de Costa Rica (BCCR), en el programa macroeconómico 2019-2020, aceptó que el “recrudecimiento de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y otras grandes economías” era uno de los principales riesgos externos para la economía nacional.

El conflicto entre las potencias podría cambiar las previsiones del entorno macroeconómico, algo que no sería descabellado si se analizan los antecedentes.

En el 2018 la disputa comercial dejó como saldo aranceles del 25% sobre los productos asiáticos, por un valor de $200.000 millones, por parte de Estados Unidos. China no se quedó de brazos cruzados y contraatacó con gravámenes sobre productos norteamericanos valorados en $60.000 millones.

Y aunque Costa Rica no está en la mira de las potencias, sí experimenta efectos secundarios. Tener a las dos potencias – que son, además, importantes socios comerciales– en un constante ajedrez arancelario produce incertidumbre y hace tambalear el bienestar de las economías.

Según la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), la nación norteamericana es el principal mercado de exportación y en el 2018 las ventas dejaron divisas por $4.401 millones.

Por su parte, China es el principal socio en materia de importaciones y el año anterior el país destinó $2.287 millones en compras a esa nación asiática, de acuerdo con el portal estadístico de Procomer.

Daños colaterales

Costa Rica padece los efectos secundarios de la guerra arancelaria, los cuales aumentan conforme pasa el tiempo.

En marzo del 2018 el país adoptó los aranceles que Estados Unidos impuso a las exportaciones de aluminio (10%) y acero (25%), una medida sorpresiva de la que no se pudo escapar, a pesar de que el país alegó que las ventas no atentaban contra la seguridad nacional de la potencia norteamericana.

A poco más de un año, las ventas de ambos productos muestran una disminución en el mercado estadounidense.

En el 2018, la cifra exportada de acero fue de $45,1 millones y experimentó una contracción del 10,46% con respecto al 2017, cuando el monto de ventas fue de $50,4 millones, según Procomer.

Las transacciones de aluminio, por su parte, representaron un monto exportado de $10,1 millones en el 2018, lo que implicó una caída del 26% si se compara con el 2017, cuando el valor de ventas fue de $13,6 millones.

Este año el país no recibió una sanción directa, pero tembló ante las posibles repercusiones del efímero veto que recibió Huawei.

El lastre de la incertidumbre

Los vaivenes entre las potencias mundiales siembran incertidumbre en el panorama internacional y repercuten en el comportamiento de las economías globales.

Cuando se dan trabas arancelarias –como las actuales– disminuye el comercio internacional, de acuerdo con el economista Melvin Garita.

La expansión económica mundial “se enfrió” en el segundo semestre del 2018, luego de un crecimiento que duró cerca de dos años, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El dinamismo mundial se mantuvo en 3,8% en el primer semestre del 2018, pero cayó a 3,2% en la segunda mitad de ese mismo año. Algunas de las causas de esto son el recrudecimiento de las tensiones arancelarias, la disminución de la confianza de las empresas y una mayor incertidumbre.

“¿Cuánto de eso daña el comercio?, ¿cuánta incertidumbre pone?, cuántos proyectos se dejan de desarrollar?”, cuestionó Alexander Mora, exministro de Comercio Exterior.

Desde la perspectiva del comercio internacional, la guerra arancelaria no ha impactado los montos totales de las exportaciones costarricenses, al menos por el momento.

En el 2018 las ventas hacia Estados Unidos dejaron divisas por $4.401 millones y crecieron 5,6% con respecto al 2017, cuando la cifra fue de $4.168 millones, según Procomer.

Entre tanto, el intercambio comercial con China continúa in crescendo. El año anterior, el monto total exportado fue de $194 millones, lo que implicó un dinamismo del 74% si se compara con el 2017, cuando fue de $111 millones.

Si China y Estados Unidos pierden el ritmo de crecimiento, las ventas costarricenses podrían sufrir un impacto negativo, señaló el exministro de Comercio Exterior.

Sin embargo, ese no parece ser el caso de Estados Unidos, cuya economía se aceleró más de lo previsto en el primer trimestre del año, cuando alcanzó el 3,2% interanual frente al 1,9% estimado por los especialistas, de acuerdo a la agencia AFP.

Entretanto, durante el 2018 China experimentó el crecimiento más bajo en casi treinta años, producto de los conflictos comerciales.

Conforme pasan los meses, el presidente Donald Trump no da tregua; a finales de mayo anunció impuestos progresivos a México hasta que se detenga el flujo de inmigrantes indocumentados hacia Estados Unidos.

La Casa Blanca informó que, a partir del 1.º de julio, los aranceles aumentarán 10% y tendrán incrementos de 5% cada mes hasta alcanzar el 25% el 1.º de octubre.

A pesar de que las guerras comerciales no son nuevas, los actores parecen no aprender las lecciones del pasado, ya que la antesala a la histórica depresión de los años treinta fue, justamente, una escalada en las barreras arancelarias.

No obstante, el ajedrez, al parecer, no tendrá tregua en el corto plazo.