Si usted recorre las principales rutas de Costa Rica en estos primeros días de 2026, es probable que se tope con maquinaria pesada interviniendo carreteras, cuadrillas municipales reparando aceras o proyectos de acueductos en plena ejecución.
Sin embargo, esa actividad en las calles es solo una cortina que oculta una realidad mucho más preocupante en los terrenos privados. Detrás de las vallas publicitarias y los lotes baldíos, los grandes proyectos empresariales —esos que suelen ser el termómetro real de la confianza del inversionista— ponen el freno de mano, dejando en el tintero la edificación de nuevas naves industriales y locales comerciales.
Esta desconexión entre lo que construye el Estado y lo que dejan de construir los empresarios generó una grieta estadística. Mientras el dinero público fluye para mantener los indicadores a flote, el capital privado se ha retraído con tal fuerza que terminó por arrastrar a toda la industria hacia números negativos, revelando una parálisis en la infraestructura productiva que los arreglos viales ya no logran disimular.
La actividad constructora en Costa Rica registró una variación interanual negativa del 3,3% según los datos del Banco Central de Costa Rica. Esta cifra se desglosa del Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) correspondiente al último trimestre de 2025.
El comportamiento del sector muestra una diferencia marcada entre la ejecución de proyectos estatales y los de origen empresarial. La autoridad monetaria confirma una reducción neta en la edificación total a pesar del crecimiento económico general del país.
El informe técnico detalla que “la producción de la actividad de la construcción disminuyó 3,3%, explicado por la reducción en obras con destino privado (-6,8%)”. Este dato refleja una menor actividad en proyectos no residenciales de gran escala.
La contracción del 6,8% en el segmento privado se concentró específicamente en “naves industriales e infraestructura vinculada al comercio”. Estos proyectos incluyen la edificación de locales y centros comerciales en diversas zonas del país.
Esta parálisis en la infraestructura comercial impacta directamente a las personas que dependen de la expansión de servicios y nuevos puntos de venta. La menor oferta de locales puede limitar las opciones de consumo y la generación de empleo en el sector comercio.

En contraste con el freno en la inversión empresarial, la infraestructura estatal registró un incremento de doble dígito en su ejecución. El reporte del BCCR confirma que “la construcción con destino público creció 13,1%”.
Este crecimiento del 13,1% se atribuye a una “mayor ejecución de obras municipales, acueductos y alcantarillados, y proyectos de generación eléctrica”. También se reportó un avance en obras del Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT).
Este repunte en la obra pública funciona como un maquillaje estadístico que evita una caída más estrepitosa del sector; el dinamismo estatal en acueductos y vías no logra sustituir la falta de inversión privada en naves industriales y centros de comercio.
La falta de nuevas naves industriales compromete la capacidad logística necesaria para el crecimiento del régimen definitivo. Este sector de la economía mostró un crecimiento moderado del 2,6%, inferior al desempeño de otros regímenes.
El Banco Central vincula la desaceleración de este régimen con el “menor avance en la construcción con destino privado”. Esta situación afecta la competitividad de las empresas locales que requieren infraestructura moderna para operar.

Por otra parte, el componente residencial del sector construcción reportó indicadores distintos a los proyectos industriales. El análisis presenta “señales de recuperación en la construcción de viviendas de interés social”.
También se registró un avance en la edificación de torres de apartamentos y viviendas para ingresos medios. No obstante, este repunte habitacional no es suficiente para revertir la caída observada en los grandes centros de comercio.
Las estadísticas confirman que la obra pública evitó una contracción mayor de la industria de la construcción en 2025. El sostenimiento de la actividad estatal es el principal motor que mantiene el nivel de producción actual del sector.
