Por: Diego Salto.   8 febrero

El actual sistema tributaria no solo es complejo e incierto, sino también costoso de cumplir para el contribuyente. Por ello, le principal recomendación que, como profesional o empresario, debe recibir es: “simplifique su estructura y su negocio”.

Por muchos años, la utilización de sociedades se extendió indiscriminadamente en nuestro país, llegándose a utilizar una sociedad por cada bien personal, tales como un carro, una moto o un lote, entre otros. Asimismo, las empresas se acostumbraron a utilizar diversas sociedades para todo: una entidad holding, una entidad por línea de negocio, una diferente por cada proyecto, una para las planillas y así sucesivamente.

Las reformas fiscales implementadas en los últimos años generaron muchas nuevas obligaciones materiales y formales. La practicidad y el costo fiscal deben prevalecer sobre la estética corporativa: menos es más. Son varias las razones que justifican este nuevo enfoque.

Simplifique su estructura, reduzca costos fiscales y elimine sociedades innecesarias.

Primero, el costo fiscal directo de tener varias entidades. La incorporación del impuesto al valor agregado (IVA), con la extensión de gravamen a los servicios, hace que existan costos asociados a la prestación de servicios intercompañía (servicios, planillas) que generan IVA que –en muchos casos- no pueden acreditarse.

Asimismo, algunas características del anterior sistema han cambiado. Por ejemplo, antes de la reforma, todos los dividendos pagados entre sociedades ticas, estaban exentos del 15% de impuesto. Hoy en día, esa exención solo es aplicable cuando la receptora (sociedad matriz) realiza una actividad lucrativa.

De igual manera, todas las transacciones de bienes y servicios entre cualquier parte vinculada, debe regirse por las normas de precios de transferencia. Por lo tanto, si su empresa centraliza la administración (finanzas, contabilidad, tecnología, legal, comercial u otros) en una sola entidad, debe cumplir con esta normativa.

Segundo, las obligaciones formales son cada día más, lo que genera complejidad y mayores costos: Registro de Accionistas, Registro de Sociedades Inactivas, presentación del AMPO, Impuesto a las Sociedades, así como más Formularios y Declaraciones, entre otros.

No hay recetas únicas, ni se pueden prever de antemano los criterios de la Administración en esta nueva realidad incierta, costosa y –en muchos casos- arbitraria. No obstante, todo contribuyente debe replantear la simplificación de su estructura, tomando en cuenta la industria o giro de negocio en el que se desempeñe.