Economía y Política

¿Cómo se enfrenta Israel a la ola ómicron?

Israel enfrenta pronósticos de dos a cuatro millones de casos, en una población de nueve millones de habitantes

Israel, que se enfrenta a una ola de COVID-19 debido a la muy contagiosa variante ómicron, ha decidido no confinar, ofrecer una cuarta dosis de vacuna y apelar a la “responsabilidad” de sus ciudadanos.

El Estado hebreo cerró sus fronteras tras el descubrimiento a fines de febrero del primer caso de ómicron. Pero volvió a abrirla el domingo, pese a que las autoridades afrontan un récord de contaminaciones en un país que fue uno de los primeros en vacunar masivamente.

La estrategia

En las primeras semanas el gobierno cerró las fronteras "para limitar la circulación del virus, y lo conseguimos durante un mes" según el profesor Cyrille Cohen de la universidad Bar Ilan.

Este período debía permitir a las autoridades prepararse a hacer frente a la ola, alentando a la población a vacunarse o administrarse una dosis de refuerzo.

Pero el gobierno no ha conseguido en este período “desarrollar una mejor capacidad de test” dice a la AFP este especialista en salud pública.

El número de casos aumenta, con pronósticos de dos a cuatro millones de casos en una población de 9 millones de habitantes.

El gobierno, estimando que el virus ya circula en el país y que mantener cerradas las fronteras no iba a cambiar nada -salvo penalizar la economía-, decidió volver a abrir esas fronteras a los turistas.

También las autoridades han limitado las medidas de confinamiento, mantenido abiertos bares y restaurantes para personas con pase vacunal y abandonado el rastreo de casos.

Hoy la estrategia es “transferir parte de la gestión del gobierno de la crisis a los ciudadanos” que tienen la responsabilidad de ir o no a ciertos sitios, de aislarse si es necesario o de someterse a test, explica Cohen.

Los riesgos

"Incluso si hubiera confinamiento tendríamos muchos casos, es lo que hemos visto en varios países: el confinamiento no impide la contaminación" subraya el epidemiólogo Hagai Levine, presidente de la Asociación israelí de especialistas en salud pública.

Para él, el principal riesgo es “político”. “A fuerza de cambiar las medidas, ello crea confusión y un sentimiento de que el gobierno no controla la situación, lo que es cierto, pues no es posible controlarla” frente a la variante ómicron, dice a la AFP.

El alza de las contaminaciones, a más de 37.000 diarias, casi el cuádruple respecto a los peores momentos de la crisis antes de ómicron, ha generado presión sobre el sistema y el personal sanitario

"Prevemos muchas contaminaciones en el sistema sanitario y en los sectores esenciales de la economía, y por eso vamos a estudiar con los expertos la posibilidad de acortar el período de aislamiento" de personas contaminadas pero sin síntomas, indicó el lunes Salman Zarka, jefe de la estrategia anticovid del gobierno.

Cuarta dosis

Desde diciembre de 2020, Israel fue uno de los primeros países en vacunar masivamente a su población, y luego de proponer a partir del verano boreal una nueva dosis.

Un 80% de los adultos del país tiene dos dosis, y poco más de la mitad se ha administrado tres dosis.

Pero como decae la eficacia de la vacuna al cabo de varios meses, el gobierno dio luz verde para una cuarta dosis para personas vulnerables.

"La 3ª dosis protege contra los casos graves y la muerte pero es menos eficaz contra la contaminación. Y todavía no está claro si la 4ª dosis aumenta la eficacia (de la vacuna)" asegura Levine.

Pese a primeros datos del hospital Sheba según los cuales se multiplican por cinco los anticuerpos para personas que recibieron recientemente la 4ª dosis, hay que esperar un tiempo para determinar su eficacia, según los expertos israelíes.