El sector agrícola de Costa Rica necesita prepararse para el próximo fenómeno de El Niño, el cual será particularmente fuerte.
Modificar los calendarios de siembra, reforzar los sistemas de riego, mejorar la infraestructura de drenajes y un mayor monitoreo de plagas forman parte de las principales medidas preventivas que ya implementan distintos actores del sector.
Este evento está previsto para el segundo semestre de este año y con probabilidades de extenderse hasta el 2027.
En el caso de la ganadería, la respuesta incluye reservas de forraje, suplementación alimenticia y estrategias para mejorar la sombra e hidratación del hato, ante el riesgo de temperaturas más altas y períodos prolongados de sequía.

Dirigentes de agrupaciones que representan a ganaderos, cafetaleros, productores de piña y bananeros aseguran que el objetivo es reducir el impacto sobre la producción agrícola y anticiparse a escenarios de déficit hídrico, calor extremo y alteraciones en los patrones de lluvia.
Pese a estas medidas, el sector mantiene preocupación por una eventual disminución en los rendimientos, tal como ha ocurrido durante anteriores episodios asociados a este fenómeno climático.
Las nuevas proyecciones del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estiman que El Niño tiene un 96% de probabilidad de mantenerse entre diciembre del 2026 y febrero del 2027.
Además, la entidad prevé un 82% de probabilidad de desarrollo entre mayo y julio de este año, según los datos divulgados el pasado 14 de mayo.
Estas proyecciones coinciden con las advertencias emitidas en abril por el Instituto Meteorológico Nacional (IMN), que anticipó un inicio irregular de la época lluviosa, con un retraso de al menos 15 días, así como una reducción en las precipitaciones en todo el país, con déficits estimados de entre un 10% y un 30%.
El reto económico y los sectores más vulnerables
La Cámara Nacional de Agricultura y Agroindustria (CNAA), presidida por Óscar Arias Moreira, considera que el impacto de El Niño no será uniforme entre las distintas actividades agropecuarias.
“La principal preocupación se concentra en la ganadería extensiva, especialmente en regiones como Guanacaste y el Pacífico Norte, donde una sequía prolongada podría reducir las pasturas, elevar el costo de alimentación animal y afectar la productividad”, destacó.
También, existe preocupación por cultivos como arroz, hortalizas de ciclo corto y café, sobre todo si los períodos secos coinciden con etapas críticas de siembra o floración.
A esto se suma el riesgo para actividades como la caña de azúcar y la palma aceitera, altamente dependientes de las precipitaciones.
La Cámara también advierte sobre posibles efectos económicos derivados de una menor producción agrícola.
Entre ellos figuran aumentos en precios de alimentos, menor empleo rural, caída en exportaciones y un mayor endeudamiento del sector para mantener las operaciones.

Incluso no se descarta que algunas empresas enfrenten cierres parciales o definitivos si las condiciones climáticas se intensifican.
La agrupación reconoce además que muchos pequeños y medianos productores enfrentan limitaciones financieras para implementar medidas de mitigación, lo que aumenta su vulnerabilidad ante un evento climático prolongado.
A nivel institucional, la presidenta Laura Fernández Delgado anunció el pasado 15 de mayo, durante la celebración del Día del Agricultor, la integración de una comisión especial en la Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias (CNE) para atender el fenómeno. Sin embargo, los lineamientos específicos aún no se han dado a conocer.
Al consultar al Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) se confirmó, mediante la oficina de prensa, que se trabaja en la estructuración de medidas y que serán anunciadas próximamente.
¿Qué impactos podría enfrentar Costa Rica?
- Déficit de lluvias de entre 10% y 30%.
- Temperaturas hasta 1 °C superiores al promedio.
- Menor disponibilidad de agua potable.
- Presión sobre embalses hidroeléctricos.
- Mayor riesgo de incendios forestales.
- Afectaciones en café, ganadería, arroz, caña y hortalizas.
- Posibles aumentos en precios de alimentos.
- Riesgos para las exportaciones agrícolas.
Cafetaleros anticipan una baja en la producción
Las primeras evaluaciones de la Cámara Nacional de Cafetaleros ya reflejan afectaciones derivadas del déficit de lluvias.
Según explicó Ricardo Seevers, directivo de la agrupación, lo que inicialmente apuntaba a una cosecha con un 100% de floración ahora podría ubicarse entre un 90% y un 95%.
“La entrada de El Niño coincidió con una etapa clave de floración y eso ya generó afectaciones parciales en algunas zonas”, indicó.
La principal preocupación del sector se concentra ahora en la etapa de llenado del grano, determinante para la calidad del café.

La falta de lluvias durante este período podría afectar la formación de la miel del grano, elemento clave para el cuerpo, la consistencia y la acidez del café costarricense. Esto podría traducirse en menores rendimientos y eventuales afectaciones en la calidad.
Las zonas con mayor exposición son la parte baja de Alajuela, el Valle Central, Occidente, Los Santos y Guanacaste, donde ya se observan condiciones más secas de lo habitual.
En contraste, regiones como Turrialba, la zona de influencia Atlántica, Zarcero y algunas zonas de Pérez Zeledón presentan condiciones más favorables debido a mayores lluvias.
Aunque el sector considera que todavía es temprano para medir el impacto total sobre la cosecha nacional, sí advierte que este episodio podría ser más fuerte que otros registrados anteriormente.
Sector bananero se prepara para exceso de lluvias
En el Caribe, el riesgo asociado a El Niño es distinto y está más relacionado con excesos de lluvia e inundaciones.
La Corporación Bananera Nacional (Corbana) advirtió que, en escenarios severos como los registrados en 1997 y 2015, podrían presentarse precipitaciones intensas en períodos cortos, afectando el crecimiento de las plantas, el peso de la fruta y la productividad de las fincas.
Según Erick Bolaños Céspedes, director de Asistencia Técnica de Corbana, las inundaciones podrían generar daños en raíces, plantas y racimos.
Además, el sector reconoce que una menor disponibilidad de fruta podría impactar las exportaciones y el cumplimiento de contratos internacionales.
Según Corbana, las afectaciones podrían manifestarse entre 12 y 24 semanas después de ocurrido el evento climático.
Ante este escenario, Corbana reforzó el mantenimiento de drenajes internos y superficiales, así como la construcción de diques, gaviones y otras obras de protección para reducir el riesgo de inundaciones.
El sector piñero también anticipa afectaciones derivadas de altas temperaturas, sequías y alteraciones en los patrones de lluvia.
Según Abel Chaves Trigueros, presidente de la Cámara Nacional de Productores y Exportadores de Piña (Canapep), las condiciones de estrés hídrico podrían afectar el crecimiento de las plantas, el peso de la fruta y los calibres destinados a exportación.

El sector además advierte que las altas temperaturas y la falta de luminosidad incrementan el estrés fisiológico de las plantas y obligan a reforzar el monitoreo técnico en campo.
Ante este panorama, las empresas han ajustado programas de nutrición, manejo de suelos, programación de siembras y cosechas, además de fortalecer prácticas de conservación de humedad y drenajes.
“El fenómeno obliga a reforzar una visión preventiva. No se trata únicamente de reaccionar cuando aparece la sequía o el calor extremo o las inundaciones en otros casos, sino de anticipar escenarios y proteger la continuidad productiva”, señaló Chaves.
En definitiva, la posible llegada de El Niño pondrá a prueba la capacidad de adaptación del sector agropecuario costarricense. Más allá de las medidas técnicas implementadas en las fincas, el reto también pasará por la rapidez con la que el país logre articular respuestas institucionales para reducir el impacto económico, productivo y social del fenómeno climático.
