Cuatro de cada diez trabajadores en Costa Rica desempeñan sus labores en la informalidad. Se trata de personas ocupadas cuyos puestos de trabajo carecen de cobertura de protección social y de otras garantías asociadas al empleo formal.
Al cierre del primer trimestre de 2026, la informalidad laboral alcanzó a 824.083 personas, equivalente al 38,2% de la población ocupada del país, de acuerdo con datos de la Encuesta Continua de Empleo (ECE) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Si bien el número absoluto de trabajadores en esta condición disminuyó respecto al primer trimestre de 2025, el indicador de informalidad mostró un incremento. La razón es que la población ocupada se contrajo en mayor medida, por lo que los trabajadores informales pasaron a tener un peso relativo más elevado dentro del mercado laboral costarricense.
Esta desconexión en los resultados del mercado laboral ocurre pese a que la economía costarricense aceleró su crecimiento durante 2025, al pasar de una expansión del PIB de 4,1% a 4,6%. Los datos sugieren que ese dinamismo no se traduce de manera uniforme en mejores oportunidades de empleo, lo que evidencia los desafíos que enfrenta el país para alcanzar un crecimiento más inclusivo.
Se trata de un fenómeno de crecimiento sin una generación de empleo formal que le corresponda.
Natalia Morales, investigadora del Programa Estado de la Nación, señaló que mejorar la infraestructura pública y fortalecer el sistema educativo son dos de los factores que podrían impulsar una senda de crecimiento más inclusiva. La observación cobra relevancia si se considera que buena parte de las personas ocupadas en la informalidad cuenta apenas con primaria completa.

La economía informal
A pesar de que la informalidad se concentra principalmente entre las personas con menor nivel educativo, también alcanza a trabajadores altamente calificados. De acuerdo con la ECE, un 11% de quienes laboran bajo esta modalidad posee título universitario.
“Por un lado tenemos a un grupo de personas que pueden elegir la informalidad y con esa decisión probablemente generan una pérdida al fisco. Mientras que en el otro extremo están las personas que no pueden elegir y no tienen otra manera de llevar el ingreso a sus hogares; si bien no están contribuyendo para una pensión a futuro, luego van a requerir de la ayuda estatal para poder valerse cuando no pueden trabajar”, explicó Luis Oviedo, economista de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Al primer trimestre de 2026, el 58% de las personas ocupadas en la informalidad se concentró en puestos de calificación media. Entre ellos figuran labores de apoyo administrativo, ventas y servicios personales, actividades agropecuarias, producción artesanal, construcción, mecánica, manufactura calificada y operación de maquinaria.
Las condiciones económicas de este grupo también reflejan importantes vulnerabilidades. Cuatro de cada diez trabajadores informales perciben menos de un salario mínimo mensual, fijado en ¢373.092. Adicionalmente, más de la mitad de los trabajadores informales se desempeñan de manera independiente.
Desde una perspectiva productiva, gran parte de quienes laboran en la informalidad obtiene ingresos que apenas alcanzan para cubrir necesidades básicas, lo que limita su capacidad de consumo, ahorro e inversión. En contraste, la inserción en empleos formales tiende a ofrecer mayores ingresos, estabilidad y posibilidades de gasto, factores que impulsan la actividad económica y fortalecen la recaudación fiscal.
De acuerdo con el Informe Estado de la Nación 2025, la informalidad desempeña un doble papel dentro del mercado laboral: funciona como una vía de inserción para quienes buscan trabajo y, al mismo tiempo, como un refugio frente a la falta de oportunidades de empleo.
Poco inclusivo
Los resultados laborales sugieren que el crecimiento económico registrado por Costa Rica durante 2025 tuvo un alcance limitado en términos de inclusión. Aunque la economía avanzó, una parte importante de la población continúa encontrando oportunidades principalmente fuera de la formalidad.
La reducción de personas ocupadas también incide sobre los indicadores tradicionales del mercado laboral. En el primer trimestre de 2026 la tasa de desempleo se ubicó en 7,2%, lo que representa una disminución de 0,6 puntos porcentuales respecto al mismo período de 2025. Sin embargo, la cantidad de personas ocupadas fue inferior en 58.023 individuos que la registrada un año atrás.
Pese a ello, la informalidad pasó de representar un 37,3% a un 38,2% de la población ocupada al comparar los primeros tres meses de 2025 con igual período de 2026.
“Visto en una perspectiva temporal más amplia, la volatilidad del empleo informal contrasta con una trayectoria inercial del empleo formal, la variable que sería deseable que experimentara un fuerte dinamismo. Esta tendencia no logra transformar de forma significativa la estructura del mercado laboral costarricense”, señala el informe Estado de la Nación 2025.
Morales agregó que las deficiencias en educación, infraestructura pública y conectividad continúan limitando las oportunidades laborales en distintas regiones del país, particularmente fuera de la Gran Área Metropolitana.
“Hay zonas rurales donde hay personas profesionales que no tienen acceso a empleo porque la zona cuenta con pocas condiciones para que una empresa se llegue a instalar, sobre todo una empresa mediana o grande que llegue a dar fuentes de trabajo de mejor calidad”, comentó Morales.
La informalidad continúa funcionando como una alternativa para miles de trabajadores, al tiempo que pone de manifiesto uno de los principales desafíos del país: convertir el crecimiento económico en oportunidades más amplias y de mejor calidad.
