En las últimas décadas, el paisaje de las exportaciones costarricenses sufrió una transformación que alteró el mapa económico de la región. Lo que inició como una economía volcada a los ciclos de las cosechas evolucionó hacia un engranaje de manufactura avanzada donde la precisión se mide en micras y el valor se genera en laboratorios de alta tecnología.
Este cambio de piel permitió que el país se distanciara de la vulnerabilidad que todavía castiga a gran parte de sus vecinos. Mientras la región lidia con la volatilidad de los precios internacionales de los granos o los minerales, el ecosistema nacional se integró en redes de suministro globales que exigen talento especializado y una infraestructura institucional robusta.
Esa capacidad para mutar hacia nichos de alta sofisticación no pasó inadvertida para los principales organismos financieros del mundo. La estructura productiva nacional hoy se analiza como un ejemplo de resiliencia, fundamentado en una estrategia de diversificación que pocos países de ingresos medios lograron ejecutar con éxito.
Los detalles técnicos de esta trayectoria se encuentran en el informe Perspectivas económicas de América Latina 2025: Impulsando y financiando la transformación productiva. Este documento se publicó oficialmente en este 2026 bajo el sello de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En la elaboración del estudio participaron la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y la Comisión Europea. La publicación permitió evaluar el estado de la complejidad económica regional y las proyecciones de financiamiento para el presente cuatrienio.
El análisis ubicó a Costa Rica en un grupo selecto que logró evadir la trampa de los recursos naturales. Según el organismo, el país alcanzó una madurez técnica que lo diferencia del promedio de las naciones que integran el istmo y el cono sur.
“Las economías ubicadas en las 60 principales del Índice de Complejidad Económica (Costa Rica, República Dominicana, México y Trinidad y Tobago) se clasifican como diversificadas con complejidad económica alta”, indicó el informe en su análisis sobre la especialización de mercados.
Esta clasificación responde a un proceso de inserción activa en cadenas globales de valor. La OCDE resaltó que el país no solo exporta bienes, sino que incorporó procesos de investigación y desarrollo que elevan el techo de su productividad nacional.
“Solo unas cuantas economías, en particular Costa Rica, República Dominicana y México, se han diversificado en sectores de media y alta tecnología”, precisó el documento conjunto de la OCDE y la Cepal al comparar el perfil exportador de la región.
El contraste con el resto de América Latina es marcado. El estudio advirtió que “la estructura económica de ALC (América Latina y el Caribe) sigue dependiendo en gran medida de las exportaciones primarias, lo cual limita las oportunidades de mejora y el aumento de la productividad”.
Costa Rica rompió ese patrón mediante una política de atracción de Inversión Extranjera Directa (IED). Esta estrategia facilitó que el país se alejara de la dependencia de “exportaciones primarias y de baja tecnología” que señala el informe como un freno para el desarrollo.
Para esto, la OCDE mencionó a la Promotora de Comercio Exterior (Procomer) como la principal responsable del modelo. “El organismo promotor de la inversión de Costa Rica, Procomer, ha sido la pieza estratégica para atraer IED en sectores como la MedTech (tecnología médica)”.
Pero, ¿por qué Costa Rica es atractiva para que las empresas inviertan? El informe destaca: “disponibilidad de talentos altamente cualificados, su gran capacidad de innovación, estabilidad política y económica, marcos regulatorios bien definidos, altos estándares de protección de propiedad intelectual y su ubicación geoestratégica, con fácil acceso a América del Norte y América del Sur”.
La transformación productiva que reconoció la OCDE exigió una movilización de recursos constante. El país demostró que el éxito en sectores de media y alta tecnología no dependió del azar, sino de una alineación con los estándares globales.
El informe también analizó el papel de la formación profesional en este proceso. El documento indicó que “los puestos que requieren competencias tecnológicas y digitales avanzadas son aún escasos” en la región, un campo donde el país logró sacar una ventaja competitiva.
A pesar de liderar el estándar regional, el estudio señaló que Costa Rica enfrenta el reto de profundizar la inclusión financiera. El acceso al capital es vital, pues según el informe, “los mercados financieros inclusivos pueden impulsar la productividad y la inversión estratégica para pequeñas y medianas empresas”.
La OCDE instó a los gobiernos a diseñar estrategias que permitan crear empleos formales. Bajo esta premisa, el modelo costarricense operó como la vanguardia hacia lo que la organización llamó la transición hacia “sistemas de producción resilientes e intensivos en conocimiento”.

La publicación destacó que la sostenibilidad fue otro factor de distinción. El país integró la protección ambiental en su marca productiva, facilitando alianzas internacionales.
El CAF y la Cepal coincidieron en la necesidad de nuevos enfoques. “Para avanzar hacia un modelo más productivo, más inclusivo y más verde, es preciso repensar en conjunto dichas prioridades: económicas, sociales y medioambientales”, cita el texto.
En esta línea, el estudio recalcó que “será necesario atraer IED para reducir la brecha de inversión y acelerar la transformación productiva”. Costa Rica logró precisamente este objetivo al posicionarse como un destino seguro para capitales de alto valor.
Costa Rica mira el resto del 2026 desde una posición de privilegio técnico. La consolidación de esta excepción económica dependió de la capacidad nacional para transformar el conocimiento en exportaciones competitivas.
