En Costa Rica, la productividad laboral y los salarios reales dejaron de caminar al mismo ritmo.
El estudio “En busca de una productividad inclusiva: Un análisis de la relación entre la productividad laboral, el empleo y los salarios reales en Costa Rica”, de la Academia de Centroamérica con base en datos de hasta 2022, muestra que desde 2019 la productividad laboral mantiene una trayectoria ascendente, mientras los salarios reales medianos se estancan o incluso retroceden en varios sectores.
No obstante, el panorama de fondo viene marcado por una brecha de género profunda, pues de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Costa Rica figura entre los países del bloque con menor empleo femenino y la diferencia entre la proporción de hombres y mujeres que tienen trabajo se sitúa por encima de los estándares del propio organismo.
A esto se suma que más de un millón de mujeres en edad de trabajar permanecen fuera de la fuerza laboral y que sus pensiones promedio resultan significativamente más bajas que las de los hombres, según su Informe de Brechas Financieras 2025.
Así las cosas, el divorcio entre productividad y salarios ensancha la desigualdad entre personas trabajadoras.
Las curvas se separan
El informe de la Academia describe que, durante buena parte de las últimas dos décadas, la productividad y las remuneraciones avanzaron de forma relativamente pareja. Sin embargo, después de 2020 se distorsionan: la productividad por trabajador continúa al alza, mientras el promedio de los salarios reales crece a un ritmo mucho menor.
Es decir, una parte del valor agregado generado por la economía no se traduce en mejoras proporcionales del salario, sino que se concentra en otras formas de ingreso o en grupos reducidos de trabajadores con mayor poder de negociación.
El estudio también advierte que esta brecha se ha vuelto casi generalizada, ya que antes de 2010 afectaba a menos de la mitad de las ramas productivas. Pero en el período más reciente, hasta 2022, casi todas las actividades presentan algún grado de desacople: desde la agricultura y la industria manufacturera hasta el comercio, el transporte, la salud y la educación.
Mujeres excluidas de la productividad
El problema se agrava cuando se mira quiénes están rezagadas y en condiciones de beneficiarse potencialmente de esa productividad, pero todavía no lo hacen: las mujeres.
Según la OCDE, a finales de 2024 había 1,16 millones de mujeres fuera de la fuerza de trabajo, frente a 665.000 hombres; además, el 26,5% de las mujeres mayores de 15 años no tenía ingresos propios, más del doble que los hombres (11,5%).
Esa fragilidad de partida implica que, cuando la productividad se desacopla de los salarios, muchas mujeres ni siquiera están en la línea de salida para disputar una porción de las ganancias de eficiencia, porque no logran insertarse de forma estable en el empleo formal.
Es decir, la población femenina está quedando fuera del mercado laboral remunerado mientras los sectores productivos se nutren, sobre todo, de perfiles masculinos y de condiciones laborales que dificultan la inserción de mujeres, muchas veces condicionada por obligaciones del hogar de las que se les responsabiliza más.
“Por eso se pone tanto énfasis en políticas de cuido infantil, jornadas escolares más extensas, servicios para adultos mayores y una distribución más equilibrada de las responsabilidades domésticas (...) hay mujeres con niveles educativos similares o incluso superiores a los de los hombres, pero que enfrentan mayores barreras para incorporarse plenamente al mercado laboral”, comentó al respecto Andrés Fernández, economista del Consejo de Promoción de la Competitividad (CPC).
Entre las actividades que más han empujado la productividad en los últimos años, la Academia identifica a empresas relacionadas con los sectores de información y comunicaciones, servicios financieros, profesionales y buena parte de la manufactura vinculada a zonas francas.
No obstante, afirma que en ellos pesan mucho los perfiles técnicos y de ingeniería, en su mayoría, áreas donde predominan los hombres.
Las diferencias de crecimiento entre productividad y salarios brindan un atisbo a realidades de fondo que condicionan los perfiles afectados: contar con una gran proporción mujeres fuera del mercado laboral, cada vez más lejos de la posibilidad de verse beneficiadas por una productividad que ya de por sí no se ve reflejada en mejores remuneraciones, termina por profundizar una desigualdad que viene desde mucho antes de que las curvas empezaran a separarse.

