En la economía del hogar costarricense, la conveniencia ha ganado una batalla histórica contra la tradición. Los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (Enigh) 2024 revelan una paradoja de consumo: mientras las familias recortaron drásticamente su compra de alimentos para cocinar en casa, aumentaron su gasto real en restaurantes y servicios de comida.
El dato es contundente y señala un cambio de época. El gasto promedio en “Alimentos y bebidas no alcohólicas” (la despensa básica) cayó un 21,1% en términos reales respecto a 2018. Sin embargo, en el mismo periodo, el gasto en “Restaurantes y servicios de alojamiento” creció un 6,8% real.
Esto significa que, ante la presión inflacionaria de los últimos años, el consumidor tico prefirió “poner a dieta” su alacena —comprando menos volumen o marcas más baratas— antes que renunciar a pedir comida preparada o salir a comer.
El efecto inflación y la huida a marcas privadas
Para entender la caída del 21% en el supermercado, hay que mirar el contexto de precios. Costa Rica atravesó un periodo de alta inflación alimentaria (que llegó a picos históricos cercanos al 20% interanual en 2022).
Este encarecimiento forzó a los hogares a modificar sus hábitos de compra. Según reportes de mercado de firmas como Kantar, el consumidor centroamericano ha migrado masivamente hacia marcas privadas (marcas de supermercado) y tiendas de descuento (discounters) para estirar el presupuesto. El dato del INEC confirma que, aunque se gaste dinero, el volumen y la calidad de lo que llega a la refrigeradora ha disminuido significativamente.

La era del “Dark Kitchen” y las Apps
¿Por qué creció entonces el rubro de restaurantes? La respuesta no está necesariamente en el aumento de cenas de lujo, sino en la masificación de la tecnología. Entre 2018 y 2024, el ecosistema de aplicaciones de delivery (Uber Eats, DiDi Food, PedidosYa) maduró completamente en el país, democratizando el acceso a comida preparada.
Datos recientes de la industria señalan que miles de comercios se han aliado a estas plataformas, impulsando un modelo de negocio donde la “cocina oculta” (dark kitchen) permite ofrecer menús a precios competitivos sin necesidad de un salón con meseros.
Para el hogar moderno, a menudo con dos proveedores de ingreso y poco tiempo libre (“pobreza de tiempo”), la conveniencia del delivery se ha convertido en un servicio esencial, casi al nivel de la electricidad o el internet, desplazando a la cocina tradicional de lunes a viernes.
Un cambio cultural irreversible
La brecha entre cocinar y pedir se está cerrando. El hecho de que el gasto en restaurantes haya resistido y crecido mientras la compra de arroz y frijoles caía sugiere que el valor percibido de “no cocinar” es más alto que el costo de los ingredientes.
Las familias están tercerizando su alimentación. Esto plantea un desafío brutal para los supermercados: su competencia ya no es solo la cadena rival, sino el app en el celular que promete una cena lista y caliente en 30 minutos sin ensuciar la cocina.
En resumen:
- El dato: El gasto real en supermercado cayó 21,1%; en restaurantes subió 6,8%.
- La causa: La inflación forzó a comprar menos comida para la casa (o de menor calidad).
- El ganador: Las apps de delivery capitalizaron la falta de tiempo de los hogares.
- La tendencia: Se prioriza la conveniencia inmediata sobre el ahorro a largo plazo en la alacena.
