Los estudiantes de colegios privados obtienen mejores resultados que los de centros públicos en Costa Rica. En las pruebas PISA 2025, la diferencia superó los 70 puntos en ciencias, matemática y lectura: una ventaja considerable que, sin embargo, oculta condiciones familiares distintas.
Más allá de la distinción socioeconómica que se suele relacionar con el pago de un colegio privado, algunos adolescentes crecen en hogares con decenas o cientos de libros y con familias que esperan que alcancen estudios universitarios, mientras que otros viven en entornos donde esos recursos escasean y las expectativas son menores. Esas diferencias también profundizan la brecha entre unos y otros.
Un análisis de EF con los microdatos de las pruebas PISA 2025 le muestra cómo se relacionan los diferentes puntos de partida de los estudiantes con sus resultados en las pruebas estandarizadas.
Más allá de colegios públicos o privados, la distinción es de recursos sociales, culturales y económicos.
Las pruebas PISA son un examen internacional que se realiza en estudiantes de 15 años para evaluar el grado en que han adquirido conocimientos y habilidades clave esenciales para la plena participación en la vida social y económica. Los dominios centrales de la prueba son matemáticas, lectura y ciencias.
Ventaja privada
Los resultados de PISA 2025 muestran una diferencia considerable entre el rendimiento de los estudiantes de colegios públicos y privados de Costa Rica.
La ventaja de los privados sobre los públicos alcanza los 75,3 puntos en ciencias, los 73,5 puntos en matemáticas y los 79,3 puntos en lectura.
Y la brecha no es exclusiva de las pruebas PISA.
Los estudiantes de centros privados también aventajaron con 87 y 81 puntos a los públicos en las pruebas de admisión a la Universidad de Costa Rica (UCR) y al Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC), según un reciente análisis de los resultados de 2025 realizado por EF.
Esas comparaciones, sin embargo, enfrentan a dos poblaciones estudiantiles muy distintas en su composición y en su tamaño. Los promedios generales no permiten determinar por sí solos cuánto de la diferencia responde a la enseñanza que reciben los alumnos y cuánto a las condiciones económicas, sociales y culturales previas, con las que llegan a las aulas.
Distintos hogares
La asistencia a los colegios privados en Costa Rica ya se relaciona con un nivel socioeconómico más elevado, según múltiples informes de entidades como la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). La tenencia de libros en casa y las expectativas de los padres sobre la trayectoria académica del alumno (que llegue o no a la universidad) son dos factores que la entidad mide al mismo tiempo que las pruebas PISA.
Los datos muestran que los adolescentes que provienen de hogares donde hay más libros y donde los padres esperan que se gradúen de la universidad suelen tener calificaciones más altas, independientemente de si se asiste a colegios públicos o privados.
Entre los alumnos de colegios públicos que declararon no tener ningún libro en casa, el promedio en ciencias fue de 386 puntos; en cambio, entre los que reportaron tener de 26 a 100 libros, la nota fue de 443 puntos: una diferencia de 57 unidades entre estudiantes del mismo sistema educativo estatal.
La distancia entre ambos grupos también fue considerable en matemáticas y lectura. En la primera asignatura pasaron de 356 a 399 puntos (44 puntos de distancia) y en la segunda, aumentaron de 376 a 434 (58 puntos).
Y lo mismo pasa en los colegios privados. Sus estudiantes sin libros promediaron notas de 432 puntos en ciencias frente a 509 puntos de quienes tenían entre 26 y 100 libros en casa: una separación de 77 puntos. En matemática, la diferencia fue de 59 unidades; mientras en lectura la distancia fue de 84.
Los datos no implican que acumular libros en casa produzca automáticamente mejores calificaciones. Sin embargo, la tenencia de libros en casa puede reflejar otras características del hogar, como sus recursos económicos, los hábitos de lectura, la formación educativa de los adultos que acompañan al joven o la disponibilidad de experiencias culturales más allá del centro educativo.
PISA también le pregunta a los estudiantes costarricenses cuál es el nivel educativo que esperan sus padres o sus encargados que alcancen, y en este campo también se repiten las brechas.
En los colegios públicos, los estudiantes que reportaron expectativas familiares de graduación universitaria obtuvieron 47 puntos adicionales en ciencias, 35 en matemáticas y 49 en lectura respecto a los que declararon expectativas inferiores. En los privados, la ventaja de los primeros sobre los segundos fue de 41, 34 y 37 puntos, respectivamente.
Tanto los datos sobre la tenencia de libros como los relativos a las expectativas académicas de los padres muestran relaciones evidentes. No se puede hablar sobre una causalidad directa sin más estudios, pero sí existe una correlación clara.
Diferentes colegios, diferentes familias
Las diferencias de rendimiento entre estudiantes de colegios públicos y privados deben interpretarse considerando que ambos sectores atienden a poblaciones con características económicas, sociales y culturales muy distintas.
El 67,1% de los estudiantes de colegios públicos declaró tener 10 o menos libros en casa, frente a solo un 30,4% de los estudiantes de colegios privados.
En tanto, un 44,5% de los estudiantes de colegios privados dijo que en su casa había más de 25 libros, mientras que esa proporción solo alcanzó el 13,9% en el sector público.
Algo similar pasa con las expectativas educativas.
Entre los estudiantes privados, hasta un 83,9% afirmó que sus padres o encargados esperan que alcancen estudios universitarios; mientras que en los colegios públicos ese indicador llegó al 72,1%.
Las diferencias no permiten conocer exactamente los ingresos de cada familia, pero sí permiten distinguir que tienen realidades relativamente distintas. En el sector privado no solo existe la capacidad de pago de matrículas y mensualidades, sino que además hay mayores proporciones de hogares con recursos culturales como los libros y con expectativas académicas más elevadas.
Bases y resultados
En conjunto, todos estos factores se relacionan entre sí y se traducen en resultados académicos muy distintos.
Los adolescentes que van a colegios públicos, no reportan libros en su casa y cuyos padres no tienen expectativas de que asistan a la universidad obtienen promedios hasta 56 puntos inferiores al promedio nacional en ciencias, 46 en matemática y 50 en lectura; mientras que los alumnos que van a centros privados, dicen tener más de 25 libros en casa y padres que esperan sus estudios de bachillerato obtienen notas 98, 86 y 102 puntos superiores en las mismas asignaturas.
Al mismo tiempo, los estudiantes de colegios públicos con mayor acceso a libros y con mayores expectativas de los padres incluso llegan a superar a los estudiantes de colegios privados en condiciones adversas.
Los estudiantes de centros públicos que dijeron tener más de 25 libros en casa y padres que esperan su graduación universitaria alcanzaron promedios de 455 en ciencias, 408 en matemática y 447 en lectura; es decir, hasta 60, 34 y 57 puntos más que los estudiantes de colegios privados que dijeron no tener libros en casa ni expectativas universitarias de los padres.
Esta última comparación debe interpretarse con cautela por el tamaño de la muestra. El grupo de estudiantes privados sin libros y con expectativas familiares bajas es sorprendentemente bajo. Estuvo compuesto por apenas 11 participantes debido a la diferencia de composición público-privada ya señalada.
Minorías privilegiadas
Los colegios privados obtienen notas más altas, en promedio, pero atienden a una población mucho más reducida y con una mayor concentración de estudiantes que reportan condiciones familiares favorables. Esa composición es importante para interpretar las diferencias de rendimiento.
Esa exclusividad se trasluce al analizar el tamaño de cada sector académico en la muestra general de las pruebas PISA 2025. En el examen participaron 6.881 estudiantes, de los cuales 924 eran privados: solo un 13,4%.
A nivel general, en todo el país, la matrícula privada de secundaria ni siquiera supera el 8,3%, según las cifras oficiales del Ministerio de Educación Pública (MEP).
En contraste, el sector público es mucho más amplio y variado, pues reúne a instituciones con características y resultados académicos muy diferentes. En él conviven grandes liceos diurnos y nocturnos con centros de alta inversión y desempeño académico como los colegios científicos y los humanísticos, que destacan por encima de cualquier otra modalidad pública o privada en las pruebas de admisión a las principales universidades del país.
Jennyfer León, investigadora del Programa Estado de la Nación (PEN) y coordinadora del Informe Estado de la Educación, considera que los colegios costarricenses “reproducen” desigualdades que ya existen en la sociedad. Los distintos tipos de colegios atienden a distintas poblaciones y, entonces, los diferentes puntos de partida se traducen en diferentes desarrollos y oportunidades académicas.

La compensación estatal
La capacidad del sistema educativo para compensar las desigualdades familiares también depende de los recursos y apoyos disponibles para los estudiantes y, en Costa Rica, esa discusión ocurre en medio de una reducción de la inversión pública educativa.
Según el informe Education at a Glance 2026, publicado por la OCDE, Costa Rica destina menos de la mitad del dinero por estudiante que invierten los países de la organización, en promedio, por estudiante. El dato se repite en secundaria inferior, secundaria superior y educación técnica.
La OCDE también documentó que el gasto gubernamental en educación como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) ha caído considerablemente hasta 2023, una tendencia que ha continuado y se ha profundizado.
Estas cifras no permiten atribuir directamente las diferencias de PISA a la inversión estatal ni a su reducción. Los resultados educativos dependen de múltiples factores; entre ellos, la organización de los centros, la calidad de la enseñanza, las características de los estudiantes y el uso efectivo de los recursos. Sin embargo, la disponibilidad de apoyos públicos resulta especialmente relevante para quienes llegan al sistema educativo con mayores desventajas.
Aun así, los rezagos de la educación costarricense van más allá de la inversión pública, explicó León. La investigadora recordó que, incluso los estudiantes de centros privados tienen rezagos de desempeño frente a las notas internacionales en PISA, que son aplicadas en mayor medida en países altamente desarrollados.
Más allá de eso, los datos de Costa Rica dibujan una brecha público-privada que se relaciona altamente con factores socioeconómicos y, en un país donde la inmensa mayoría de los adolescentes depende de la educación pública, el aporte del Estado resulta vital para compensar las desigualdades de base.
Para León, los recortes presupuestarios más recientes en materia de educación afectan especialmente a quienes dependen de becas, comedores, transporte y otros programas de apoyo para mantenerse dentro del sistema educativo. Otros gastos fijos como los salarios son más difíciles de modificar y entonces es común que se termine afectando “directamente y en mayor proporción a las poblaciones más vulnerables”.
El resultado es un sistema educativo que surge de las inequidades que ya existen fuera de las aulas y que las repite.
