Rodrigo Chaves dice estar dispuesto a esperar “12, 16 o 20 años” para “limpiar” Costa Rica, no quiere negociar sus principales planteamientos “por el fondo” y todavía aspira a que su movimiento consiga los 38 diputados que necesitaría para impulsar las grandes reformas institucionales que promete desde la administración anterior.
El expresidente expuso esas ideas en una reciente entrevista televisiva transmitida por canal 8, donde habló sobre su futuro político, la conflictiva relación que mantiene con otros actores políticos y las transformaciones que considera necesarias para el país.
Vistas en conjunto, sus declaraciones permiten delinear claramente el proyecto político que Chaves plantea para los próximos años: uno de largo plazo, poco dispuesto a ceder en sus principales ideas, que agrupa a buena parte de sus adversarios bajo una misma etiqueta y que sigue apostando por aumentar su poder electoral para gobernar sin concesiones.

Confrontación y largo plazo
Cuando a Chaves le preguntaron cómo piensa construir acuerdos durante los próximos cuatro años, en su papel de ministro de la Presidencia, el expresidente respondió que no le interesa negociar sus planteamientos “por el fondo” con las fuerzas políticas que adversa y que mira mucho más allá de cuatro años.
Descartó llegar a puntos medios “simplemente para que la gente que se incomoda con el ruido esté tranquila” y añadió que “si tiene la libertad financiera” le dedicará el resto de su vida “llevar al país a donde lo quiere ver”, sea “en el 2030, el 2034 o el 2038...″.
“Si limpiar este país (...) nos lleva 12, 16 o 20 años, yo me daré por servido”, subrayó.
Para Ronald Alfaro, politólogo e investigador del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), esas declaraciones muestran a un Rodrigo Chaves y a un chavismo que se proyectan a futuro y que “ratifican un determinado estilo” en la confrontación.
“Para mí la estrategia aquí parece que es tensar lo más que se pueda esas relaciones (con los demás actores políticos y administrativos del sistema) e incluso llevarlas hasta un punto de ruptura para justificar su existencia”.
Esa lógica de confrontación ya existía desde el cuatrienio anterior, pero ha seguido creciendo y se manifiesta de formas diferentes. En las últimas semanas, por ejemplo, el expresidente empezó a llamar “bloque obstruccionista comunista” a actores tan diversos como el Partido Liberación Nacional (PLN), el Frente Amplio (FA) y hasta el Poder Judicial, al que recientemente rebautizó como “Partido Poder Perjudicial”.
Esa enorme etiqueta que ahora usa para el resto de pesos y contrapesos le permite presentar cada disputa, por distinta que sea, como una parte de una misma confrontación. De un lado están entonces él y su movimiento político; mientras que, del otro, quedan todos los demás actores a los que acusa de ponerle freno a su gobierno.
38 diputados y un ‘nuevo país’
Durante sus cuatro años como presidente, Chaves fue claro en su deseo de transformar el Estado y algunas de sus instituciones más importantes. No detalló demasiado cómo querría cambiar el país, pero incluso llegó a mencionar la posibilidad de comandar una Asamblea Constituyente.
Para lograr esos grandes cambios, el chavismo emprendió otra consigna: la urgencia de conseguir 38, 40 o 45 diputados.
Antes de las elecciones de 2026, Chaves pidió reiteradamente una amplia mayoría para resolver los problemas “tan profundos” del país y, en enero de 2025, aseguró que eran necesarios para “cambiar el Poder Judicial”.
El chavismo finalmente no logró conseguir esos 40 diputados. Sin embargo, el expresidente no abandona la aspiración.
Justo después de defender su negativa a negociar “por el fondo” con la oposición, aseguró que tal vez dentro de unos años sí “nos den unos 38 (diputados)″, en alusión a ese número estratégico que le permitiría al chavismo gobernar sin depender de otros.
El chavismo no ha explicado en profundidad qué haría con 38 diputados, pero es sabido que ese número le permitiría cambiar la inmensa mayoría de las reglas en la Asamblea Legislativa, definir por cuenta propia los principales nombramientos institucionales e impulsar sin mayor oposición las leyes más complejas, como las reformas constitucionales.
La exdiputada y actual asesora de comunicación de la presidenta Laura Fernández, Pilar Cisneros, llegó a plantear cuestiones como “sacar” a la Sala Constitucional, el Ministerio Público y el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) del Poder Judicial; modificar el financiamiento de las universidades públicas; y realizar una “verdadera reforma del Estado” para crear un “nuevo país”. Otros diputados oficialistas, además, llegaron a plantear debates como la reelección consecutiva para el presidente o la presidenta de la República.
Cuando le preguntaron a Chaves directamente si su estrategia entonces consiste en esperar a las siguientes elecciones para conseguir 38 diputados, evitó atribuirse formalmente la estrategia electoral del movimiento que lleva su nombre. No obstante, reivindicó tener una “visión país de largo plazo” que no se queda solo en este cuatrienio.
Ese constante deseo de alcanzar 38 diputaciones es uno de los principales argumentos que usa la oposición para decir que el chavismo tiene tintes autoritarios. Una supermayoría de ese tamaño ampliaría considerablemente el margen de acción del oficialismo y le permitiría avanzar en sus objetivos sin tener que someterse a las negociaciones que desde ya desdeña.
Para Alfaro, sin embargo, la aspiración de conseguir 38 puede terminar convirtiéndose en una especie de “fantasía” para el chavismo.
La realidad es que consiguió 31 diputaciones después de barrer en las elecciones de febrero pasado: una mayoría suficiente para aprobar buena parte de la legislación ordinaria, pero insuficiente de aplicar por sí solo las grandes transformaciones constitucionales e institucionales que pretende.
Alfaro también recuerda que nunca antes un gobierno logró más de 33 sillas en el Congreso desde la fundación de la Segunda República. Ni siquiera el PLN de Luis Alberto Monge, que consiguió triunfar con casi el 60% de los votos presidenciales.
Para alcanzar un apoyo todavía mayor, el chavismo tendría que aumentar aún más sus niveles de respaldo popular y lograrlo a pesar de que las expectativas de la población seguramente crecieron, al permitirle una victoria en primera ronda con más del 48% de los votos válidos.
Avisos de intenciones
A pesar de que el chavismo todavía no tiene los votos suficientes para aprobar las grandes transformaciones que pretende, el oficialismo ya empezó a presentar algunas en proyectos de ley.
Los proyectos no parecen tener viabilidad política por el momento, pero son una declaración de intenciones.
Dos de las iniciativas más polémicas las colocó en corriente legislativa la diputada Marta Esquivel, expresidenta de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y exmagistrada en el Poder Judicial.
Una plantea quitarle la elección del fiscal general a la Corte Suprema de Justicia y trasladársela a la Asamblea Legislativa; mientras que la otra propone dejarle al Congreso la responsabilidad de seleccionar y nombrar a todos los magistrados suplentes del Poder Judicial sin que intervenga ese poder de la República.
Las dos reformas aparecen después de cuatro años en los que Chaves y sus principales aliados atizaron un conflicto con las principales autoridades judiciales, encargadas de resolver recursos en contra del Gobierno y de llevar adelante investigaciones en contra de sus integrantes.
Ese contexto también explica por qué múltiples actores del Poder Judicial dicen ver actitudes autoritarias por parte de Chaves y su movimiento en el Gobierno.
El fiscal general, Carlo Díaz, dice percibir un “proyecto político” que pretende tomar “el control de todas las instituciones”, y señaló a Chaves como su principal protagonista, en una reciente entrevista con la cadena CNN.
Chaves rechaza que quiera ser “magistrado”, “dictador” o “controlar todos los poderes de la República”; sin embargo, figuras como el magistrado constitucional y expresidente de la Corte, Fernando Cruz, aseguran que el chavismo ha asumido una posición de “mucho autoritarismo”.
En una conversación con el Semanario Universidad, cuestionó que el Gobierno se ha tomado libertades como “regañar” a los jueces o referirse a ellos como una especie de “subalternos”, desde una perspectiva según la cual “todo tiene que ser como Chaves quiere”.

Otro gobierno, mientras tanto
A pesar de que Chaves habla de 12, 16 o 20 años, su proyecto de largo plazo enfrenta una dificultad inmediata: el chavismo ya no solo intenta mantenerse vigente, sino que ya va a acumular ocho años de gobierno cuando termine la administración de Laura Fernández.
Eso obliga al oficialismo a moverse con dos relojes diferentes al mismo tiempo.
Si bien puede pensar en 2030, 2034, 2038, como dijo Chaves; también debe responder por el gobierno en curso, que no recibió 38 diputados, pero sí 31, por parte de una población que urge mejoras en su día a día.
“Por un lado, al chavismo le toca ser gobierno y ahí tiene que entregar algo”, explicó Alfaro, “aunque por otra parte pueda seguir implementando su estrategia para ganar más apoyo”.
“Ya no podrían decir que ‘no los dejaron gobernar’ porque tienen mayoría”, añadió.
Una mayoría de 31 legisladores le permite al Gobierno aprobar numerosos proyectos, presupuestos y decisiones legislativas, aunque no pueda modificar a su gusto la Constitución Política o aprobar proyectos que incidan en el funcionamiento de otros Poderes de la República. No tienen rienda suelta para impulsar todo lo que deseen, pero sí tienen la mayor representación de cualquier partido en el Congreso desde los años 1990.
La altísima confrontación y el bajo ánimo negociador del chavismo pueden sumergir a Costa Rica en una dinámica “muy tóxica”, según Alfaro. Desde su óptica, la estrategia de no negociar puede llevar al país a un bloqueo, donde cada parte pueda culparse, pero sin llegar a soluciones concretas.
La misma presidenta Fernández reconoció en su Cadena Nacional de este 9 de agosto que existe “tensión” entre Poderes y llamó al diálogo institucional, después de semanas en las que recrudeció el tono del Ejecutivo con el Poder Judicial y hasta se desarrollaron manifestaciones en defensa de la democracia y el equilibrio institucional.
Chaves, sin embargo, expuso una visión de menor apertura y dijo en su entrevista que puede esperar para ver al país donde él cree que “se merece”.
“Yo viví en Asia muchos años y tuve muchísimo contacto con la mentalidad asiática y china”, le contó a los periodistas que le preguntaban sobre la complejidad de los acuerdos en el corto plazo. “La vida es un suspiro, pero el tiempo continúa”, remarcó.
