Por: AFP .   1 noviembre
Trabajadores de la industria automovilística atacan a General Motors el 16 de octubre de 2019 en Lordstown, Ohio. Donald Trump obtuvo inesperadamente un apoyo significativo en 2016 en este estado. Fotografía: AFP.
Trabajadores de la industria automovilística atacan a General Motors el 16 de octubre de 2019 en Lordstown, Ohio. Donald Trump obtuvo inesperadamente un apoyo significativo en 2016 en este estado. Fotografía: AFP.

En Lordstown, Ohio, en plena cuenca industrial estadounidense, donde el presidente Donald Trump obtuvo inesperadamente un apoyo significativo en 2016, algunos votantes se preguntan por qué la “mayor economía en la historia de Estados Unidos” los ha olvidado.

Los obreros de General Motors hicieron más de un mes de huelga aquí, en piquetes con carteles y acurrucados junto a braseros improvisados.

A fines de octubre llegaron a un acuerdo, pero la planta de ensamblaje, donde GM fabricaba los Chevrolet, sigue inactiva. Unos 1.600 puestos de trabajo se perdieron en esta localidad de 3.500 habitantes.

"No pedimos ser millonarios, pero tampoco pobres. Queremos vivir nuestras vidas de clase media. De eso se trata esta lucha", dice un exobrero de la planta, Joey, quien no quiso dar su apellido.

Trump llegó a la Casa Blanca hace tres años prometiendo restaurar la "grandeza" de la clase media trabajadora de Estados Unidos.

En el condado de Trumbull, el antiguo bastión demócrata donde se encuentra Lordstown, el magnate ganó en 2016, el primer republicano que lo conseguía en más de 40 años.

Pero a un año de las presidenciales de 2020, cuando Trump buscará la reelección, algunos de los que lo apoyaron sienten desazón.

"Es la primera vez que voté a un republicano y probablemente no volveré a hacerlo", dice Sam, otro trabajador automotor despedido.

Larry, quien se jubiló después de 50 años de trabajar para GM y apoyó la huelga, dijo sentirse “muy decepcionado y traicionado” por Trump.

“No puedo apoyarlo porque cuando nuestra planta cerró, no hizo lo que dijo que haría de imponer aranceles a los vehículos extranjeros”, señaló. “No obtendrá votos en esta área”, aseguró.

El sueño americano, “un circo”
Mike Yakim reza con su esposa Sara y su sobrina, Haley, antes de la cena el 16 de octubre de 2019, en Lordstown, Ohio. Al igual que otros 700 trabajadores en Lordstown, Yakim acordó ser transferido a otra fábrica para mantener su trabajo. Ahora vivirá en Lansing, Michigan, a cuatro horas en automóvil desde su casa. Fotografía: AFP.
Mike Yakim reza con su esposa Sara y su sobrina, Haley, antes de la cena el 16 de octubre de 2019, en Lordstown, Ohio. Al igual que otros 700 trabajadores en Lordstown, Yakim acordó ser transferido a otra fábrica para mantener su trabajo. Ahora vivirá en Lansing, Michigan, a cuatro horas en automóvil desde su casa. Fotografía: AFP.

Mike Yakim, quien se dice conservador, no decidió su voto para 2020. Pero aún le gusta lo que Trump está diciendo.

"Cuando salió por primera vez dijo que estaría ahí para el trabajador estadounidense", afirma Yakim. "Y le creímos. De hecho, todavía le creo".

Al igual que otros 700 trabajadores en Lordstown, Yakim acordó ser transferido a otra fábrica para mantener su empleo. Ahora vivirá en Lansing, Michigan, a cuatro horas en automóvil desde su casa. Su familia permanecerá en Ohio.

Esta es la tercera vez que Yakim trabaja en una fábrica que cerró. No trata de ocultar su amargura.

“Nos perdimos muchas cosas para mantener un empleo y perseguir el sueño americano, que es trabajar para una empresa, con suerte permanecer allí durante 30 años y jubilarte”, declaró en su casa.

"Ahora, ya sabes, el sueño americano es como un circo. Las empresas se deslocalizan y te vas".

En 2017, en un mitin en la cercana localidad de Youngstown, Trump prometió que volvería a generar empleo en la región. "No se muden, no vendan su casa", pidió.

Durante su mandato, el desempleo cayó a un mínimo de 50 años en setiembre. “¡La mejor economía de la historia de Estados Unidos!”, tuiteó el presidente el miércoles 30 de octubre.

Pero la industria manufacturera, en recesión, no participa en ese dinamismo. Desde 2000, el sector se está reduciendo en Estados Unidos. Ohio perdió 3.500 fábricas entre 2001 y 2011. Hoy en ese estado, la tasa de empleo en el rubro industrial todavía está 10 puntos por debajo del nivel anterior a la crisis.

El alcalde de Lordstown, Arno Hill, expresa su frustración por no poder contrarrestar la tendencia: "En el noreste de Ohio, cada vez que la economía va mal, nuestra economía empeora un poco más y no sé por qué, y cuando la economía se recupera, nunca volvemos a estar donde estábamos antes".

Nuevas oportunidades

Hill, exobrero de una fábrica, está tratando de atraer nuevos empleadores.

TJX, propietaria de marcas como TJ Maxx y Marshalls, está construyendo un centro de distribución a solo unos metros de la planta de GM, pero habrá menos empleos y con salarios más bajos.

La planta de GM es probable que se venda a un fabricante de vehículos eléctricos. En mayo, Trump festejó el anuncio en Twitter.

"¡GRANDES NOTICIAS PARA OHIO! (...) Con el regreso de todas las compañías automotrices y mucho más, ¡ESTADOS UNIDOS ESTÁ EN AUGE!", escribió.

Pero los nuevos empleados seguramente no tendrán los mismos beneficios que en GM, ni el salario de 31 dólares por hora.

Para el anti-Trump convencido, el multimillonario de Nueva York mintió al prometer recuperar la industria estadounidense, entre ellas la del carbón.

Sonny Morgan, un obrero jubilado de GM, se lamenta: "No vendrá ninguna fábrica de acero. Es solo una mentira que nos han dicho".

Estado clave para quien quiera ganar la Casa Blanca en 2020, Ohio está en la mira de los demócratas que quieren recuperar los condados del llamado "Cinturón de Óxido".

Los candidatos están tratando de seducir al proponer políticas industriales, dice Todd Belt, profesor de ciencias políticas en la Universidad George Washington.

Y recuerda: “Hay un viejo dicho: ‘Quien gana Ohio, gana el país’”.