La mayor parte de los precios que más bajaron durante el gobierno de Rodrigo Chaves no cayó por decisiones del Ejecutivo, sino por dos fuerzas externas: el desplome de los precios internacionales del petróleo tras la pandemia y un colón excepcionalmente fuerte frente al dólar.
La caída en los precios internacionales del petróleo empujó a la baja los precios de los combustibles que se importan en Costa Rica y de otros insumos como los tiquetes aéreos; mientras que la caída de un 30% en el tipo de cambio abarató productos importados o que se consumen en moneda extranjera dentro del país.
Ambos factores, además, habían experimentado tendencias muy distintas entre inicios de 2021 e inicios de 2022, cuando el cierre de la pandemia abrió paso a una crisis inflacionaria relacionada con demandas crecientes y cadenas productivas dislocadas.
Estos fueron los 25 productos y servicios que más bajaron de precio desde mayo de 2022, según las mediciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC).
Lo que más bajó
Cuando se definen los 25 productos y servicios que más bajaron de precio durante la administración Chaves, el patrón es difícil de ignorar.
En la lista predominan combustibles, bienes importados y productos sensibles al tipo de cambio.
La situación es todavía más clara al observar los 13 grandes grupos que componen el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
Solo cuatro muestran reducciones relevantes en los últimos cuatro años: transporte cayó un 20,8%; vestimenta y el calzado, un 7,9%; información y comunicación, un 4,9%; y muebles y artículos para la vivienda, otro 1,3%.
Detrás de buena parte de esas bajas están factores fuera del control directo de cualquier gobierno. El mercado petrolero responde a dinámicas de oferta y demanda internacionales; mientras que el tipo de cambio se mueve por condiciones del mercado local, aunque el Ejecutivo solo puede influir de forma indirecta a partir de sus necesidades y sus ingresos de divisas.
Las atribuibles al gobierno
Sí hubo, sin embargo, algunas excepciones asociadas a decisiones del Poder Ejecutivo.
La más notoria fue la revisión técnica vehicular.
En junio de 2022, el gobierno decidió no prorrogar el contrato de la empresa que administraba el servicio, con la apuesta de abrir paso a un operador más eficiente y barato. Ese cambio provocó la mayor caída de precios entre los casi 300 bienes y servicios que monitorea el INEC.
El costo de la revisión —aunque apenas representa unos pocos miles de colones anuales y solo afecta a quienes poseen un vehículo— cayó casi un 60%, según los datos oficiales.
Otro caso singular fue el del aguacate.
La administración levantó las restricciones a la importación de aguacate Hass desde México y otros mercados regionales, tras un largo litigio en la Organización Mundial del Comercio (OMC), que recién había concluido a finales de la anterior administración.
Aunque un tribunal anuló luego esa resolución por problemas en su fundamentación, el efecto en los precios del mercado fue visible: el aguacate registró la décimo tercera caída de precio más pronunciada desde mayo de 2022 hasta marzo de 2026, cercana al 30%.
Otros productos como el arroz y los medicamentos, que el gobierno calificó como insignias en su lucha contra el costo de la vida, mostraron comportamientos diferentes.
El arroz cayó de precio al cierre del cuatrienio; sin embargo, osciló al alza y la baja muy influenciado por los precios internacionales (tras la reducción de aranceles para promover su importación); en cambio, la gran mayoría de medicamentos experimentaron crecimientos de más de un 5%.

Impacto diferenciado
Entre mayo de 2022 y marzo de 2026, los precios bajaron un 0,77%, según las mediciones del INEC.
Pero esa cifra tiene matices.
Por un lado, las reducciones más significativas se concentraron en bienes y servicios que no pesan igual en el consumo de todos los hogares, como el transporte, los electrónicos o la vestimenta.
El economista Fernando Rodríguez, académico de la Universidad Nacional (UNA) y ex viceministro de Hacienda, ejemplificó esa diferencia con casos como los boletos aéreos o los automóviles nuevos. Según recordó, “realmente es una minoría de los costarricenses la que viaja internacionalmente” e “incluso el número de personas que compran carro es solo una parte de toda la población”.
Por otro lado, varias rebajas —incluso cuando fueron grandes— apenas compensaron aumentos previos entre 2021 y 2022, luego de la pandemia.
Eso mismo pasa con los boletos aéreos, cuyo precio había subido un 27,6% entre 2021 y 2022, según el INEC; y en el último año solo retrocedieron.
Eso ayuda a explicar por qué una inflación baja o incluso caídas puntuales de precios no necesariamente se traducen en la percepción de que vivir cuesta menos.
Según Luis Vargas, del Programa Estado de la Nación (PEN), allí aparece una “brecha importante” entre percepción y estadísticas, tomando en cuenta que no todas las personas consumen lo mismo, en las mismas cantidades, ni con la misma capacidad de pagarlo.
Por eso, aunque algunos precios bajaron, la promesa del gobierno de “bajar el costo de la vida” no necesariamente se sintió igual en todos los hogares.
